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¿De qué lado nos ponemos?

Por Carlos Medina Viglielm

Las derechas del continente, encabezadas por los gobiernos golpistas de Paraguay y Brasil, a quienes se suman los gobiernos de Mauricio Macri en Argentina y (a los empujones pero va), Tabaré Vázquez en Uruguay, y otros gobiernos de centro y Sudamérica, arremeten contra el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela.

La campaña por la reconquista de los pozos petroleros de Venezuela por parte de los Estados Unidos de América acelera la marcha con Luis “El Basura” Almagro desde la OEA en la punta. Respaldando al cipayo ex canciller de Uruguay salen hoy a mostrar su actitud de “demócratas intachables”, defensores de las instituciones y las leyes, todo un rosario de parásitos parlamentarios y entre ellos algunos bastante conocidos como Rafael Michelini, hijo del Senador Zelmar Michelini asesinado por la derecha uruguaya en Buenos Aires en 1976.

El “denominador común” de los discursos de apoyo a la derecha venezolana, tan subversiva y tan criminal al fin como cualquier otra derecha en el continente y en el mundo, es que el gobierno de Nicolás Maduro no ha cumplido con implementación del Referendo Revocatorio,  a lo que hay que agregar, que en Venezuela “hay presos políticos”.

Quienes se presentan como demócratas y defensores de la libertad y las leyes, dejan de lado, ignoran las verdaderas intenciones no solo de la derecha golpista de Venezuela sino todas las intrigas golpistas que tuvieron lugar en Honduras, Paraguay o Brasil o el brutal desconocimiento de la vida humana por parte del gobierno de México, cómplice de asesinatos colectivos como el de los 43 estudiantes de Iguala.

La actitud de estos parásitos parlamentarios, apoyados por los grandes medios de des información, es tan vergonzosa como repugnante. Saben perfectamente qué es lo que está en juego: para nada la democracia o el bienestar del pueblo venezolano, sino la libertad de los empresarios capitalistas para utilizar en su beneficio y de sus amos norteamericanos, los recursos de Venezuela. En Venezuela no hay presos políticos, sino políticos presos por subversión.

Y a esta altura hay que hacer un llamado de atención a aquellos que hoy, sumándose a los ataques de las derechas, le señalan al gobierno de Venezuela supuestos errores. Lo más posible es que el gobierno del PSUV haya cometido y cometa muchos errores. Y a la prueba nos remitimos: perdió las elecciones parlamentarias. Se confió en las simpatías que provocaban todos los beneficios que brindó al pueblo, escuelas, servicio médico, casas nuevas por cientos de miles pero, sin dudas, descuidó la formación ideológica. Evidentemente no basta con beneficiar al pueblo materialmente y menos si las fuerzas de la derecha cuentan con todos los medios a su alcance para engañar a la gente, crear una situación de escasez brutal o pagar a sicarios para provocar desórdenes en las calles, incendiar unidades del transporte colectivo o policlínicos barriales y después salir a vociferar que defienden la libertad.

O sea: el PSUV cometió errores y por ellos está pagando al enfrentar las dificultades que enfrenta. El gobierno venezolano encabezado por Nicolás Maduro ha tomado medidas para frenar el avance de la derecha. Estas medidas han sido fuertemente criticadas por las derechas del continente que se rigen, claro está, por la “ley del embudo”. Ellas pueden usar esos métodos y otros más arteros pero, el gobierno de Venezuela no: “eso no es democracia”.

Está en juego entonces la continuación de un proyecto revolucionario que fue enormemente solidario con todos los hermanos del continente y más allá. O los pueblos del continente alzan la voz en su defensa, o el proyecto  es avasallado a sangre y fuego ¿De qué lado nos ponemos?

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