por Roger Rodriguez (Notas) el domingo, 2 de junio de 2013

PUBLICADO EN CARAS&CARETAS EL VIERNES 31 DE MAYO DE 2013

LOS PAPELES ORDENADOS POR AMODIO EN LA OCOA

Testigo de cargo contra Armando Méndez

En la serie de cartas que hizo públicas, el reaparecido ex tupamaro Héctor Amodio Pérez confiesa haber colaborado con la Oficina Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA) y termina por comprometer a su mentor, el mayor Armando Méndez, en la represión que la OCOA y el Servicio de Información y Defensa (SID) realizaron hasta fines de 1974. En ese período, 29 ciudadanos uruguayos fueron asesinados o desaparecidos por el terrorismo de Estado.

TEXTO: ROGER RODRÍGUEZ / rogerrodriguez@adinet.com.uy

Las seis cartas y el cuestionario que Héctor Amodio Pérez ha difundido en el matutino El Observador durante las últimas semanas han sido presentados como un eslabón desconocido de las historias íntimas del grupo guerrillero en sus últimos días de acción antes de su derrota en noviembre de 1972, pero pocos han apuntado a los datos que el ex tupamaro aporta para esclarecer nuevos aspectos de la represión que los militares realizaron a partir de entonces.

Luego de su primera carta, en la que argumenta su traición al movimiento guerrillero y las razones por las que colabora en el ordenamiento de documentos de la OCOA, Amodio Pérez ha escrito varios textos en los que intenta desacreditar la importancia de su colaboración a esa oficina y llega a afirmar que ni la OCOA ni el SID lograron coordinar operaciones militares.

En sus cinco últimos textos, Amodio Pérez –quien confiesa haber vivido desde 1966 en una clandestinidad que le llevó a fingir profesiones (“médico, ingeniero, maestro, cura, pastor metodista y otros etcéteras”, dice) y realizado estudios de sociología y psicología– intenta demostrar todo lo contrario a lo que investigadores, historiadores, jueces y fiscales uruguayos han demostrado sobre la OCOA y el SID.

Sin embargo, todas sus anotaciones y explicaciones terminan por comprometer particularmente al mayor Armando Méndez quien, a partir del ordenamiento que Amodio Pérez y su compañera, Alicia Rey, hicieron de “los papeles” de la OCOA pasaría a transformarse en uno de los más importantes represores de la dictadura uruguaya. Las cartas de Amodio son una prueba de cargo contra el militar transformado hoy en un exitoso empresario.

LA “SUERTE” DEL FLORIDA

En la historia de Amodio, después del 14 de abril de 1972 “la lucha contra el MLN quedó en manos de las FFAA y éstas, primero de forma aislada y a partir del 18 de mayo de 1972 de forma generalizada, instauró la tortura en el interior de los cuarteles y sus efectos se hicieron notar de inmediato”, en particular porque a fines de abril había caído el tupamaro Alberto Píriz Budes, quien hizo un acuerdo con el coronel Ramón Trabal, jefe de Inteligencia Militar.

En ese escenario es que Amodio Pérez dice ser detenido y afirma que tuvo “la suerte” de ser llevado al Batallón Florida, donde el jefe del S2 era el capitán Carlos Calcagno, quien era familiar de una tía suya, a quien le habría prometido protegerlo si era capturado. Amodio dice que intentó suicidarse ingiriendo “un tubo completo de Valium 10” y cuando despertó en la enfermería conoció al entonces teniente segundo Méndez.

Caras y Caretas

El hombre invisible: uno de los peores represores de la dictadura compro-metido por las cartas de Amodio Pérez.

Amodio dice que luego de dos días en la enfermería se recuperó del “coma” y Armando Méndez le mostró carpetas con las confesiones de Píriz Budes a Trabal y con información que en la tortura habían obtenido de otros detenidos. Méndez le propuso colaborar. Calcagno lo conectó con Adolfo Wassen Alaniz (muerto en prisión en 1984) y entre ambos (otra versión dice que Wassen fue inyectado con pentotal) entregaron el local de la Cárcel del Pueblo.

