Quiero compartir con los lectores que, mucho antes de leer a Marx o Lenin, tal vez simultáneamente con la victoria de la Revolución Cubana, tal vez uno o dos años después, cayó en mis manos como regalo de mi madre, uno de los libros que más he querido en mi vida: “Las aventuras de Dick Turpin” de William Harrison Ainsworth.

Luego pasó todo lo que pasó, la vinculación al MLN, escapar de la dictadura hacia el exilio en Suecia y el libro, entre muchos otros, regalado nuevamente por mi madre a quién sabe quién. Al volver a Uruguay me dispuse a recuperar o recomponer poco a poco la que había sido mi biblioteca, ahora enriquecida por los clásicos suecos, de los cuales tal vez les cuente en otro momento.

Tras meses de búsqueda, he encontrado nuevamente aquel libro entre los libros usados. Una edición hecha en Argentina y terminada de imprimir el 15 de junio de 1948, menos de un mes después que yo naciera.

Dice el libro en la introducción: “(…) Fuera de la ley y perseguido con saña, Dick Turpin dio comienzo a su vida aventurera, jurando guerra a muerte a los tiranos y opresores. Sus mejores amigos los encontró entre la gente humilde, entre los desamparados, a quienes ayuda a su vez con el producto de sus asaltos.

Solo al principio, lucha denodadamente contra la policía, asalta correos y sillas de posta, despoja a los ricos terratenientes que oprimen despóticamente a sus arrendatarios y reparte entre los menesterosos las riquezas que hurta a los explotadores del pueblo.(…)”

Según se puede leer en Wikipedia, el novelista inglés William Harrison Ainsworth alcanzó su primer éxito como escritor romántico con la novela Rookwood en 1834, en la que Dick Turpin es el personaje principal, al igual que en una serie de televisión inglesa (1979-1982), donde se mostraban sus habilidades para la lucha, en pos de ayudar a quienes lo necesitaren, junto a su compañero Nick Smith (“Swiftnick”).

Harrison escribió basado en la historia de Richard Turpin, que nació el 21 de septiembre de 1706. Tomado prisionero, supuestamente tras una acusación injusta,  logró fugarse y se convirtió en salteador de caminos. Lo apodaron entonces Dick. Durante un tiempo formó parte de una célebre banda que actuaba en el bosque de Eppingl. Posteriormente empezó a asaltar carruajes con un solo compañero y su figura pronto adquirió perfiles legendarios. Cometió infinidad de asaltos y varios homicidios.

El final de la historia real era previsible. No importa. El personaje fue sin dudas, un ejemplo a imitar por muchísimos jóvenes.

Carlos Medina Viglielm – Editor

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