Pilar Urbano, autora de 'La gran desmemoria' // LAURA LEÓN

Pilar Urbano, autora de ‘La gran desmemoria’ // LAURA LEÓN

Andaluces.es – Un general, Alfonso Armada, para presidir un Gobierno de concentración contra la deriva de Adolfo Suárez y el descontento del estamento militar y el sector económico. Es lo que, según Pilar Urbano (Valencia, 1940), se planeaba en el país antes del golpe de estado del 23F. Y lo que, a propuesta del CESID, alentaba el rey. La autora disecciona en La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el rey prefiere no recordar (Planeta) una historia alternativa de la transición española que ha escocido en la Casa Real, que calificó el libro de “pura ficción imposible de creer”.

No es el único frente: la obra, que salió a la venta menos de quince días después de la muerte del expresidente Adolfo Suárez, tampoco ha gustado a algunos de sus protagonistas: Rafael Arias Salgado, Jaime Lamo de Espinosa o Rodolfo Martín Villa, todos ministros en los gobiernos de Suárez, firmaron un comunicado junto al hijo del expresidente, Adolfo Suárez Illana, en el que tachaban el libro de típico relato “novelado-libelo”. Hablamos sobre su contenido y su forma con la autora, en una acelerada entrevista que acabó a las puertas del taxi que la llevaría hasta su siguiente entrevista.

Antes del golpe de estado del 23F, se produce un duro enfrentamiento entre Adolfo Suárez y el rey en la Zarzuela. Según cuenta en el libro, el monarca le llega a decir que “uno de los dos sobra en este país”. ¿Cómo se llega a esa situación?

Desde el año 79, en el que Suárez sale elegido en las urnas por segunda vez, con una mayoría no arrasante pero absoluta, y ya no es un hombre designado por el rey, empieza a volar solo. Le dice claramente al rey: tengo que proteger al rey del rey mismo y tengo que enseñarle a ser rey. Esto es muy fuerte. Y aquí el que gobierna soy yo, el rey reina. Empieza a haber distonías, incoincidencias, que no tendría por qué haberlas, el rey no tendría por qué entrar en temas de gobierno, pero sigue queriendo dirigir la política exterior. Y también, de alguna manera, amainar las furias de la política militar, defensiva. Se producen ciertos puenteos: el rey recibe a generales que braman, los apacienta pero no los cuadra, no los pone en su sitio. Les hace creer que Suárez lo está haciendo mal, les admite las críticas al Gobierno y a Suárez. Los otros salen de ahí convencidos de que Suárez sobra. Suárez no quiere OTAN, el rey sí. Suárez no quiere a Armada aquí, el rey quiere a Armada. Suárez no quiere que el rey no vaya al País Vasco, porque no es el momento.

Suárez está muy cuestionado en ese momento.

Está con muchos problemas internos, muchos, está muy contestado exteriormente, también por la prensa, los obispos, todos los sectores, la banca… La economía no tira, hay un paro fuerte, hay un muerto cada semana. Hay crispación en el estamento militar y el político.

La UCD está, además, en un momento complicado.

Suárez, que tiene la crisis interna de la UCD, una jaula de grillos o de caimanes, que le piden la cabeza, que cese y deje poder. Le llaman presidencialista. Le piden que corte la correa y deje caer a Abril Martorell. Las cosas no van bien, se queja todo el mundo al rey y la economía no tira. Suárez está en un momento en una crisis profunda, quizás un inicio de disfunción ya. Abril Martorell lo dice, alteraciones funcionales: con pánico a la cámara, con miedo a las ruedas de prensa, escondido, como decía Alfonso Guerra, en el retrete de la Moncloa. Convertido, como dice el rey, en un arroyo seco. Empieza a cundir la idea, propuesta por el CSID y bien acogida en la Zarzuela en julio del 80 de que hay que introducir un corrector del sistema dentro del sistema. En definitiva, un golpe de gobierno, no de estado. Ese es el contexto de puenteo del rey, que recibe al embajador francés sin decírselo a Suárez, que gestiona sus viajes por su cuenta. Suárez hace que le instalen un televisor con teléfono, el único que hay en España entonces, de la Moncloa a la Zarzuela para que cuando llamara al rey se pusiese y él pudiera saber donde estaba. Que no le dijeran que estaba en una zona sin cobertura. Quería que estuviese en cobertura y verle.

Y se enfría su relación.

