Idiotas

Por Carlos Medina Viglielm

Categoría: muy contagioso

Se difunde a través de falsos aparatos de comunicación.

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro.” – Albert Einstein

Solicito a los lectores consideren el presente escrito como “un pensamiento en voz alta”, una reflexión de carácter no científico, simplemente humano. Adelanto, por otra parte, primero que no se trata de un escrito contra las nuevas tecnologías, que pueden estar al servicio de la humanidad y tampoco un alegato o condena contra los integrantes de las nuevas generaciones: ellos no son los culpables.

Como una ola de intranquilidad y desconcierto se oyen levantarse las voces de cada día más padres o abuelos en cuanto a la ingobernabilidad de los adolescentes. Los maestros y profesores en los centros de enseñanza dan la alarma. ¿Qué es lo que pasa?

No se trata de las ancestrales, conocidas y mejor o peor sobrellevadas diferencias generacionales. Se trata de otra cosa; de algo que provoca incluso mucho temor en un cada día creciente porcentaje de progenitores, frente a la muy grande, en muchos casos absoluta incapacidad, de superar el problema: ni premios, ni regalos, ni psicólogos.

Los síntomas generalizados del contagio son: desobediencia, ingobernabilidad, maltrato de palabra a padres y abuelos, insatisfacción general e indeterminada, desinterés manifiesto por la formación intelectual, por la escolarización, por el estudio, ruptura de la armonía familiar, muchas veces en forma violenta o muy violenta, violencia física contra padres o maestros, abandono momentáneo del hogar sin manifiesta destinación o, abandono del hogar por tiempo no determinado, y tal vez algunos otros síntomas.

Las diferencias generacionales han existido siempre, desde mucho antes de que el ser humano se irguiera en dos patas. Parece que, en las actuales circunstancias, de esas diferencias que empiezan a manifestarse en la pubertad para extenderse a la adolescencia, se pasa hoy al comportamiento lisa y llanamente irracional, con los “síntomas” antes mencionados.

¿Cuáles son los elementos nuevos que provocan estas actitudes negativas? Lo más evidente es la utilización del llamado “teléfono móvil”. Subrayo lo de “llamado” porque en realidad los aparatos son fabricados con una capacidad, también creciente, de ofrecer al poseedor una cantidad de posibilidades de consumo de basura electrónica, juegos, las famosas “redes sociales”, fotografía, filmación etc. etc. etc.

Una miríada de artilugios absolutamente innecesarios para la sana formación de los adolescentes como personas, pero que ellos ven como “absolutamente necesarios” para pasar por la cruel competencia con otros adolescentes. Tanto padres como abuelos o tíos, se ven en algún momento en la “necesidad” de “transar” (sobornar) a sus hijos, nietos o sobrinos, por medio del odioso aparatito, para tratar de cambiar la situación de mal comportamiento. Pero será en vano. Se logrará una tregua de horas, o tal vez de apenas algunos minutos.

Muchos reconocerán las “escenas” siguientes:

Profesora ve interrumpida su clase, otra vez, porque una alumna “se comunica” supuestamente con su madre. Profesor interrumpe su clase al sospechar y luego constatar que dos alumnos se envían “mensajes” dentro del salón. Varios jóvenes que caminan por 18 de Julio, la principal avenida de Montevideo (cualquier mañana de estas), son hurtados sin que se den cuenta por un carterista que abre sus mochilas a la vista de todo el mundo: los jóvenes van “enchufados” en sus móviles. A una joven le es arrebatado el móvil de la mano por un carterista que huye precipitadamente. Joven cruza una avenida contestando un mensaje de “chat” y es atropellado por un automóvil…

De los últimos casos, Charles Darwin hubiera dicho: “Se trata de la selección natural. Los animales estúpidos, pierden…”

Al comenzar aclaré que no consideraba a los adolescentes como culpables del problema. Ni mucho menos. En primer lugar porque ellos son los primeros y más perjudicados. Su mayores tienen sus vidas bien o medianamente bien organizadas. Mientras que ellos están en la etapa de prepararse para ser partícipes activos en medio de una sociedad terriblemente competitiva. ¿Cómo se están preparando para ello? Muy mal.

¿Acaso entonces los culpables son los padres? Tampoco creo que tengan más que una cuota parte en ello. Porque los padres también se han visto inmersos, empapados bajo el diluvio del hiper consumo que denuncian ciertos políticos en sus discursos y que promueven luego desde sus empresas.

Es muy posible que ese haya sido el primer error. El no haber dedicado más tiempo a estar con los niños, para trabajar más horas para poder sobornarlos con juguetes inútiles. Mientras los juguetes fueron apenas una basura de plástico el problema no surgió. El problema vino cuando esa basura de plástico se “comunicó” con los niños y adolescentes. En realidad los que se han comunicado con los adolescentes son los magnates de la telefonía móvil. Están todo el tiempo “comunicados” con los jóvenes y metiéndoles basura en la cabeza.

La unidad básica que compone la sociedad, es la familia. Las “desavenencias” familiares como consecuencia de las diferencias generacionales (nuevos gustos musicales, de moda, etc.), han dado paso a algo muy peligroso que es el quiebre de la unidad familiar. No está muy claro aún si este quiebre de la unidad familiar es un “efecto secundario” de la expansión tecnológica, o si estamos en presencia simplemente de un ataque tecnológico a la unidad básica de la sociedad con fines de dominación, que a la velocidad que va, puede llegar a convertirse en un desastre de dimensiones bíblicas.

Me pregunto si no habrá que hacer como los obreros que se rebelaron contra las máquinas al principio de la era industrial (tengo un vecino que lo hizo: recogió los trocitos a que quedó reducida la tablet de su hija con la aspiradora). No sé. Lo que sí sé, es que los magnates de las telecomunicaciones han hecho muy bien su trabajo de estupidizar a media humanidad, creando enormes contingentes de seres no pensantes, que trabajarán alienados para los que dominan el mundo y a los que, inconscientes, no se les ocurrirá jamás hacer una revolución para salir de la situación. De eso se ha tratado.

Ahora recuerdo que, en el sepelio de Nelson Mandela, el presidente Obama se hizo una foto (una “selfie”) con el móvil, junto a la primera ministra de Dinamarca Helle Thorning-Schmidt. ¿Habrá sido solo un gesto espontáneo sin pensar en disgustar a su esposa Michelle?

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