El reaparecido Amodio cuenta que el teniente coronel Carlos Legnani empezó a pedirle asesoramiento y que finalmente, para salvar a su compañera Alicia Rey (alias Mercedes), quien estaba detenida en la Jefatura de Policía, aceptó trabajar para Méndez quien, pese a su grado, “en la práctica” dirigía la OCOA, del que dependía la Policía.

LOS PAPELES DEL OCOA

Alicia Rey fue trasladada al Batallón Florida, donde se formalizó la colaboración. “Dirigiéndome a Méndez le dije: si hay acuerdo conmigo pongo como condición que la incluya a ella. ¿A cambio de qué?, preguntó Mercedes. Que me ordenen los papeles, contestó Méndez señalando la mesa donde estaban las carpetas con las declaraciones de Píriz Budes. Ésos y los que tengo en la OCOA. Nos miramos con Mercedes y le dijimos que sí”, admite Amodio.

Pérez y Rey ordenaron los papeles de la OCOA durante varias semanas. Analizaban los datos obtenidos en la tortura, y habrían llegado a alertar al propio Méndez de una eventual trampa para secuestrarlo por parte de sus ex compañeros tupamaros. Llegaron a escribir un libro que intentaron imprimir por intermedio del periodista Federico Fasano, quien terminó denunciando públicamente la situación.

Luego de enviar la primera carta, Amodio ha intentado quitarle relevancia a la OCOA y su incidencia en la represión. En una respuesta a quince preguntas que el diario El Observador le hizo por escrito, Amodio describe al Ejército como unidades caóticas y descoordinadas: “El Estado Mayor de entonces había creado una repartición, la OCOA, pero sin dotarla de medios ni personal capacitado. [Armando] Méndez, en esos momentos teniente segundo, era el único oficial que valoraba la importancia de la coordinación entre las unidades”.

Y para oscurecer más, Amodio aclara: “En 1972, la OCOA era un número de teléfono atendido por un soldado que a gatas sabía escribir y que anotaba en unos cuadernos los datos que le llegaban de las reparticiones militares de todo el país […] El que se dio cuenta de que ese funcionamiento había que cambiarlo fue Méndez, quien creyó que nosotros seríamos capaces de descifrar el galimatías que significaba el aluvión de datos que llegaba a diario”.


Amodio y Alicia Rey ordenaron los papeles de la OCOA, que en dos años coordinó la muerte de 29 uruguayos.

EL AFORTUNADO ARMANDITO

Armando Méndez Cabán, nacido el 1° de octubre de 1949, ingresó al Ejército (Infantería) el 1° de marzo de 1965 y en febrero de 1968 realizó el Special Cadet Course que dictaba el Departamento de Estado estadounidense en la Escuela de las Américas, en Panamá. Junto con él egresaron Manuel Cardeillac, Juan Delpino, Walter Díaz Tito, Hebert Figoli, Jorge Pajarito Silveira y Carlos Silva Valiente. Todos ellos aplicarían luego los conocimientos adquiridos.

Armando era hijo del general de infantería Juan J. Méndez, quien en 1949, siendo teniente, también había hecho un curso (Infantry Weapons) en la por entonces menos temible SOA. Jotajota Méndez –por ser “el de la derecha”– se convirtió en vocero del grupo de coroneles golpistas que el 8 de febrero de 1973, en la Región Militar N° 1, exigieron a los generales “que hicieran algo”. Y terminaron dando el golpe de Estado.

