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Bandera USA sangrientaPor Carlos Medina Viglielm

Las etapas del golpe contra el gobierno de Venezuela, un déjà vu que rompe los ojos, pueden estar llegando al final, que no es otro que la intervención armada de los Estados Unidos de América, indirectamente desde la Base de Palmerola en Honduras o sus bases en Colombia y como “asesores”, cientos de ellos, al frente de un ejército con efectivos enviados por  “gobiernos aliados”.

Quien más quien menos, entre los gobiernos de América Latina se ha ocupado de condenar o apoyar lo hecho por el ex Canciller uruguayo Luis Almagro, en su bochornosa convocatoria a la “Carta Democrática” de la OEA. Pero el problema no es Almagro, mero peón, mero cipayo al servicio del Imperio sino, justamente, los planes de intervención que llevan adelante los yanquis con el fin de “recuperar” el tesoro petrolero de Venezuela y apoderarse de otros más, como los yacimientos de oro y de coltán, precioso mineral del cual se ha descubierto recientemente en Venezuela, uno de los principales yacimientos en el mundo.

Lo terrible es que a pesar de los antecedentes, el golpe contra Salvador Allende, y demás golpes en el Cono Sur americano allá en los ’70, o los recientes golpes de Estado “blandos” o no tanto, como el de Honduras, el de Paraguay o el de Brasil, Latinoamérica no reacciona a la altura de las circunstancias.

Lo que el Pentágono, el Departamento de Estado, los fascistas españoles del Partido Popular, encabezados por el criminal de guerra José María Aznar,  el tránsfuga de Felipe González y una larga serie de ex presidentes “demócratas”, todos cultivadores de la corrupción más descarada, que se enriquecieron a manos llenas en sus países gracias a las leyes de la economía de mercado, lo que todos ellos van a provocar, es una matanza, en nombre, claro, de la libertad, la democracia y la propiedad privada.

Una matanza, otra vez, como tantas veces antes a lo largo de la historia del capitalismo.

Eso lo saben perfectamente los gobernantes en Uruguay, en Argentina, en Chile, En Costa Rica, en Bolivia o en Brasil, independientemente de la posición que tomen o hayan tomado respecto a la cruzada supuestamente dirigida por El Basura Luis Almagro, vergüenza continental, que todavía sigue siendo miembro del Movimiento de Participación Popular, la agrupación política que lidera José Mujica y del partido Frente Amplio, la coalición de izquierdas en el gobierno de Uruguay.

Una matanza como la que los yanquis organizaron en Santiago de Chile en el ‘73, como la que realizaron tras la invasión a Panamá en 1989, como las que realizaron primero en su propio territorio contra los pueblos originales como el pueblo Sioux en Nebraska en 1885, una matanza como las que  realizaron en Viet Nam, en Libia, en Siria y como seguramente organizaron en Nueva York donde cayeron las famosas torres, para obtener una excusa y lanzarse a las guerras en Afganistán e Irak.

Una matanza de “recuperación” y una matanza para el escarmiento, eso es lo que se está organizando. Escarmiento a quienes osaron establecer que los recursos que existen dentro del territorio de Venezuela, pertenecen al pueblo venezolano y no al Imperio, ese “gigante de las siete leguas “ del que nos previniera José Martí, el depredador al cual sirven los supuestos demócratas que integran la alianza de la derecha venezolana y toda la derecha latinoamericana.

El objetivo será además, terminar de ocupar militarmente el norte del continente. Ya están dentro de Colombia y por otra parte Mauricio Macri les ha facilitado la instauración de dos bases en Argentina. Todo con el fin de una posterior expansión y saqueo de más territorios. ¡¡Vienen a por todo el continente!!

No hay mucho más para decir. Las naciones de “Nuestra América”, o a decir de Martí “¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!  Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”

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