Etiquetas

,

Sin embargo, Trobo, que fue ministro de Deporte en el gobierno que presidió Luis Alberto Lacalle y en el del recientemente fallecido Jorge Batlle, fue uno de los ministros más cuestionados en los 40 años que pasaron desde que se restableció la democracia en Uruguay. Trobo no será recordado por las hazañas deportivas que se gestaron durante su gestión, sino por sus habilidades en las pruebas de velocidad. Dicen las crónicas de la época que Trobo era más rápido que las liebres, corría más que un etíope y lanzaba los ñoquis más lejos que la jabalina.

No sólo se vive de ñoquis

Su gestión fue por demás escandalosa. Al momento de retirarse de ese ministerio, nadie podía saber cuál era la magnitud de los acomodos, cuántos contratos cachet se habían firmado durante su gestión, quiénes fueron a trabajar amparados en esos contratos y quiénes no fueron jamás ni siquiera a firmar tarjeta. Hasta que él asumió el ministerio los contratos cachet eran una modalidad de vínculo laboral en el Estado que se usaba exclusivamente en el Ministerio de Educación y Cultura para contratar artistas, docentes o figuras de la radio y la televisión, originalmente para los elencos del Sodre. Desde que Trobo fundó el Ministerio de Deportes esta modalidad se hizo extensiva a esa cartera en lo que se podría considerar una licencia fundacional. Al principio se contrataban docentes para el Instituto Superior de Educación Física, luego pasaron a ser “profesores” toda suerte de herreristas, en el aluvión más ciclónico de toda la historia de la administración pública.

Se comprobó que por esta modalidad Trobo contrató a 200 “profesores”, la mayoría de los cuales nunca habían dado clases de nada, y algunos incluso ni siquiera habían cursado en ningún instituto de enseñanza superior. Para salvar este inconveniente, Trobo pergeñó una ficción, un llamado Instituto de Montevideo, totalmente inexistente, donde los profesores “coordinaban” su actividad docente con 30 horas semanales e integrando mesas examinadoras.

Ante la inexistencia del mencionado instituto, que sólo existió en los papeles y en la imaginación del ministro, los contratados tenían dos opciones. Algunos trabajaban en otra función que la asignada en el contrato; otros sólo iban a cobrar el sueldo todos los 29, para hacer honor a la pasta de papa que se come una vez al mes.

Pasaron por la ventanilla donde se firmaban sus contratos un par de centenares de herreristas –aunque no sólo herreristas– que ostentaban el pomposo título de “profesor”. Médicos, contadores, abogados, secretarias, choferes, cientistas sociales y hasta un peluquero fueron doctorados por Trobo en ese corto lapso en el que se desempeñó como atleta.

Tan multitudinario fue el personal que Trobo hizo ingresar a las plantillas de trabajo, que no alcanzaban los escritorios ni las sillas para ubicar “profesores” en los reducidos salones elegidos para este efímero ministerio, que desapareció del organigrama estatal poco tiempo después de que se retirara el ministro. Lo sustituyó Leonardo Guzmán, y luego Pedro Bordaberry.

La especialidad de Trobo durante su gestión fue la de las contrataciones. Más de 200 pases en comisión, 200 contratos cachet, servicio asesoramiento a cargo de técnicos extranjeros con abultados emolumentos en dólares, profesionales, contratos de obra, periodistas, choferes, secretarias y el peluquero compusieron la legión de acomodados que Trobo dejó en herencia al retirarse del Ministerio de Deportes. Sólo un monumental esfuerzo de sus sucesores, Guzmán y Bordaberry, pudo al fin desmontar.

Trobo, más astuto que una comadreja, se salteó mediante estratagemas los controles del Tribunal de Cuentas, violó normas legales establecidas en el Código Civil, el Tocaf y tal vez la ley penal, firmó documentación que atribuía la condición de profesor a numerosas personas que nunca habían ostentado tal título ni cursado estudios que lo acreditaran.

La comisión investigadora parlamentaria que analizara el pasaje de Trobo por el Ministerio de Deportes pasó sin pena ni gloria. Nadie quiso cuestionar a Trobo, quien a la sazón integraba la Cámara de Diputados, pese a que un millar de documentos y dictámenes jurídicos probaban su desastrosa, irresponsable e ilegal gestión.

Con Trobo, todos los días eran 29. Con Trobo de ministro, había ñoquis hasta la indigestión.

La Guerra Fría en Montevideo

Jaime Trobo es un diputado con reputación. Maneja buena guita. Con los bolsillos llenos, es probable que logre durante mucho tiempo estar bien ubicado en las lista del Partido Nacional. Trobo tal vez no tenga votos, pero tiene buenas relaciones. Es el diputado de la CIA y por ese motivo presidió en más de una oportunidad la Comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Diputados, con el apoyo de todos los partidos. Ni en Estados Unidos la CIA tiene a un hombre tan bien ubicado en el Congreso de su país.

