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Breve e incompleta historia de operaciones norteamericanas de falsa bandera y otras barbaridades

Por Carlos Medina Viglielm

Cuántas operaciones hoy llamadas de falsa bandera fueron realizadas por los ejércitos norteamericanos desde los comienzos de la historia de ese país debe ser, sino imposible, algo bastante complejo de establecer. Sí sabemos que la nación hoy imperial expandió sus territorios a sangre y fuego saqueando primero a sus poblaciones originales y luego a México, país al cual sustrajeron la mitad de su territorio.

Entre las tácticas utilizadas por los militares norteamericanos para culminar con éxito sus operaciones de conquista en aquella época (transcurso del Siglo XIX), están las tradicionales, muchas de las cuales fueron delineadas por el genio chino de la guerra Tsun Tsu, en su obra “El arte de la guerra”, cuya primera edición en occidente apareció en francés en 1772 con el título de Art Militaire des Chinois, a cargo del jesuita Jean Joseph-Marie Amiot. Las tácticas a utilizar se seleccionan entre otras cosas en base a:

Los costos de la guerra

Y entre los “costos” de la guerra o de las operaciones militares en particular, están las bajas, la pérdida de combatientes a manos del enemigo o por circunstancias desafortunadas, así como la pérdida de vida de civiles que se encuentran en el terreno de las acciones bélicas. Estos “costos” son considerados por aquellos bajo cuya responsabilidad se realizarán las acciones y en base a ello, se dará la orden de ataque o no. En algún momento los generales (los superiores al mando), consideran que tal o cual número de bajas es “una pérdida razonable” en proporción al terreno, punto, colina o lugar conquistado y dan la orden.

Siempre, o casi siempre se ocasionan pérdidas de vidas (civiles o militares), que no habían sido consideradas. Esas pasaron en algún momento a ser “daños colaterales”, que han sido o serán subsanados con pedidos de disculpa por “errores de cálculo” o situaciones “absolutamente imprevisibles”.

Todo esto supuestamente dentro de los parámetros que establece la ética. Sun Tzu lo tuvo en cuenta. Pero ¿a qué ética responden los militares amantes de la guerra? ¿A qué ética respondieron los príncipes o reyes cada vez que se les antojó atacar por sorpresa al reino o feudo vecino con el solo afán de expansión territorial y saqueo? Los amantes de la guerra, que los hay y muy poderosos y los que negocian con la guerra, es decir los que fabrican armas, no se rigen por otra ética que la de la ganancia de capital. No son ellos los que van a morir en las trincheras.

Esa es la “ideología”, denunciada tempranamente no por ningún comunista sino por el mismo presidente de los Estados Unidos Dwight “Ike” Eisenhower en 1961 en su discurso de despedida (17 de enero de 1961). Eisenhower advertía a todos sus compatriotas sobre el peligro latente, constante y real de que “tenebrosos poderes al interior del mismo país, provenientes de los sectores oligárquicos y otros clanes financieros ligados al complejo militar-industrial usurpen el poder democrático y constituyan un gobierno secreto [en los EEUU], manipulando así, como si se tratase de un títere al gobierno de turno elegido por el pueblo”.

Esa ideología es la que está detrás de las operaciones llamadas de falsa bandera. A los consorcios militares no les afecta para nada que los muertos sean del bando propio. Lo que les interesa son los dividendos que les proporcionarán los negocios por cientos o miles de millones de dólares. Entonces la guerra se promociona como cualquier producto de consumo y las excusas para iniciarla se fabrican en base a supuestos “ataques del enemigo”.

