Etiquetas

, ,

Caras y Caretas – Montevideo – La política exterior de Estados Unidos es de todo menos inocente. Tener en cuenta sus acciones y sus mensajes suele ser materia de atención de departamentos enteros en cualquier gobierno que de tal se precie. Algunos les dedican más tiempo porque son objeto directo de sus acciones, para bien algunas veces y para mal en general, y otros muestran menos intereses por compartir aspectos centrales de esos lineamientos.

Por Mateo Grille

Las delegaciones diplomáticas tampoco son inocentes, nunca. Menos si se trata de países con pretensiones imperiales, como Estados Unidos u otros de similar dimensión.

La representación diplomática estadounidense en nuestro país estaba acéfala desde hace un tiempo, luego de que culminara su misión la jovial Julissa Reynoso, que llegó con más sombra que luz, pero terminó convirtiéndose en una habitué de los asados del Quincho de Varela, borrando al menos públicamente esa distancia tan necesaria entre las representaciones de un gobierno soberano aunque periférico y la del imperio más brutal del que se tenga memoria.

Hoy soplan otros vientos. En medio de un clima áspero en el seno del Mercosur, con intentos desestabilizadores de alcance continental, con un fuerte giro conservador en Argentina, con un golpe de Estado en marcha en Brasil y presiones diversas para un realineamiento derechista regional, llega a nuestro país una cálida embajadora estadounidense que se muestra abierta, elogia a Tabaré Vázquez, se alarma con su recorte de la realidad venezolana y regaña con dulzura a Uruguay porque nadie persiguió a Jihad Ahmad Diyab, el más díscolo de los exreclusos que su gobierno confinó ilegalmente en el territorio usurpado de Guantánamo. ¿Quién es Kelly Keiderling, la nueva embajadora de Estados Unidos en nuestro país?

Pasado tienen las cosas

No es difícil ni hace falta ser abonado a un servicio secreto. Cualquier mortal con acceso a Google puede rastrear los pasos de la nueva inquilina de la embajada estadounidense en nuestro país y, si desconfía de las sombras y no se cuece en el primer hervor, verá que el currículum es preocupante para cualquier interés soberanista.

La sonriente Keiderling anduvo en misiones en varios puntos calientes del planeta: Cuba, Venezuela e Irak, por lo menos.

Keiderling es hija de un diplomático estadounidense que sirvió hasta el año 1966 en el servicio secreto en Cochabamba, Bolivia. Un año después, sus patrones asesinaron Ernesto Che Guevara en la Quebrada del Yuro. Algún tiempo antes se enamoró de una ciudadana boliviana de cuya unión nació Kelly, quien por puro impulso de sus genes estudió en la Universidad de Georgetown e hizo una inocente maestría en la Escuela Nacional de Guerra.

Se unió al servicio exterior con 22 años, en 1988, y la primera misión la encontró de la mano de los veteranos de guerra de la invasión estadounidense a Panamá.

Después fue gestora de Diplomacia Pública, anduvo merodeando en la oficina de Recursos Humanos y llegó hasta la jefatura de la oficina del Estado Mayor en Irak. ¡Nada menos!

El buscador más popular de occidente no da cuenta de sus aciertos en Oriente. Sí registra alguna actividad pública en varios países de África como Botsuana, Etiopía o Zambia, pero su paso al estrellato lo da en tierras latinas, empezando por Cuba.

Esa mujer en La Habana

Apenas parido el nuevo siglo, Keiderling se traslada a Cuba y pasa a trabajar en la Sección de Intereses de Estados Unidos (SINA) en la isla. Por aquellos años (2004) los servicios secretos cubanos descubren parte de los planes que la nueva diplomática traía.

La dama de sonrisa contagiosa era una oficial hecha y derecha de la CIA, cuyas poco diplomáticas actividades durante su paso por la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana quedaron al desnudo en el testimonio de Raúl Capote, o agente David de la seguridad del Estado cubano, que había sido reclutado por la funcionaria después de establecer una estrecha amistad.

El periodista español Pascual Serrano entrevistó a Raúl Capote una vez develada su verdadera identidad. Explicó algunas misiones que a través de Keiderling recibió de la SINA: “Daban tres mil, cuatro mil o cinco mil dólares y ni siquiera miraban si habíamos organizado la actividad para la que pedíamos el dinero. Les gustaban temas de microemprendedores, cómo organizar la sociedad civil, cursos de ‘liderazgo’, proporcionaban manuales y cosas así”.

No escapará al sabueso lector que Estados Unidos no permitiría ni por un minuto a un diplomático extranjero que se dedicara a estas actividades en su territorio. Pero el gigante del norte tiene licencias.

Kelly Keiderling oficiaba como primera secretaria de Prensa y Cultura de la SINA, y como tal organizaba reuniones con potenciales espías y personal diplomático de Estados Unidos y diversas delegaciones extranjeras.

De sus mítines participaron, por ejemplo, Stanislav Kázecký, primer secretario de la embajada checa, Patricio Pradel Elgueta, consejero de la embajada de Chile, Koen Sizoo, consejero de la embajada de los Países Bajos o el contrarrevolucionario Dagoberto Valdés, además de otros funcionarios menores.

Según parece, a Keiderling le gustaba mucho conversar sobre las perspectivas personales inmediatas que tenían algunos potenciales servidores extranjeros y cuál sería la mejor forma para ayudar económicamente a sus familias. Cuentan quienes la trataron que siempre se mostraba muy “sensibilizada con la situación cubana” e incluso recuerdan uno de sus chistes preferidos: “El cielo debe estar lleno de cubanos porque ustedes aguantan como nadie”.