Hay un momento en el que Adolfo Suárez habla con Sabino [Fernández Campo] y le dice “¿Qué le pasa conmigo al rey? Teníamos confianza, nos tuteábamos, nos gastábamos bromas, venía a la Moncloa, jugábamos al billar. Ahora ni me llama. Tengo que avisar yo que quiero ir”. Sabino le contestó diciéndole que los reyes eran mudables en los afectos. La pérdida de afecto del rey a Suárez le afecta, le impresiona, cosa que no tenía por qué. No somos una monarquía orangina, le podemos caer simpáticos o antipáticos al rey, da igual. Si me pasa a mí, que soy ciudadana, que me digan ‘¿Qué le parece a usted que al rey no le haya gustado este libro?’ Me resbala. Me da lo mismo. Lo entiendo, lo comprendo, lo lamento, pero nada más. No pienso en ello ni cinco minutos. Imagínate un Gobierno que ha salido de las urnas: se debe a sus votantes, no al rey. Y el rey tiene que plegarse al Gobierno. Pero Suárez necesitaba ese cariño, esa confianza que había antes. Eso se ha roto.

Hay más conversaciones…

Hay dos o tres conversaciones de ruptura. Una en Baqueira, otra en Moncloa y otras dos en Zarzuela. En una de ellas, en esta, Suárez tiene una vaga información de que se está formando la operación Armada, una concentración para formar un Gobierno presidido por un militar y para una moción de censura contra él. Echarle, pero no por las urnas, sino parlamentariamente. Y no sustituido por uno de su partido, que es el que tiene la mayoría legal y legítima, sino por un extra, traído de fuera. Una operación que cabe dentro de la Constitución pero es estrafalaria, extraordinaria y extravagante.

¿Qué papel tuvo el rey en la Operación Armada?

Tuvo el papel de aliento. Lo veía como una operación de Estado salvadora y necesaria. Quiero pensar que fue así, y así se lo ofrece el CESID. Un sistema corrector del sistema, dentro del sistema, sin traspasar las costuras de la Constitución, la línea roja. ¿Se puede? Sí, igual que se puede nombrar papa en un cónclave a uno que no sea cardenal, que no esté allí dentro, que no sea ni obispo ni sacerdote. Con tal de que sea católico, se bautice y se ordene… pero es un extra. En el 80 se le plantea esto al rey. En julio del 80, Sabino Fernández Campo se lo dice al general Pardo de Santayana: “El rey se ha caído del burro con respecto a Suárez”. ¿Qué quiere decir? Se habían acabado esos sentimientos de amistad, esa influencia tan perniciosa. Ya está en marcha la operación para cambiar al presidente del Gobierno por un independiente. Por un militar, Armada. En ese mismo mes, el rey se lo cuenta a su amigo Jaime Carvajal y Urquijo, que lo escribe en su diario, en el libro está: “Hoy he ido a ver al rey, lo he encontrado especialmente distanciado de Adolfo Suárez. Me dice que está pensando en un independiente (?)”.

A la vez, esos días, Alejandro Rojas Marcos da una rueda de prensa. Acaba de estar en el País Vasco con Garaikoetxea, con Pujol y Felipe González. El vasco y el catalán le dicen que los socialistas estaban negociando con un militar para un Gobierno de gestión, una cosa provisional, para sacar el país adelante. Rojas Marcos dice “yo esto lo denuncio”. Viaja con Felipe González y le dice lo mismo: que la situación era un desastre y que no podían seguir así. La solución era que se unieran todos y la idea sería comerse el marrón, aunque entonces no se decía esa frase. Un Gobierno de gestión que convocase elecciones. Rojas Marcos hace unas declaraciones y le toman por loco, pero está en los periódicos.

En el libro, cuenta que un diputado del PSOE tuvo un encuentro con Armada.

En julio del 80 ya está en marcha esa operación. Ya están viajando Múgica y Raventós (PSOE) de parte del partido, del secretario general, a visitar a Armada. Ya están haciendo la colecta de votos dentro del Parlamento. Hay una caja fuerte con cuarenta firmas, bastaban 35, para poner en marcha la moción y luego reunir los dos tercios de la Cámara. Hay incuso una compra de voluntades. Entre otros, Miguel Herrero de Miñón, jefe del grupo parlamentario de la UCD, está comprando voluntades de diputados y paga la CEIM, la central de empresarios de Madrid presidida por José Antonio Segurado. En el libro cuento el testimonio de uno de los que iba a ser comprado, Joaquín García Romanillos, al que pregunta Miguel Herrero: “¿Cuál es tu precio? No quiero comprar tu alma, quiero saber tu full time. Tu dedicación full time a esta operación”. Eso se está moviendo desde un año antes. ¿Qué papel juega al rey? Lo conoce y lo alienta. Lo conoce y le parece bien. Le parece una operación de Estado. No un golpe de Estado, sino un golpe de Gobierno. Le parece que el error es mantener a Suárez, que no da más de sí.

