Una viuda negra en el centro de la telaraña.

por Carlos Medina Viglielm

En medio de las festividades de carnaval, -las fuerzas impopulares siempre han obrado así en todas partes-, Uruguay fue sacudido hasta los cimientos por el traslado de lo penal a lo civil de una jueza, Mariana Mota, ocupada en gran cantidad de casos (más de 50), de violaciones de Derechos Humanos en la última dictadura cívico-militar (1973-1985).

La indignación que provocó el traslado, cuyas causas aún no han sido explicadas por la llamada Suprema Corte de Justicia, fue generalizado. Protestaron Familiares de Detenidos Desaparecidos, la central única obrera, el PIT-CNT, la Federación de Estudiantes Universitarios FEUU, diversos legisladores y el propio ministro de Relaciones Exteriores Luis Almagro, quien deberá dar las explicaciones del caso a la Corte Interamericana de Justicia, frente a la cual Uruguay se comprometió, justamente a avanzar en las investigaciones de casos como el de María Claudia Irureta Goyena de Gelman, la nuera (asesinada y desaparecida), del poeta argentino Juan Gelman.

El cantautor Daniel Viglietti, que asistió junto a más de mil manifestantes en apoyo a la Jueza Mariana Mota ante a la sede de la SCJ en el centro de Montevideo el día viernes 15 de febrero pasado, dijo, refiriéndose a la resolución de la Suprema Corte, que se había dado un “mini golpe de Estado”.

Aparentemente desconectado con este hecho, aunque también coincidiendo con las festividades de carnaval, se inauguró dentro de un predio militar, una barraca equipada supuestamente con artículos  a utilizar en ocasión de catástrofes (colchones, frazadas, etc.), donados por el Comando Sur de los Estados Unidos de Norteamérica.

En la inauguración de la barraca, estuvieron entre otros la embajadora del Imperio, Julissa Reynoso, haciendo entrega de la donación y el prosecretario de la Presidencia de la República Diego Cánepa. El prosecretario de la presidencia, conocido por su vervorragia, dijo lo que se esperaba que dijera para quedar bien con tirios y troyanos. Lo que dijo la embajadora yanki en cambio, fue una verdadera revelación pues, no fue algo que dijera en un “discurso oficial”, sino algo que “se le escapó”, y que fue captado por el oído atento de un periodista: “Nosotros -Estados Unidos y Uruguay-, somos socios y cómplices”.

Por lo general los anteriores embajadores norteamericanos demostraron interesarse muy poco en cuanto al conocimiento del idioma español. Se comunicaban pero, hablaban con ese desagradable e indisimulable acento imperial. Julissa Reynosso en cambio, domina el idioma casi a la perfección. Siendo de origen dominicano optó por el idioma inglés pero, podría decirse que su pronunciación carece de acento sajón. Casi sin dudas, el español fue para ella, el primer idioma. Tendría que conocer, por tanto, el significado de la palabra “cómplice” y más, representando a la nación más poderosa de la tierra. ¿O habrá sido algo premeditado? Porque la palabra “cómplice” en español salvo en el poema de Benedetti, implica delito.

¿A qué delito o delitos cometidos en complicidad se referiría la Reynosso?

Habrá quienes le quiten importancia a lo dicho por la embajadora. Habrá quienes (ilusos, ingenuos o estúpidos), sostengan que no hubo intención.

Por mi parte no creo que haya nada, cuando se trata de un embajador del Imperio, que no tenga intención. Julissa Reynoso no llegó como embajadora porque el Uruguay es un país pequeño perdido en el mapa. A Reynoso se le adjudicó la embajada del “principal aliado” del Imperio en el Cono Sur americano; se le adjudicó la embajada en el, según León Paneta, el ministro de Defensa norteamericano (léase ministro de Colonias), el país que es “aliado estratégico” del Imperio.

No vino al Uruguay un embajador con pocos conocimientos del idioma que se habla en el lugar, sino que además, vino una mujer y afrodescendiente, para usar un término de moda, cosas ambas que despiertan simpatías y gestos de solidaridad. Todo ello conforma el “perfil” más adecuado para el puesto de representante imperial, en lo que se debe estar considerando en estos días por el Departamento de Estado norteamericano, como la “misión” más importante de Sudamérica.