El hundimiento del acorazado El Maine

A principio de 1898 la guerra por la independencia en Cuba estaba llegando a su fin con la cercana victoria de las fuerzas independentistas: España perdería su posesión más preciada. Esa fruta era codiciada por el naciente imperio. ¿Cómo hacer para entrar en la guerra? Llega entonces a La Habana “de visita” el 25 de enero de ese año, el acorazado de bandera norteamericana El Maine. El 15 de febrero el acorazado sufre un atentado dinamitero y se hunde. La oficialidad (blanca) había descendido. A bordo se encontraba la marinería, en gran parte compuesta por negros. Murieron en la explosión cerca de 300. Estados Unidos acusa a España por el atentado y se mete, de esa manera en la guerra, tomando la dirección de las acciones.  Al final, y pese a las advertencias de José Martí sobre las intenciones del Imperio, se instaura en Cuba una república mediatizada bajo la dirección política de los EUA. En 1903 los EUA ocupan la Bahía de Guantánamo  instalando allí una base naval que permanece ilegalmente hasta hoy.

El hundimiento del vapor Lusitania

Estados Unidos estaba al margen de la Primer Guerra Mundial (1914-1918), hasta el hundimiento del vapor Lusitania, supuestamente a cargo de un submarino alemán. La cuestión es que el hundimiento hizo que la opinión pública norteamericana, que hasta ese momento se oponía a la participación en la guerra, cambiara de parecer y los Estados Unidos (o sea los fabricantes de armas y pertrechos militares norteamericanos) entraran en la guerra. El hundimiento del Lusitania, que se saldó con la muerte de casi 1200 personas,  se convirtió en un símbolo de las campañas militares de reclutamiento.

Las investigaciones contemporáneas del accidente que se llevaron a cabo en Reino Unido y Estados Unidos, acerca de las causas precisas que había provocado la pérdida del barco fueron obstruidas debido a las “necesidades de mantener secretos en tiempos de guerra”.

El ataque a Pearl Harbor

Teniendo en cuenta los costos humanos que significó la participación de los EUA en la Primer Guerra Mundial, el pueblo norteamericano estaba en contra de la participación de sus tropas en la nueva contienda europea iniciada por los nazis en septiembre de 1939. Eso hasta el 7 de diciembre de 1941.

Ese día, a eso de las 6.30 de la mañana, el destructor Ward de la armada norteamericana patrullaba a la entrada de Pearl Harbor en las islas Hawaii. Algunos de sus marineros reportaron la presencia de lo que se descubriría 60 años más tarde: uno de los cuatro mini submarinos japoneses que participarían en el famoso ataque, durante el cual fue mandada a pique la mayor parte de la flota norteamericana del Pacífico.

Los artilleros del Ward dispararon con un cañón de 8 cm. El proyectil atravesó la base de la torreta del mini submarino que se hundió, para desgracia de sus dos tripulantes, que nunca llegaron a participar del ataque que se avecinaba. El capitán del Ward reportó al alto mando el incidente, el cual fue anotado como “sin importancia”. Pocos minutos después se desató el infierno bajo las bombas y torpedos japoneses que tomaron “totalmente por sorpresa” al mando norteamericano.

Hoy se sabe que en realidad, los criptógrafos de la marina norteamericana tres días antes habían descifrando los mensajes japoneses que daban cuenta del ataque, en el cual murieron más de 3.400 personas, entre militares y civiles.

Al día siguiente, 8 de diciembre y tras un encendido discurso del presidente Franklin D. Roosevelt (discurso conocido como el discurso de la Infamia), y con la opinión pública ahora a favor, declaró la guerra contra el Japón, entrando Norteamérica (léase, los consorcios fabricantes de armas y pertrechos), en la II Guerra Mundial.

O sea: a los consorcios militares norteamericanos, que de inmediato pusieron las fábricas a full para reponer primero los barcos y aviones perdidos en el ataque japonés, entrar en el fabuloso negocio de la II Guerra Mundial, costó poco más de 3400 “daños colaterales”.