La Operación Armada estaba pensada como una moción de censura, pero al final se acaba apostando por Calvo Sotelo porque Suárez dimite y lo fuerza.

Él es el que rompe la Operación Armada cuando se entera.

Después llega el 23F. ¿Dónde acaba un episodio y dónde empieza el otro?

Son cosas distintas y, sin embargo, el golpe de Estado del 23F, no queriéndolo el rey, y mucho menos así, es una excrecencia de la Operación Armada. Entra el factor humano, la ambición. El rey creyó que eligiendo a Leopoldo se había acabado la operación y se entraba en otra ruta: ya sin moción de censura, una cuestión de investidura del propio partido. Leopoldo iba a hacer lo mismo que hubiese hecho Armada. La LOAPA para armonizar las autonomías que rompían España o la entrada en la OTAN. Era un hombre de derechas, bien visto por la banca y los americanos, católico, conoce Europa, es culto, etc… Era un hombre muy presentable en Europa y en América. El rey no tiene feeling con Leopoldo. De hecho, entre tanto busca la posibilidad de Jaime Lamo de Espinosa o Pérez Llorca. Tampoco es el elegido de Suárez ni de la UCD: es elegido tapándose la nariz, estuvieron desde las cinco de la tarde hasta las cinco de la mañana. Suárez sabe que si no, les ponen a un general, aunque no se lo dice a ellos. Sí a Landelino, lo habla a solas con alguno.

Pero a Armada no le convence ese camino…

Armada no cesa. Hay una expresión muy gráfica del comandante Cortina del CSID, que decía que a Armada le habían puesto patines. No dice quién, pero está claro quién se los había puesto, quién le había prometido el oro y el moro. Tú serás el jefe de Gobierno, por pasos contados: vendrás a Madrid, este dimitirá, habrá una moción de censura, tú serás el presidente del Gobierno…

¿El rey?

El rey. Armada intenta, a pesar de haber sido designado Leopoldo, a propósito de que está la reina Federica muerta y tras haber sido destinado a Madrid, ver al rey el 11, el 13… en su agenda pone las veces que, durante el mes de febrero, él ve al rey, un montón de veces. Cortina sube 11 veces en el mes de febrero, ¿para qué tanto? Sube. Ve al rey o no le ve, ve o Sabino, entrega sobres… Sube once veces, no creo que fuera a ver los ciervos. Armada, Cortina y Tejero, que no se conocen entre sí, en un fin de semana urden el golpe. Es interesante ver que Leopoldo da un discurso el día 18, que tenía que haber tranquilizado a todo el país, sobre todo a los militares, con OTAN y con todos los elementos. Sin embargo, le dan el golpe. No es la solución, es una de las cosas que decía Armada.

¿El rey conoce el 23F?

No. Yo creo que se sorprende. Pero hay frases enigmáticas, que todavía no las he desvelado, no he podido levantar la corteza. Una: “¿Tiros en el Congreso? Esto no era lo previsto”. Lo dice el jefe del cuarto militar del rey, Valenzuela, se dice allí. La llamada del rey al Palacio de Buenavista, a la jefatura superior del ejército, no es a Gabeiras [entonces Jefe del Estado Mayor del Ejército], llamada a Armada directamente. ¿Qué está pasando en Madrid? ¿Qué pasa en Madrid? Entonces sale del Congreso una diputada socialista, Ana Balletbó, embarazada de gemelos. Localiza el teléfono de Zarzuela y llama al rey por primera vez en su vida: “Señor rey, ¿Qué está pasando?”.

El rey le pregunta si ha habido muertos o heridos, se interesa. La respuesta del rey es una de las frases que tiene más enigma: “Bueno, nada, alguien se ha puesto nervioso, se ha precipitado y ha hecho una tontería”. ‘Se ha precipitado’ marca tiempo, que hay un antes y después, hay un tiempo de hacer cosas y un tiempo de no hacerlas. Un golpe de Estado no es una tontería, secuestrar al Gobierno y al Parlamento es una atrocidad, es un delito. Precipitarse, ¿cómo precipitarse? La última frase, al final, a Sabino: “¿No te habrás equivocado con lo de Armada?”. Son enigmas.