Papá Méndez tuvo aspiraciones de ser comandante en jefe, pero no consiguió el apoyo de sus colegas. Jotajota sólo logró ser el “Jefe de Plana Mayor” de la primera comisión del Batallón Simbólico de Infantería que los militares crearon en abril de 1987: un grupo encabezado por los tenientes generales Julio Vadora, Luis Queirolo y Boscán Hontou, que sesionó en el cuartel de los Treinta y Tres (Dante 2020), donde en democracia se orquestaron diversas conspiraciones.

Armandito era “inteligente”, más que sus camaradas de la “promoción 68”. Lo describen “pintún”, “entrador”, “agradable” y como un “buen partido” para las casaderas del gremio (“boteras” de entonces, antecesoras de las “botineras” de hoy). También era afortunado: en diciembre de 1970 ganó en la rifa del Hospital Pereira Rossell una estancia de mil cuadras cerca de Montevideo, que le dieron una “autonomía financiera” inusual en los jóvenes oficiales.

El joven Armando Méndez al ganar la rifa del Hospital Pereira Rossell, en 1970. Imagen del diario El Día, hoy Colección Caruso del archivo de El País.

ARMÁNDOLE LA REPRESIÓN

El joven Méndez había llegado al Batallón Florida desde el Estado Mayor del Ejército y en 1972 ya integraba el servicio de inteligencia (S2) junto con los capitanes Carlos Calcagno, Luis Iván Aguirregaray y Tabaré Camacho, y los tenientes Alberto Grignoli y Sergio Coubarrère. Con los papeles de la OCOA ordenados por Amodio y Alicia, el Batallón de Infantería N° 1 se transformó en un principal centro de operaciones represivas antes y durante la dictadura.

La cooperación de Amodio Pérez marcó la carrera de Armando Méndez, quien en poco tiempo se transformó en un favorito de Trabal, que había puesto en marcha el SID. Méndez pasó a coordinar allí con Menotti Ortiz del Puerto, con quien perfeccionaría los sistemas de ‘interrogatorios’ (mecánica del submarino y presencia de familiares en la tortura). Ambos están en la lista de denunciados por abuso sexual.

Desde el 27 de junio de 1972, cuando en el Batallón Florida se produjo el homicidio por torturas de Juan Rosendo Fachinelli, Méndez se mantuvo como uno de los cerebros de la OCOA que –a partir de la ayuda de Amodio– fue con el SID responsable de decenas de muertes y desapariciones dentro y fuera del país. En 1975, luego de la muerte de Trabal en París, Méndez fue trasladado a la cárcel de mujeres, donde también habría demostrado su ingenio para crear sistemas de control represivo.

Mientras Méndez estuvo en la OCOA se produjeron las muertes de Roberto Gomensoro, Ramón Peré, Walter Medina, Walter Arteche, Gerardo Alter y Gilberto Coghlan (1973), Wilfredo Busconi, Aldo Perrini, José Arpino Vega, Laura Raggio, Diana Maidanik, Silvia Reyes, Eduardo Pérez Silveira, Nibia Sabalsagaray, Guillermo Jabif, Daniel Banfi, Luis Latrónica, Washington Barrios, Iván Morales, Natalio Dergan, Olivar Sena, Floreal García, Mirtha Hernández, Graciela Stefanell, Héctor Brum, Mariela Corbo, Raúl Feldman y Luis Eduardo González (1974).

Uno de los volantes con los que Plenaria Memoria y Justicia convocaba al escrache de Armando Méndez, el 8 de noviembre de 2007.

LA MOTO DE BARRIOS

Aparentemente, uno de los operativos represivos que se habrían desprendido del trabajo de Héctor Amodio Pérez en el ordenamiento de los papeles de la OCOA es el de la captura y desaparición de Washington Barrios, de quien se sospechaba que desde su trabajo en Aliscafos Belt era una de las líneas de ingreso y egreso de personas y dinero tupamaros.