Una vez reclutados los nuevos agentes contrarrevolucionarios, Keiderling se comportaba como “una dedicada maestra”: discutía de política, del futuro de Cuba, de las relaciones entre su país y la isla. Era partidaria de arreciar con la guerra económica, de apretar el dogal para provocar el descontento, de acusar al socialismo del fracaso económico y así lograr que la gente se decidiera a combatir el “régimen”.

Kelly apostaba además por la guerra en el terreno de las ideas, de los valores, de la cultura, trabajaba fuerte en el sector artístico y se indignaba por los pocos resultados que obtenía.

Desconfiaba de los mercenarios, siempre intentó mantenerse lejos de ellos, los aborrecía con toda su alma, pero los utilizaba.

Su nivel de influencia fue profundo y amplio, según cuentan los cubanos, que asumen que Kelly es una mujer inteligente y disciplinada, con una amplia preparación, graduada con honores de la Universidad de Georgetown en Ciencias Políticas, tiene estudios de posgrado en la Universidad de la Guerra Nacional en Washington, convencida anticomunista.

Según el servicio secreto cubano, Keiderling no cree en esa burda división de partidos en el seno de Estados Unidos. Según ella, ni es demócrata ni es republicana: ella es estadounidense.

Mientras estuvo de espía en Cuba diagramó y ejecutó cursos de orientación en trabajos de contrarrevolución, sobre todo de la llamada prensa independiente y de las bibliotecas homónimas.

Gustaba de organizar reuniones y debates con personas del sector de la cultura y la educación, cocteles con artistas invitados a su residencia en Miramar, cenas, videoconferencias, proyecciones de películas, lecturas, etcétera.

Financió decenas de libros, folletos, revistas, periódicos, materiales audiovisuales, manuales sobre guerra cultural, organización de ONG, elaboración, financiamiento y valoración de proyectos, propaganda, economía y formación de partidos políticos. Incluso entrenaba a los más cercanos con técnicas de enfrentamiento no violento y la experiencia de organizaciones insurreccionales en Yugoslavia, Polonia, la RDA y Checoslovaquia.

Entre sus tareas militantes tuvo dos muy recordadas. Quiso crear una agencia literaria “independiente” y se puso al hombro la formación de grupos de discusión y debate sobre cómo reunir a grupos de intelectuales, escritores, principalmente a aquellos “afectados por la censura”, que no estuvieran de acuerdo con el actual estado de cosas en el país o que se sintieran frustrados, desatendidos por las instituciones, pero sin excluir a nadie.

La Agencia Literaria enlazaba con otro proyecto, el de la Editorial Plaza Mayor, que era otro plan de la CIA enmascarado en la nueva estrategia del discurso aparentemente conciliador y moderado, utilizando empresas y organizaciones pantalla como la Usaid, la NED y la Fupad.

Para fines de 2004 y en los dos años posteriores Keiderling se convierte en una perfecta amenaza para la seguridad cubana.

Comienza a conformar un nuevo proyecto, el proyecto Génesis, un plan de subversión político ideológica dirigido a la juventud cubana.

Días después, termina su misión. Años después, parte hacia Venezuela.

Maduro la echó de Venezuela

La dulce Kelly no es un cordero, sino un lobo avezado en tareas de contrainteligencia y subversión interna. Su prontuario es difícil de digerir y es imposible darle la espalda para cualquiera que pretenda continuar con procesos soberanos. Su último destino latinoamericano fue Venezuela. En octubre de 2013, la diplomática se encargaba de los negocios de Estados Unidos en el país caribeño, por lo que era la autoridad máxima de la embajada en ese país.

El presidente Nicolás Maduro la acusó de conspirar con la oposición un “sabotaje económico y eléctrico” contra Venezuela, por lo que le dio 48 horas para irse del país.

En su defensa, Keiderling dijo que las acusaciones eran “completamente falsas” y “demuestran tal vez que no se entiende muy bien lo que es el trabajo diplomático”. Según un artículo del periodista cubano Ángel Guerra Cabrera, un cable confidencial al departamento de Estado firmado por Keiderling en Caracas en setiembre de 2011 –posteriormente filtrado por Wikileaks– ya daba cuenta de una entrevista con el entonces candidato a la presidencia Henrique Capriles: “Capriles dijo que apreciaba la ayuda que le había sido entregada y recibió con beneplácito la información de que para febrero de 2012 el apoyo de todos los candidatos con los que anteriormente ha trabajado la Usaid está más que garantizado. Capriles lamentó la salida de John Caufield, está de acuerdo al mismo tiempo en que ello, de ninguna forma, pondrá en peligro nuestros objetivo. Reiteró que si obtiene la victoria en las próximas elecciones, la política exterior de Venezuela será profundamente revisada y Caracas se convertirá en un confiable aliado de EEUU”.

Ese mismo informe elaborado por Cabrera Infante continúa: “Más adelante Keiderling le sugiere a Capriles que para minimizar las acusaciones del gobierno de Chávez sobre la injerencia de Washington en la campaña electoral venezolana los próximos encuentros los tengan en Colombia o en Estados Unidos a principios de 2012, para trabajar sobre la estrategia posterior”.

Por último, y según las filtraciones de Wikileaks, Keiderling le informa que los fondos del año en curso serán colocados según lo convenido y que partidas adicionales llegarían a través de ONG en Chile, Panamá, Colombia y la Unión Europea.

La nueva inquilina de la embajada de Estados Unidos tiene un interesante prontuario. Conviene, como siempre, estar atentos.

Más claro, ni el agua.

Anuncios