Aurelio González: un hombre que jamás bajó su cámara fotográfica ni sus ideales

La República – Montevideo – Para alguien nacido en Marruecos, que llegó a América de polizón a los 22 años, que aprendió su oficio de fotógrafo de casualidad, que se asentó en Uruguay donde se convirtió en “un militante con una cámara fotográfica colgada del cuello” –como se autodefine- y que le dio a ese país el mayor archivo fotográfico de los días del Golpe de Estado, que recuperó tres décadas después de esconderlo, en condiciones más que azarosas, seguramente nada es imposible. Ni siquiera asumir que su historia, es ahora, de las más entrañables en el recuerdo cuarenta años después.

urelio González, jefe de fotógrafos del diario El Popular, por los días de la dictadura recopiló en “Fui testigo, una historia en imágenes”, el sentir pleno del pueblo por aquellos días en que la tormenta comenzaba a arreciar. Pero en sus propias palabras las horas previas al Golpe de Estado las llevará en su retina y en su lente, hasta la eternidad.

“Yo soy fotógrafo y se me planteaba: bueno si ocupo no voy a poder registrar lo que realmente está ocurriendo en las calles, en la fábricas. La primera foto que yo saqué cuando el golpe, es en la estación de ómnibus. Se ve a la gente con la frazada por arriba, hacia un frío terrible”.

Recuerda que la estación de trolleys de AMDET en el Buceo estaba ocupada por los trabajadores y allá se fue a ver lo que pasaba

“Yo fui a sacar las fotos de lo que ocurría en  la estación Buceo y me encontré con gente muy angustiada. Aparte de que estaba muerto de frío, había mucha preocupación. Los que había allí eran padres de familia, o sea, las familias allá, y la gente ocupando del otro lado. La gente no quería fotos, tampoco le importaba que se las sacara. Lo que querían, era saber lo que estaba ocurriendo. Entonces me subieron arriba de pretil de una ventana y me preguntaron: ¿Qué está ocurriendo en Montevideo?. Yo me di cuenta que les tenía que dar ánimo. Que les tenía que decir que la gente resistía, que las fàbricas estaban ocupadas, porque sabía que era así, que la gente iba a responder al llamado de la CNT si había golpe de Estado”.

Remarca que su condición no era quizás la de todos los fotógrafos. “Como fotógrafo de prensa era fotógrafo, pero también era un militante: nunca deje de ser las dos cosas. Yo era un fotógrafo más bien de calle, de batalla y alguna vez hasta sacaba alguna foto linda”, se divierte.

“El fotógrafo por regla general tiene que ir donde están los hechos: yo lo tenía muy claro. La historia estaba pasando en decenas, en centenares de fabricas. Tu agarrabas la calle Veracierto, eran todas fábricas textiles ocupadas por centenares de  trabajadores y trabajadoras, entonces la cosa era registrar esos hechos. Todo eso hubo que hacerlo a escondidas, sobre todo afuera, porque te estabas jugando -no la vida, pero si que te sacaran el rollo que tiene mucha importancia- yo siempre lo entendí así, la importancia que tiene la foto y no rifarla: había que actuar muy rápidamente y escabullirse”, recordará muchos años después, ya cuando el documental “A las cinco en punto” lo convirtió en una cara conocida para todos a los que se había asombrado con sus fotos y reconocían en el a un historiador de primera mano.

Cuando trabajadores y estudiantes estuvieron “Unidos y Adelante”

Descripción: http://www.lr21.com.uy/wp-content/uploads/2013/06/aurelio-gonzalez-ch.jpg

Aurelio González

“Yo te digo: me siento un privilegiado” confiesa por haber visto “nacer un montón de cosas que no existían en este país”, refiriendo al Uruguay de los años 50´. Describre la decadencia y la caída, y la lucha empecinada contra un capitalismo salvaje que esperaba a la vuelta de la esquina.

“Acá el papel preponderante lo tuvieron los trabajadores y su mejor aliado fueron los estudiantes, porque en aquellos momentos difíciles se encontró el lenguaje de la unidad. Y nació lo que hoy dia se llama PIT-CNT, pero que nació como Convención Nacional de Trabajadores. Y tras cartón nacía el Frente Amplio, donde este Uruguay empezó a cambiar”.

Afirma que resulta casi imposible comparar el país de los 60´ con el actual. “Es que fueron años muy duros. Para aquellos que trabajamos en prensa opositora al sistema, teníamos una persecusión constante. Pero no así nomás: una persecución a garrote vil porque por el mero hecho de llevar una máquina colgada te miraban con malos ojos y como en este pequeño país todos nos conocemos, todos estábamos muy marcados. No solamente yo; todos mis compañeros estaban muy marcados , y nos hacían la vida imposible. Y había que ingeniárselas y tener la voluntad política de hacer y de registrar los hechos. No puedo usar la palabra sufrir: yo sinceramente en los momentos más duros… yo no sufría. Era una especie de militancia consciente, casi con alegría. Nuestra actividad tenía un sentido reflejar esas cosas diarias, mostrar lo que los otros no mostraban. Era un deleite cuando había cosas muy duras”.

Rememora con emoción que “en el momento del Golpe de Estado se nos complicó más todavía, pero había que registrar los hechos, lo que pasó lo que estaba pasando y nos encontró en esa trinchera al lado de la gente: esa trinchera nos protege. Muchas veces se dice: el ser de izquierda te cierra puertas. Es verdad: pero te abre otras, te abre otras también. Y eso es importante, nunca nos sentimos solos, siempre nos sentimos rodeados y protegidos por la gente”.

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