También está el mensaje de TVE…

Otro enigma es que desde las nueve y media está la televisión en Zarzuela. Yo he hablado mucho con Jesús Picatoste [uno de los periodistas de TVE que fue esa noche a retransmitir el mensaje del monarca] y él hablaba con Moncloa. “El rey está en chándal. No se mueve nada. Van, vienen, no nos dicen dónde vamos a grabar ni que encendamos luces, ni que probemos. No da la impresión de que vayan a transmitir nada. Desde las nueve y media hasta la una y trece que se emite pasa mucho tiempo. Lo que pasa esencialmente es que Armada habla con Tejero [en el Congreso], que le dice que no le deja pasar con ese Gobierno que lleva.

Armada iba a título personal, según Sabino, de parte del rey. A título personal puede ir uno a comprar un helado, a invitar a un amigo a un guateque, pero proponerse presidente de un Gobierno con un Congreso secuestrado no se puede hacer nunca a título personal. El rey tenía que hacer consultas con los líderes allí retenidos. No es un acto personal, sino institucional. ¿Qué ocurre? Solo digo que son enigmas. En el momento en que Armada llama por teléfono, dice que ha fracasado, que Tejero estaba irreductible y no había nada que hacer, al minuto ya se emite el mensaje. No desautoriza para nada a Armada, no lo menciona porque estaba grabado antes, está dirigido únicamente a los militares que puedan estar únicamente a punto de sublevarse.

¿El elefante blanco era el rey?

El elefante blanco pudo ni siquiera haber existido. Los periodistas creíamos que fue una ficción, un elemento simbólico que salió durante la defensa del Consejo de Guerra, que duró cuatro meses. Yo me hice la mili en esos cuatro meses. Hay un encuentro entre tres elementos. Adolfo Suárez, declarando en la instrucción ante el juez, dijo que solo dos personas sabemos quién era el elefante blanco. No le pudieron sacar quién era el otro. El rey, a Villalonga, en su libro de conversaciones en francés y en inglés, le dice: “Yo desde el principio sabía quién era el elefante blanco”.

Sabino dijo que eso había que corregirlo en la traducción: hay 45 censuras y diferencias, una de ellas es esta. Por otra parte está la conjetura de Sabino. Todo esto son frases reales. Si Armada llega al Congreso y Tejero le deja pasar con ese Gobierno, él se propone a los líderes, que estaban retenidos aparte, no se sabe por qué, y ellos se ponen de acuerdo en que él sea… O ellos van a Zarzuela a hablar con el rey y las consultas y decir que estaban de acuerdo con Armada, o el rey tiene que ir donde están ellos, porque están retenidos. Dado lo extraordinario de la situación, si Armada sube al podio del Congreso y dice que va a ser el nuevo presidente del Gobierno, eso necesita una autoridad por encima de él. Todo esto según Sabino. Conjetura, ni siquiera teoría. ¿Quién era? De tener que haber, dice Sabino, insisto, de tener que haber un elefante blanco tenía que ser el rey.

Vamos a las críticas que ha recibido el libro. Hay un comunicado que firman, entre otros, Rafael Álvarez Salgado y Jaime Lamo de Espinosa, que desmienten la…

¿Tú has visto el comunicado?

Sí, esta mañana.

¿Y qué dicen?

Entre otras cosas, denuncian que hay personas que han fallecido ya y no se pueden defender.

Eso ellos no lo dicen.

Sí. [Textualmente, critican que “se utilicen como agumentos de autoridad referencias a personas, muy conocidas por nosotros, ya fallecidas que no pueden defenderse ni contrarrestar o desmentir tales insidias” y tachan el libro de “relato novelado-libelo”].

No. Pasámelo, porque me interesa tenerlo. En los periódicos, todos los que yo vi al día siguiente, decían que ellos total o parcialmente están en desacuerdo. No sé con qué pueden estar en desacuerdo. ¿Con el 23F? No les pregunté nada del golpe.

