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Clima social ante los planes de distribución y producción alimentaria

VenezuelaJornada Clap en Parroquia San Agustín. Foto: AVN

Maduro designó a Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y Comandante Estratégico Operacional de la Fanb, a la cabeza de una batalla para acabar con el desabastecimiento y la carestía.

Durante los últimos meses se han mantenido los índices de desabastecimiento en el país. Continúan las largas colas en los establecimientos para comprar alimentos, medicamentos y productos de primera necesidad. Las familias han modificado sus consumos; pequeños comerciantes se han visto afectados por la poca oferta y las dificultades para adquirir bienes en el mercado. La economía ilegal continúa haciendo estragos a través de los llamados “bachaqueros” (personas que compran o consiguen productos a precios subsidiados por el Estado para revenderlos). Existe una inflación de tres dígitos y continúa la pérdida de valor de la moneda nacional en medio de una economía altamente especulativa. Todo eso es verdad y no es menos cierto que desde el Ejecutivo nacional se han promovido acciones en diferentes planos para combatir estos problemas que afectan a toda la población.

Una medida fundamental tomó el presidente Nicolás Maduro el 11 de junio, al poner en marcha la Gran Misión de Abastecimiento Soberano y Seguro, enfocada en la producción agroalimentaria, industrial y farmacéutica. Se trata de tres ejes claves de los 15 que componen los motores estratégicos de la Agenda Económica Bolivariana, creada a comienzos de año para avanzar hacia un nuevo esquema productivo que permita superar la dependencia petrolera.

“Es una gran misión cívico-militar y he dicho a nuestra Fuerza Armada que se ponga al frente de esta gran operación”, anunció Maduro y ubicó a la cabeza de toda la operación al Ministro de Defensa y general en jefe del Ejército, Vladimir Padrino López. Para su dirección se creó un Comando Presidencial Militar de carácter nacional, con la conducción central conjunta de Maduro y Padrino López. “Si queremos la paz, ganemos la guerra económica”, pidió el Presidente desde Miraflores. El objetivo es “liberar al pueblo de la economía criminal y los vicios en la producción y distribución de alimentos impuestos por valores propios del sistema capitalista, basado en la acumulación individual”.

Rápidamente opositores y medios denunciaron una supuesta “militarización” del suministro de alimentos y medicinas y se generó un debate en torno a la necesidad o no de la participación del componente militar en las cadenas de distribución de productos.

Agricultura urbana

El motor Agroalimentario e Industrial se propone “incrementar la producción nacional de los principales rubros, optimizar su distribución y garantizar la seguridad y soberanía alimentaria”, punto en el que se destaca la agricultura urbana y familiar.

“Transformar todo el hábitat urbano para convertirlo en hábitat productivo”, ordenó el presidente Nicolás Maduro el 28 de febrero durante la activación del Plan 100 días para la Siembra Urbana, cuya segunda fase se extenderá hasta el 31 de diciembre. Con ese propósito fueron activados el Plan Nacional de Producción y Distribución 2016-2020; la Corporación Venezolana para la Agricultura Urbana y Periurbana; acuerdos y programas de formación.

En junio pasado se celebró en Caracas el primer festival Vive la Agricultura Urbana, en el que se pudieron conocer las prácticas de la siembra en la ciudad. Hasta el 22 de julio se habían activado más de nueve mil unidades productivas de agricultura urbana. La meta es terminar el año con 30 mil.
Para Jonatan Cequea, responsable del equipo nacional de seguimiento y control productivo del Fondo para el Desarrollo Agrario Socialista (Fondas), “ante la necesidad provocada por la guerra económica, la gente busca y desarrolla alternativas”, y este proyecto “une a la comunidad, impulsa el desarrollo propio de las regiones y permite adquirir alimentos a un costo menor que en el mercado especulativo”.

Importantes barriadas en Caracas se han sumado a la siembra. Ejemplos exitosos son el caso del colectivo la Piedrita y la Fundación Tres Raíces en 23 de Enero. Para Cequea “se trata de colectivos que se han capacitado y organizado para formar y educar a la población”. Otro de los programas más enriquecedores es el de la Agricultura Familiar y Escolar, que desde el Ministerio de Educación apuesta por el desarrollo de huertos familiares en las instituciones educativas.

Según datos del Fondas, en julio se llevaban registradas 60 unidades de producción familiar, 39 bases agroproductivas socialistas, 18 bases de misiones y 75 unidades educativas.

Iniciativas para la distribución de alimentos

En aras de proteger a la población, de paliar la escasez y asegurar la entrega directa, equitativa, sin exclusión y segura de los alimentos a las comunidades, el Gobierno planteó la necesaria transformación del modelo distributivo y creó los Comités Locales de Abastecimiento y Producción Popular (Clap) como parte integrante del sistema popular de distribución de alimentos.

