Se celebró en el día de ayer en la Plaza Cuba de la ciudad de Montevideo, el acto de homenaje a José Martí, en el 160 aniversario de su nacimiento. Al acto asistieron integrantes de la delegación diplomática cubana en Uruguay, encabezada por la embajadora Carmen Cilia Pérez Masón, integrantes de la “Brigada médica cubana” que se desempeña en el Hospital de Ojos José Martí, miembros del cuerpo diplomático, integrantes de la Asociación de Cubanos Residentes en Uruguay (ACRU), integrantes de organizaciones de solidaridad con Cuba como la coordinadora de Apoyo a la Revolución y la Comisión por Los Cinco, así con representantes de la Casa de la Cultura y Amistad Uruguay Cuba y público en general.

Durante el acto se colocaron 3 ofrendas florales a nombre de las organizaciones convocantes en el busto de José Martí que hay en plaza Cuba. Además, acompañaron otras organizaciones sociales y de solidaridad que junto a miembros de la comunidad cubana residentes en Uruguay, se sienten discípulos del Maestro.

También tuvieron la palabra miembros de la Casa de la Cultura y la Amistad Uruguay-Cuba, y la Asociación de Cubanos Residentes en Uruguay, quienes destacaron junto a la Embajadora la necesidad de poner en libertad a los Cinco Héroes, prisioneros en Estados Unidos y poner fin al injusto bloqueo contra Cuba.

Acto similar tuvo lugar en la Casa de la Cultura de la ciudad de Minas, capital del departamento de Lavalleja.

A continuación el texto del mensaje de la Casa de la cultura y Amistad Uruguay Cuba.

La Casa de la cultura y Amistad Uruguay Cuba, quiere recordar a su héroe y saludar al pueblo cubano en el día de hoy.

Ir al pasado para conservar la memoria y la identidad en el plano social e individual, pero sin olvidar la historia presente, pues esa es la única forma posible para diseñar el futuro.

Palabras estas de Pedro Pablo Rodríguez, en el Encuentro Nacional de Museos, realizado en la casa natal de José Martí en estos días, por el aniversario del héroe.

Y hoy, a 160 años del nacimiento del héroe cubano José Martí, vamos a centrar su papel inigualable dentro de la Conferencia Monetaria Internacional, que se celebró en 1891.

A principios de ese año, el gobierno del Dr. Manuel Herrera y Obes, resuelve nombrar a José Martí Delegado a la Conferencia Monetaria Internacional. Ya venía ejerciendo desde abril de 1888, el cargo de Cónsul de nuestra república y también nombrado por Argentina y Paraguay.

Se le otorgó la venia de nuestro gobierno no solo “para intervenir armonizando sus ideas con la mayoría de los representantes de los Estados Sudamericanos, sin mencionar a EE.UU., así como para suscribir acuerdos y protocolos consiguientes, ad referéndum del gobierno uruguayo”. La resolución le confiere confianza y amplios poderes, lo que le da comodidad para su trabajo.

Martí tenía muy claro el papel que comenzaba a jugar la política norteamericana en el tema monetario, tratando de desplazar la influencia británica de América. Esa posición no difería de la de nuestro gobierno, y le permitió llevar cómodamente su representación sin contradecir sus propias ideas. Martí, al decir de Benedetti, tenía una posición contraria a la sustentada por el secretario de Estado norteamericano, James Blaine, a quien aquel ya criticaba acerbadamente en los artículos escritos para La Nación de Buenos Aires, en ocasión de la primera Conferencia Panamericana meses antes, convocada por el Sr. Blaine, quien desarrollaba con respecto a América Latina, la Doctrina Monroe y el Panamericanismo.

Tal era de gravitante la opinión de Martí, y su crítica a la posición anexionista de EE.UU. platicada largamente a través de sus artículos de prensa y su participación en diferentes foros, que le fue impedido participar en la primera sección de la conferencia, pues el Dpto, de Estado no le entrega su acreditación.

Para Benedetti, “Martí  obró como un político avezado, buscando los caminos indirectos para alcanzar su meta. No quiere decir esto que a Martí no le interesara la cuestión monetaria, o que se haya sacrificado en la empresa los intereses gubernamentales de Uruguay, cuya representatividad ostentaba.”

Sino que, el Sr. Blaine, quien con mayor énfasis propendía dentro de la política norteamericana, con la posición anexionista, era quien gravitaba dentro de su partido con la posibilidad a candidato presidencial y que ejerció en la Conferencia Monetaria un papel de presión desde su posición de Secretario de Estado hacia las posiciones de los delegados de la América Latina.

Allí es donde resalta Martí como el genial estratega. Cuando informa al ministro de Relaciones Exteriores, expresa que ha actuado “en acuerdo estricto con las instrucciones del superior gobierno y con lo que imponen a un observador vigilantes de los intereses patentes de nuestros países latinoamericanos”, Sin embargo, ha logrado mucho más.

Por eso Paul Estrade cuando dice que el papel desempeñado por Martí en la Conferencia Monetaria, “sin traicionar sus convicciones ni sus obligaciones, pudo ser a la vez, en la suave oposición a las maniobras imperialistas norteamericanas, el patriota cubano antiyanqui y el diplomático uruguayo probritánico”.

Y es que su permanente atención a todos los tópicos y temas, por más nimios que parezcan, y de hacer prevalecer una opinión diferente a la de EE.UU. dentro de la Conferencia. Ese arduo trabajo significó a la postre que se conformara una corriente unificada de opinión dentro del grupo latinoamericano, y el que fuera designado uno entre los cinco redactores del Documento Final, dan la pauta de sus desvelos.

Podemos escuchar las posteriores palabras de Martí en su retórica particularísima, liberado de las ataduras de los documentos expresando:

“…Que en los EE.UU. prepondere hoy, siquiera, aquel elemento más humano y viril, aunque siempre egoísta y conquistador, de los colonos rebeldes, ya segundones de la nobleza, ya burguesía puritana, sino que este factor que consumió la raza nativa, fomentó y vivió de la esclavitud de otra raza y redujo o robó planes vecinos, se ha acendrado, en vez de suavizarse, con el injerto continuo de la muchedumbre europea, cría tiránica del despotismo político y religioso, cuya única cualidad común es el apetito acumulado de ejercer sobre los demás la autoridad que se ejerció sobre ellos.

Creen en la necesidad, en el derecho bárbaro, como único derecho. ‘Esto será nuestro porque lo necesitamos’. Creen en la superioridad incontrastable de la ‘raza anglosajona contra la raza latina.’ Creen en la bajeza de la raza negra que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india que exterminan.”

Y otra aseveración, que sintetiza de modo ejemplar su actitud como Delegado: “Si algún oficio tiene la familia de repúblicas de América, no es ir de arria de una de ellas contra las repúblicas futuras.

Y cuando se pospone indefinidamente la Conferencia, es celebrado por Martí, porque es la derrota de Blaine. Se lo manifiesta a Gonzalo de Quesada de la siguiente forma:

“Libre el campo, al fin libre, y mejor dispuesto que nunca, para preparar, si queremos, la revolución, ordenada en Cuba, y con los brazos afuera.”

Por último citamos a Benedetti:

“Dos rasgos en esta actuación de Martí como Delegado de Uruguay:

1)      La cuestión monetaria fue, en última instancia, un pretexto que le sirvió para expresar su antiimperialismo y

2)      Lo más importante de la intervención en la Conferencia es que contribuyera grandemente a evitar que las repúblicas latinoamericanas se prestaran con mansedumbre a servir de comparsa al nuevo imperialismo.”