El día 4, cuando aparecen ese comunicado, se supone que ellos habían tenido que leer el libro el día 3. Todavía no había llegado a las librerías y 900 páginas no creo que hayan leído. Donde ellos aparecen no es ni en el 23F ni en la Operación Armada, porque no les pregunté sobre eso a ninguno de ellos, porque no lo habían padecido, no lo habían conocido. No pueden desmentir lo que yo no les he preguntado, ni pueden desmentir el 23F. Pueden desmentir quizás, sin haber estado presentes, o puede que no les guste, que el rey y Suárez hablaran de aquel modo. Vale, es una opinión. Las respeto como opinión, pero no dicen eso. Se habla de total o parcialmente. Alguno dice que yo he perdido el oremus, o sea que tenía que ir a mi médico…

En cualquier caso, no le parece que es jugar un poco con ventaja…

Perdona un momento. Ellos podrían desmentir, después de haber leído el libro, y entonces me podrían decir: Ah, Pilar, yo salgo, diría Martín Villa, contándote la legalización del PC. La desmiento. Yo diría, pues muy bien, todo lo que hace unos años me has dicho ahora es mentira, te mientes a ti. Podría decir Pérez Llorca: yo lo que te conté de la Casa de la Pradera, lo desmiento, que es donde yo aparezco. Ah, pues muy bien, ¿mentiste entonces o mientes ahora? No lo sé. Salvador Sánchez Terán, yo sé lo que les he preguntado a cada uno, la operación Tarradellas, la que hablé contigo y la que cuentas en el libro, la desmiento. Ah, muy bien, entonces me mentiste entonces. Yo creí que eras un caballero. Ahí y en tu libro. Arias Navarro me cuenta con todo detalle, en dos o tres conversaciones, como él le dice a Suárez, con un informe escrito, que no puede revocar la dimisión. Le dice: “Tendría que retirársete Leopoldo”. Si lo desmiente, pues se desmiente a sí mismo. Yo me he fiado de esto.

¿Pero no le parece jugar con ventaja que haya personas que ya han fallecido y no pueden desmentir lo que cuenta? La Casa Real lo desmiente.

La Casa Real ha dicho una cosa muy extraña y muy estrambótica, que este libro es una novela ficción. Yo no sé qué es una novela ficción, si es novela es ficción, naturalmente. Ha calificado literariamente un género. No, esto es historia. Si no fuera historia, no lo habrían perseguido. Perseguido. Ordenado silencio a los grandes medios de prensa, radio y televisión. Empezando por los del propio Lara, el propio editor. La insonorización.

¿Ventaja? Yo cuando hablo, hablo con vivos. No he ido a ningún cementerio, a ningún tanatorio, a ningún velatorio. No los conservo en formol, se mueren cuando se mueren. Toda la historia está hecha, casi siempre, con personajes que luego han pasado a mejor vida. Quedan algunos. Hay gente que queda viva y a estos he ido. A otros, yo llevo 52 años de periodismo, yo ya había ido. He vuelto a la escena del crimen. En algunos casos, como Landelino Lavilla, que no desmiente nada, he ido también ahora. He ido a todos los que están vivos, que no son muchos, pero a todos, a todos. Por ejemplo, Abel Cádiz, ha colgado en Internet un escrito largo sobre este libro y él como presidente de la UCD de Madrid, como colaborador íntimo de Suárez, dando fe de todo esto.

Por último…

Quiero decir una cosa, la tengo que decir. No podéis decir que a una persona que hace historia que si es jugar con ventaja con las personas que han muerto. Vete al cementerio y despiértale.

Hay mucho nivel de detalle en las conversaciones, se reproducen muy fidedignamente.

Mérito, memoria…

Pero eso tiene que estar recreado, no pueden ser 100% fieles.

No puede estar recreado, por ejemplo, el que pasa un pájaro. Pero que ladra un perro es que ladra un perro.

Pero ese nivel de detalle…

Como te las cuentan, y te cuentan más… Y le dije, y me dijo, y le dije, y me dijo. Yo más bien abrevio. A lo mejor pongo cabrón y se ha dicho hijo de puta. Por respeto, a veces abrevio. Pero la gente lo explica cuando te quiere contar una cosa: yo fui, llegué, llamé, y tal y cual, me recibió, se cuadró, estaba con talante… […] Mi periodismo es así, muy del detalle, del repíteme, cuéntame, cómo te lo dijo…

¿No hay cierta parte de ficción?

No, ficción no, periodismo.

De terceras fuentes recrea una conversación…

Terceras fuentes no. Si Sabino me cuenta una conversación que ha tenido con el rey, me cuenta una conversación con el rey. Es él quien la ha tenido.