Julissa, contra lo que han hecho embajadores anteriores, con poco o ningún éxito en cuanto al contacto con el medio, se ha lanzado -a pesar de su baja estatura-, a una verdadera conquista de esta “cabeza de playa” en el Río de la Plata.

Por un lado ha mediado, al menos protocolarmente, en la llegada a Montevideo de los “mensajeros” militares como León Paneta, que fuera recibido por el ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, pero también la de los integrantes del cuerpo de asalto de los Marines (los Seals), con su armamento y todo, para “entrenar” a marinos uruguayos.

Y por otro lado, -¡Julissa va de prisa!-, invitó a confraternizar a una serie de conocidos artistas uruguayos, entre los que se encontraron Ruben Rada, Hugo Fatorusso y Fernando Cabrera. Al menos, esos son los que aceptaron.

Pero la “movida” estaba lejos de terminar.

El propio gobierno de los Estados Unidos y la “Justicia” de ese país, han aprobado y permitido, las prácticas del secuestro de personas en diversos lugares del mundo, para ser encarceladas sin juicio en alguna de las cárceles clandestinas con que, gracias a sus “aliados”, cuentan en varios países y en el tristemente célebre campo de concentración y torturas de Guantánamo, lugar que Estados Unidos de Norteamérica ocupa ilegalmente desde hace más de 100 años en territorio cubano. El Imperio cuenta además con aliados como los fascistas españoles, hoy en el gobierno de ese país, de los cuales obtienen el permiso de circulación en el espacio aéreo, para el traslado ilegal de prisioneros. También el Imperio procede a asesinar directa y selectivamente en cualquier parte del mundo y sin mayores trámites, a aquellos que considere como “potenciales enemigos”, o “enemigos declarados”.

Entonces la Suprema Corte de Justicia de Uruguay, anuncia la inconstitucionalidad de la Ley interpretativa de la llamada Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, y con ello el archivo de todos los casos pendientes de investigación, instaurando nuevamente en el país una vergonzosa impunidad. Es posible incluso, que algunos de los delincuentes que fueron procesados y metidos en prisión, recobren su libertad gracias a ello. El larguísimo y tortuoso camino hacia la justicia, impulsado en primer lugar por los Familiares de Detenidos Desaparecidos, ha sido nuevamente clausurado.

Oscuras fuerzas se han aliado para ello: aquellos desde la derecha, que temen que los inculpados les acusen como autores intelectuales de sus crímenes y que por otra parte necesitan a los criminales en el “banco de la reserva” para en caso necesario volverlos a utilizar y los que desde supuestas posiciones de izquierda, en base al respeto de pactos inconfesables, le han puesto palos a la rueda de la justicia, como sabotear el referéndum por la anulación de la Ley de Impunidad (de Caducidad).

¿Qué mejor para las ya buenas “relaciones estratégicas” con el Imperio, que una garantía de impunidad? Garantía de impunidad anunciada triunfalmente (¡qué casualidad!) por el principal gestor de la impunidad de los criminales de la dictadura en Uruguay como es el que tantas veces obstruyó la justicia, el que seguramente fue uno de los redactores de la Ley de Impunidad, el ex Ministro de cultura de la dictadura y ex presidente, Julio María Sanguinetti.

No es todo esto una serie de casualidades. Esta triste y complicada maraña de hechos, apunta en una dirección bien clara: una mayor sumisión al Imperio. Debemos recordar ahora la “amistad” con el Imperio y en particular con George Bush que anunció hace un tiempo (para sorpresa de los uruguayos y del Continente), el ex presidente Tabaré Vazquez, y su ya no muy disimulada intención de presentarse como candidato para las próximas elecciones. En su recordatorio a Reynaldo Gargano, recientemente fallecido, Vázquez se fue de recordar a Gargano, principal responsable de la NO firma de un TLC con Estados Unidos, a ponderar a la embajadora yanki. Parece una enredada maraña pero no lo es. Es más bien una telaraña. Y en el centro de la misma no hay una arañita simpática: hay una viuda negra.