En su búsqueda fue que se produjo el sangriento allanamiento de una casa de Aires Puros donde fueron asesinadas Silvia Reyes (esposa de Barrios) y sus amigas Diana Maidanik y Laura Raggio, todas menores de veinte años. El operativo realizado el 21 de abril de 1974 fue comandado por Juan Rebollo y en él también mataron al policía Dorval Márquez.

Washington Barrios fue finalmente detenido en Córdoba el 17 de setiembre de 1974. La familia de Barrios recibió la visita de los militares Armando Méndez y José Nino Gavazzo con “noticias” de Washington. El 11 de octubre de 1974 lo llevaron a declarar a un juzgado de La Plata. No volvió a Córdoba. Dijeron que se fugó, pero se cree que habría sido traído a Uruguay.

En una de las visitas, Méndez devolvió a su familia la moto de Washington Barrios que habían robado. Fue el único bien recuperado luego del saqueo realizado en la casa luego de la masacre de abril. Sin embargo, nada de eso recordó el militar al ser interrogado por el juez penal de 19° Turno, Luis Charles. Las cuatro muertes siguen impunes.

ADUANA Y SEGURIDAD

En 1977, como capitán, Armando Méndez ingresa a la Compañía de Contra Informaciones del Ejército, donde en junio participa en la muerte por torturas del sindicalista Humberto Pascaretta, obrero de la papelera Cicssa, de capitales estadounidenses. El ex soldado Hugo Walter García Rivas lo acusa en su libro Memorias de un ex torturador. El caso habría sido “un favor a la embajada”. Méndez logró, poco tiempo después, buenos contactos en Estados Unidos y hasta una franquicia de la empresa de seguridad Wackenhut.


En 1977 mató en la tortura al sindicalista Humberto Pascaretta y consiguió una franquicia de la empresa de seguridad norteamericana Wackenhut.

En 1980, como mayor, pasó a la Comisión Administradora de Abastecimientos (CADA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Un año después, pasó a dirigir el Instituto Nacional de Carnes y en el CADA quedó su amigo Menotti Ortiz. La dirección general de secretaría del MGAP quedó en manos del coronel Francisco Silveira, quien había sido subdirector de Trabal en el SID. Méndez terminó enfrentado con el dictador Gregorio Álvarez en 1982, cuando el negociado del Plan Conserva.

Pasó entonces a retiro e inició un consorcio de empresas de seguridad con la Wackenhut. Menotti Ortiz, también retirado con el grado de mayor, creó la agencia Real, a la que luego se integró buena parte de los represores de la dictadura. Un dirigente político recuerda que en la sede de Wackenhut Uruguay, en la calle Divina Comedia, Méndez le explicó la tarea de realizar el soporte de datos de los bancos. “Estas manos estarán tintas en sangre, pero jamás robaran un peso”, le dijo.

Fue ascendido a teniente coronel por el Parlamento elector el 1° de febrero de 1986 y al asumir en 1990, el presidente blanco Luis Alberto Lacalle lo designó director nacional de Aduanas. Su gestión fue mediática, hasta que abrió varios frentes de batalla: decomisó mercadería que ingresaba la esposa del vicepresidente Gonzalo Aguirre, denunció como delincuentes a miembros de una lista nacionalista y se enfrentó a un importante empresario importador de alcoholes. Terminó renunciando al cargo político.

A partir de entonces ha crecido como referente del consorcio Armando Méndez y Asociados, en el que integra empresas de seguridad y limpieza que han obtenido contratos con varias oficinas del Estado. El grupo está hoy integrado por Afilcar SA (instalaciones de alarmas), Compu Seguridad (respaldo de datos en medios magnéticos) y ADA SA (apoyo al Banco de Seguros del Estado). Tiene conexiones con Selectrón, Empresa de Limpieza M y M Servicios, ADT, Bracol Nilecor SA, A1 Security (A1 Ingenieros Ltd.), Alarmas R3 Seguridad Electrónica Maragata, Ba.Gar Seguridad, Máxima Seguridad, Grupo Roli y Servysegur.