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La segregación se expande en Suecia

por Ricardo Daher

Barrios donde solo viven extranjeros, escuelas donde no hay niños de padres naturales suecos, trabajos reservados, y propuestas de sueldos más bajos para los recién llegados al país, van conformando un panorama de segregación en una sociedad que se ufanaba de democrática y ejemplar. La sociedad del bienestar, como la denominaban, cede terreno.

“Tenemos segregación en las viviendas en Malmö y en Suecia, y eso es lo que crea la segregación en las escuelas”, sostuvo el jefe de las escuelas de primaria del gobierno de la tercera ciudad de importancia en Suecia, ante una consulta de un diario local que revelaba un informe sobre la segregación escolar.

En el barrio de Rosengård donde se crió la más grande estrella de fútbol local, Zlatan Ibrahimovic (hijo de refugiados), hace 14 años que en la escuela no hay un niño de padres suecos naturales, es decir que tenga el sueco como su primer idioma.

Los jóvenes ya mencionan al barrio como “el ghetto”.

Ya en ese barrio, discriminado hasta por la prensa, hace más de 30 años que se ha vaciado prácticamente de suecos naturales. Lo mismo sucede en otros barrios no muy alejados del centro de una ciudad de menos de 300 mil habitantes.

En general los padres, por razones prácticas, eligen las escuelas que están más cerca de sus hogares, lo que contribuye a extender la segregación. El gobierno defiende la libertad de elección de los padres y no distribuye a los alumnos de manera tal de fomentar un equilibrio entre recién llegados y nacidos en el país.

Para mayor dificultad, los niños que llegan al país, son ubicados casi de inmediato, apenas con un escaso curso de idioma sueco, en el año escolar que le correspondería por edad y no por su conocimiento, lo que provoca muchas veces el desinterés escolar y le asegura un futuro muy limitado en el campo laboral, extendiendo así también la segregación.

En el campo laboral la situación es similar. Son escasos los profesionales que pueden desarrollar sus carreras en Suecia. La mayoría termina en servicios, limpiezas, cuidados de ancianos, enfermos, etc.

La situación se ha agravado con la llegada de la ola de refugiados en pasado año. En 2015 arribaron unos 160 mil refugiados a Suecia, alrededor de 50 mil ya recibió permiso de residencia, de ellos, solo 500 han conseguido trabajo. Las imágenes de caluroso recibimiento se fueron trastocando paulatinamente.

Ahora Suecia ha cerrado su frontera, a partir de este primero de junio se corta toda ayuda económica y asistencia a quienes no reciben permiso de residencia, y el gobierno prepara un plan de repatriación con uso de las cárceles para quienes deben ser expulsados.

La resistencia a los recién llegados se refleja en el crecimiento de los partidos de extrema derecha, y los incendios a los lugares que se preparan para acoger a refugiados y a los niños sin padres que vienen en esa oleada de refugiados. Más de 50 locales han sido incendiados desde mediados del pasado año sin ningún responsable detenido.

La semana pasada una escuela fue presionada por los padres de los alumnos para separar a los niños refugiados de sus hijos. La escuela preparó una puerta especial para el ingreso de los niños refugiados, al mejor estilo del apartheid.

El mensaje para los recién llegados y lo niños que están en la escuela es claro: está bien separar a la gente cuando es diferente.

Vecinos de un barrio de Estocolmo intervinieron para comprar una propiedad que estaba negociando el gobierno local para establecer allí un asilo para niños solos. El local, era utilizado por la banda de motociclistas “Ángeles del Infierno” (acusados de narcotráfico, asalto a blindados, etc) y los vecinos decían sentirse más seguros con ellos que con los refugiados menores de edad.

Algunos dirigentes políticos reconocen que el país, y Europa, necesita del arribo de inmigrantes para ocupar los lugares de trabajo que deja una población envejecida para poder cubrir sus jubilaciones.

Para otros, el arribo de inmigrantes es un factor para negociar una rebaja de salarios generalizada. Con el argumento de que es necesario integrar a los recién llegados, se debe facilitar a los empleadores pagar menos de los convenios a quienes los contraten.

De hecho el mecanismo funciona como una presión a la baja de todos los salarios ante la mayor competencia y de un ejército de parados que crece.
Otro de los graves problemas que enfrenta la sociedad es la falta de viviendas de alquiler. Desde que el Estado dejó de lado su política de construir para alquilar, el mercado construye mayormente para la venta. En algunas ciudades la espera para obtener una vivienda de alquiler supera los 5 años.

Esto genera que por un lado los nacidos en el país se vuelquen a la compra de viviendas, en barrios apartados, mientras que los extranjeros se concentran en buscar donde alquilar y a veces caen en el mercado paralelo pagando mucho más de lo normal.

Algunos estiman que Suecia necesita construir un millón de viviendas en los próximos cinco años, pero en 2015, el de mayor aumento de construcción de la últimas décadas, solo se construyeron 29.000. En los 10 años de gobierno socialdemócrata entre 1965 y 1975 se llegaron a construir un millón.

En la década de los 90 primó la premisa de que el mercado se encargaría y hoy no hay políticas de Estado para la vivienda.

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