Desde su lanzamiento, a inicios de abril, se desarrolla una gran campaña mediática en su contra, a pesar de que las autoridades expresaron en varias oportunidades que los Clap no son la solución definitiva, sino una respuesta temporal para atender directamente a la población.
De acuerdo a datos aportados por el ministro de Alimentación, Rodolfo Marco Torres, en junio se habían conformado 16.967 Clap, integrados por el pueblo organizado en las comunidades, representantes de UnaMujer (Unión nacional de Mujeres) y el Frente Francisco de Miranda, además del Ministerio del Poder Popular para la Alimentación.

En el programa En Contacto con Maduro del 12 de julio, el Presidente anunció que para la fecha los Clap se habían puesto en marcha en 265 de los 335 municipios del país y alcanzaban una distribución de 85.495 toneladas métricas de alimentos a través de 26.787 jornadas de venta casa por casa, atendiendo un promedio mensual de 1,7 millones de familias.
Para Andrea Tovar, vocera de la comuna Zona Norte de la Parroquia Altagracia en Caracas, a través de los Clap se consolida el trabajo colectivo: “Estamos viviendo un proceso de engranaje de la sociedad, intentamos entendernos los unos con los otros a pesar de tener posiciones políticas diferentes”, explica. Opina a su vez que la situación es compleja para los militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), porque “hay personas débiles, que en el momento en que la necesidad comienza a apretar dudan de ellos mismos y de sus ideales políticos, planteando inclusive la necesidad de un cambio de gobierno”.

Gipsi Toro, miembro del Concejo Comunal “Gracia de Dios”, ubicado en la Comuna Zona Norte de Parroquia Altagracia, considera que “lo más difícil en todo este tiempo ha sido mantener la esperanza en el pueblo”, algo que sólo fue posible gracias al impulso de los mecanismos de respuesta y reacción implementados. Tal ha sido el alcance de los Clap que la clase media en el país empieza a dar pasos hacia la organización comunal, a los fines de participar de manera activa en las acciones impulsadas como respuesta a la coyuntura actual.

Toro reseña que en la Parroquia Altagracia, históricamente de clase media, ya hay 23 concejos comunales en proceso de construcción. “Son comunidades que se están organizando en función de los beneficios a los que apuntan los Clap”, comenta. También otras zonas pudientes del centro de Caracas y de la parroquia El Recreo mantienen procesos de formación de consejos comunales.

Mentiras detrás de la crisis

“En Venezuela existen todos los productos porque a mí me llegan a la puerta de mi casa por 90 dólares”, señalaba una señora en la cola de un establecimiento de la Avenida Andrés Bello de Caracas. También el empresario vasco Agustín Otxotorena, que vive en la capital nacional, reveló a través de las redes digitales que se consigue de todo en los supermercados del este de la ciudad y dijo estar harto de las personas que lo llamaban para decirle que en Venezuela no había comida o que se vive como en Somalia o Etiopía.

En efecto, si se recorren los supermercados del este caraqueño se encuentra una gran variedad de productos –todos importados– para las personas de altos ingresos, a través de cadenas de abastos y supermercados o de mafias bachaqueras, comerciantes y acaparadores que los ofrecen a elevados precios.

Tal es el caso de los “bachaqueros en Petare”, el barrio más grande de Caracas y uno de los más peligrosos, en donde se comercializan libremente todos los productos de la cesta básica –pero a un sobreprecio desorbitante– y tanto el dinero como la mercadería van y vienen a montones por sus calles. Petare parece ser el supermercado predilecto por los ricos de la ciudad para hacer sus compras, lo que ha llevado a la aseveración corriente de que “más miedo le da al pobre ir a Petare que al rico”.

Si bien se busca instalar la consigna “hay hambre en Venezuela”, según el criterio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) –que mide la cantidad de alimentos disponibles en un país en función del total de kilocalorías consumidas por persona por día– el país está lejos de padecer una hambruna. Se considera que un territorio tiene seguridad alimentaria cuando la disponibilidad de alimentos se sitúa en al menos 2.070 kilocalorías por persona al día. Según cifras del Instituto Nacional de Nutrición venezolano, para 1999 la disponibilidad se situaba en 2.200 kilocalorías, en 2011 se alcanzó un máximo de 3.500 y en 2015 fue de tres mil kilocalorías, muy por encima del mínimo que estima la FAO y de los niveles existentes a la llegada de Chávez al poder.

Desde Caracas,
Roxana Martínez

Tomado de América XXI N°134 – Agosto de 2016

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