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Por Carlos Medina Viglielm

En un Editorial publicado por el Semanario Voces, se hace un recuento de todo aquello en lo que el FA, sus dirigentes o funcionarios, han caído en falta, lo cual conduciría a la derrota de la fuerza política en las próximas elecciones. Se nombran unos cuantos errores pero no todos y menos, el principal, que queda de manifiesto al final, cuando se habla de “ese último bastión llamado esperanza.”

El último bastión no puede ser la esperanza. Eso significaría que dejamos el futuro al azar: “si nos salvamos, nos salvamos, puede darse, tengamos esperanzas”.

La esperanza se alienta cuando ya se hizo todo lo posible, cuando influimos en el resultado, en toda la medida de nuestras posibilidades.

José Martí, inagotable inspirador de las luchas por la liberación del continente, decía con una claridad meridiana que, “Trincheras de ideas, son más fuertes que trincheras de piedra”.

El último bastión tiene que ser la idea, el fundamento ideológico que, aprendido por la gente, la impulse a hacer las cosas como se debe. Lamentablemente en los distintos gobiernos del FA se ha abandonado paulatinamente la cuestión ideológica y no solo eso, sino que, con tal de “sumar adeptos”, en lugar de argumentar honesta y correctamente, se abandonaron banderas tan justas como valiosas, con el fin de mejorar la imagen de la coalición de izquierdas, porque supuestamente es (desde la comodidad del Parlamento), “lo que se puede hacer”. Lo que se logró fue mimetizar en grado sumo al FA con los partidos de la derecha.

“¿Cómo grabar a fuego en la izquierda uruguaya la idea de que : “Gobernar es convencer” Dice el Editorial. ¿Convencer a quienes? A la izquierda, a la verdadera izquierda no hay que convencerla. Lo que los dirigentes del FA han tratado de hacer es tratar de convencer a los que no son (ni serán), de izquierdas, de que el FA no “no es lo que se pensaba”.

En realidad el FA “no quiere ser una izquierda tradicional y totalitaria”, sino una “izquierda democrática” (buena y permisiva con los grandes empresarios y gentil con los emisarios del Imperio).

“¿Cómo avisar (a los partidarios del FA del ’71) que acá solo existe el Palacio Salvo y no el de Invierno para tomar por asalto?” dice el Editorial de Voces. Pero,

¿Un gobierno de izquierdas manteniendo y protegiendo una de las mayores estafas de la historia del país como son las AFAPs?

¿Un gobierno de izquierdas que protege a los criminales de la dictadura impidiendo la anulación de la Ley de Impunidad?

¿Un gobierno de izquierdas que apruebe, y mantenga durante años una ocupación militar a un país hermano como Haití, prestando un servicio de gendarme del Imperio?

¿Un gobierno de izquierdas que en lugar de proteger a la granja protege a los latifundistas extranjeros que plantan soja?

¿Un gobierno de izquierdas que no es capaz de montar un sistema de ventas en el cual el Estado proteja a los consumidores más pobres (que existió con gobiernos de derecha), por no establecer una “competencia desleal” con los empresarios intermediarios?

¿Un gobierno de izquierdas que en lugar de recuperar el transporte ferroviario, beneficioso con los pasajeros y con el medio ambiente, protege a las empresas privadas de transporte carretero continuando con la idea de Julio María Sanguinetti?

¿Un gobierno de izquierdas que en lugar de adoptar una posición firme frente a la escalada imperial en el continente se abstiene de condenar el golpe “a la paraguaya” en Brasil y pondera el gobierno pro yanqui de derechas de Mauricio “PanaMacri”?

¿Un gobierno de izquierdas que le niega recursos a la Enseñanza Pública en beneficio de las empresas privadas de enseñanza mientras crea mil cargos de policías de dedicación (y sueldos) exclusivos? Claro, porque lo que no se invierta en la Enseñanza, se habrá de invertir en policías y cárceles.

¿Un gobierno de izquierdas que subvencione a las empresas privadas de Salud retaceando los recursos a la Salud Pública?

Lo que ha estado haciendo el FA (como otros partidos progresistas), es tratar de “mejorar el capitalismo”. Los partidos de derecha no hubieran podido hacerlo mejor. Pero, esas “mejoras” tienen un techo. Un techo que ponen los grandes empresarios, representados por los partidos de derecha y leguleyos a su servicio, un techo traspasado el cual aparecen los frenos a las “mejoras” puestos en práctica por los progresistas, aludiendo “coyunturas difíciles”, o el regreso de la derecha al gobierno en elecciones siempre amañadas o, por “golpes de Estado “a la paraguaya”.

Hoy en Uruguay pasa que, para la mayor parte de la gente, (totalmente desideologizada), “todos los políticos son iguales” y a eso, todavía hay que sumarle la opinión de Tabaré Vázquez que dice que “es buena la alternancia”. Justamente, la alternancia es entre iguales. No es el FA del ‘71 que puede ser derrotado en las próximas elecciones. Los que serán derrotados son los que lo traicionaron, los que se sometieron, serviles, al capitalismo, a la derecha, a los golpistas y al Imperio.

Tenemos que entender que, como el capitalismo no se puede “mejorar”, el actual Frente Amplio, plagado de “arrepentidos” y oportunistas, difícilmente lo haga. Estamos bastante jodidos. Los dirigentes “aggiornados” del FA han desechado la guerra ideológica y han desmontado las herramientas básicas de la lucha, para ordenar festejos desde el estrado. Parece que los que abrazamos las ideas que promovía el FA del ’71, veteranos y jóvenes, tendremos que idear otra organización, otra manera de desplazar del poder a la derecha, de una vez y para siempre.

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