2001, “Ataque a las Torres Gemelas”

El año 2001 tuvo lugar la más espectacular operación de “falsa bandera”, a manos de la “inteligencia” de los consorcios militares norteamericanos y la segura participación de los “servicios” israelíes. Estos últimos, teniendo en cuenta que las guerras que de inmediato se desataron llegaron en beneficio del Estado sionista.

Estudios hechos por investigadores norteamericanos, ingleses, franceses y rusos, y las propias filmaciones de ese día, dan cuenta con lujo de detalles de la “demolición controlada” de las torres y también del llamado Edificio 7, que no se vio afectado por los ataques aéreos, pero que se derrumbó de la misma manera, como se ha mostrado tantas veces en los programas de un canal de televisión por cable.

A esta sangrienta operación de “falsa bandera”, se sumaron el gobierno del Reino Unido, encabezado por Tony Blair, y el gobierno de España encabezado entonces por el franquista José María Aznar (contra la opinión de los españoles). Esta alianza criminal manipuló luego groseramente a las propias Naciones Unidas, organización que quedó como un adorno en el paisaje de Nueva York, absolutamente inoperativa.

A los consorcios militares norteamericanos y sus socios europeos, desatar las guerras contra Afganistán e Irak, países que fueron reducidos a escombros, costó alrededor de 3 mil “daños colaterales”, más los que han ido muriendo posteriormente afectados por la radiación de los explosivos usados en la demolición de las torres. (más varios investigadores del ataque, muertos en circunstancias más que sospechosas).

Los “escalones” siguientes

En otra muy inteligente y descarada acción, en la que el gobierno norteamericano manipuló otra vez a las propias Naciones Unidas, se estableció la MINUSTAH, una ocupación militar de Haití, (lo más cercano a Cuba), en la que participan delegaciones militares de varios países “por el bien de las haitianos”, regalándoles de paso una buena epidemia de cólera.

El ataque y posterior saqueo a Libia se realizó tras una corta campaña de denuncias (promoción bélica), contra el líder libio Muamar el Gadafi. La floreciente nación fue reducida a escombros y se debate hoy en una espiral de violencia sin fin. Eso al gobierno norteamericano ya no importa. Lo que importaba era asegurarse el petróleo libio.

Después le tocó el turno a Siria, donde la guerra fomentada por Estados Unidos y sus aliados, entrenando, armando y financiando a los enemigos del gobierno lleva ya sembrando el terror durante 5 años. En el transcurso de esta contienda, se dio a conocer uno de los más terribles engendros de las “inteligencias” norteamericana e israelí: el llamado Estado Islámico (Daesh), con sus espantosos crímenes, filmados y expuestos con las mejores técnicas de propaganda bélica. Esta vez, las operaciones de “falsa bandera” tuvieron muy posiblemente como escenario países como Francia y Bélgica, con el fin de “preparar” las poblaciones de esos países a favor de intervenciones militares “contra el terrorismo” promovido por países de Medio Oriente.

El freno de mano: Rusia entró a tallar en la zona de guerra

Durante casi cuatro años, los norteamericanos dijeron combatir al Estado Islámico, cuando en realidad lo abastecían, para tratar de voltear al gobierno de Bashar al Asad y  mientras, apropiarse del petróleo sustraído a Siria por los terroristas vía Turquía. Eso al parecer, no tuvo más remedio que terminar. Los certeros ataques de la aviación rusa pusieron en fuga a los terroristas del Daesh. Los norteamericanos, “despacito por las piedras”. Porque con los rusos, que pueden hacerle frente al Imperio en igualdad o en mejores condiciones, no se juega.

¿Es, acaso el fin de las llamadas operaciones de “falsa bandera” ejecutadas por el Imperio y sus socios? Que nadie se haga ilusiones. Hasta que el imperio no caiga y lo hará indefectiblemente en la propia espiral de violencia que ha sembrado, siempre habrá que esperar capítulos peores. ¿Qué están tramando para Venezuela? ¿Qué están tramando con el sembrado de bases militares en Sud América?

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