Hace poco más de cuatro años Caras y Caretas denunció la existencia de una curiosa organización con sede en Argentina. Se trata de una ONG, “sin fines de lucro”, que se denomina Centro para la Apertura y el Desarrollo de América latina (Cudal). Esta organización tiene también su sede en Montevideo, en la calle Yaguarón 1407, en el piso 4 de la Torre de los Profesionales. Se trata de una base de operaciones anticubanas sustentada por los mecanismos usuales de financiación que tienen la CIA y el Departamento de Estado estadounidense para hacer llegar sus voluminosas contribuciones: la National Endowment for Democracy, la Usaid y algunas otras fuentes de financiación menos explícitas pero de la misma índole, como la Fundación Atlas y la Fundación Panamericana para el Desarrollo (Fupad). Esta última fue creada por acuerdo con la Organización de Estados Americanos en 1962, y además de ser fachada de la CIA con sede en Washington, tiene sucursales en América Latina y es una captadora de recursos de instituciones públicas y privadas, tal como lo son la Usaid, The Hampshire Foundation, la tabacalera Philip Morris y el propio Banco Mundial.

Cudal fue fundada en Argentina en febrero de 2003 y es presidida por un ignoto periodista llamado Constancio Salvia, quien fue fundador de la Fundación Atlas, otra fachada de la ultraderecha argentina, receptora habitual de recursos espurios. Antes de que surgiera la Revolución Bolivariana en Venezuela, su obsesión casi exclusiva eran los derechos humanos en Cuba, sobre lo que la Cudal editó más de una docena de libros y organizó acciones y eventos tales como la visita de las Damas de Blanco, la de Huber Mattos y la del disidente cubano y agente de la CIA Carlos Alberto Montaner.

En Uruguay, la Cudal también organiza actividades similares, que a veces son la continuación de los eventos realizados en Argentina. Otras veces han hecho reuniones, seminarios y conferencias sobre temas internacionales y locales, en las que han participado legisladores y autoridades, incluyendo algunos del gobierno y periodistas relacionados fundamentalmente con el semanario Búsqueda, como Danilo Arbilla, Claudio Paolillo, Nelson Fernández Ronzoni y Thomas Linn, y algunos cientistas sociales con Adolfo Garcé y Romeo Pérez Antón, quienes figuran en su Consejo Académico. Estos eventos, que cuentan en ocasiones con el financiamiento de la fundación derechista alemana Konrad Adenauer, se realizan en el local de la calle Yaguarón o en el Palacio Legislativo. Trobo es una de las figuras principales en estos eventos, y junto a Luis Alberto Lacalle participa en numerosas actividades en América Latina y Europa, y especialmente en Miami, donde reciben el aplauso de organizaciones vinculadas al exilio cubano y a la ultraderecha venezolana.

Pero no sólo de la Cudal y de la Fundación Adenauer recibe estipendios Trobo. También del Directorio Democrático Cubano, con sede en Miami, del que Trobo es la cara visible en Uruguay. También del Comité Internacional de Solidaridad con Cuba y del Instituto Internacional Republicano.

En el período transcurrido de 2001 a 2012, el Directorio Democrático Cubano recibió 19.472.490 dólares de fondos gubernamentales de Estados Unidos para fomentar actividades de oposición al gobierno de Cuba. El Congreso de Estados Unidos y la propia organización anticastrista Fundación Cubano Norteamericana han auditado sus balances sospechando la utilización ilegal de dichos fondos.

Trobo ha recorrido el mundo promoviendo actividades subversivas contra el gobierno de Cuba y ha dispuesto de recursos para sus actividades, entre otros países, en Paraguay, Colombia, Panamá, Madrid, Miami y Argentina. En muchas de estas visitas se ha presentado como representante del Parlamento Latinoamericano, y se ha entrevistado con parlamentarios de Estados Unidos, exmandatarios, agentes de la CIA cubanos y periodistas de nuestro continente y europeos.

***

La pesada de la CIA

Alejandro Melgar es un abogado boliviano con nacionalidad uruguaya que fue detenido en Uruguay en 1972. Requerido por las autoridades bolivianas, está imputado por haber financiado la operación de una célula terrorista que planificó el asesinato de Evo Morales. Desde 2009 residía en Uruguay y fue apresado en el aeropuerto, requerido por Interpol, cuando abandonaba el país hacia Brasil.

La célula terrorista integrada por un boliviano y varios extranjeros, un húngaro, un rumano y un irlandés, fue desbaratada por la Policía boliviana en 2009. Murieron los anteriormente mencionados y se involucró a otras 40 personas por su presunto vínculo con la organización criminal.

Entre estos estaba Melgar, un abogado ultraconservador de derecha relacionado con la dictadura del general Hugo Banzer, que ocasionalmente se encontraba en Mendoza (Argentina) participando en un certamen de tiro. Según la indagatoria, Melgar fue una pieza clave: financió los pasajes y las armas para los integrantes de la célula terrorista.

Casi todos los mercenarios extranjeros eran veteranos de la guerra de los Balcanes a fines de la década de 1990.

En Uruguay, la causa de extradición cayó en la órbita de la jueza de Crimen Organizado Adriana de los Santos, quien decidió acceder a la solicitud de la Justicia boliviana. El fallo fue apelado y el Tribunal de Apelaciones resolvió dejar sin efecto la extradición por hallar vicios de forma en el pedido boliviano, aunque accedió a que se le juzgue en Uruguay por el delito de terrorismo. Actualmente Melgar está libre en Uruguay, aunque la apelación está en casación y se espera un fallo de la Suprema Corte.

El caso, que como corresponde se tramitó en la justicia de Crimen Organizado, se instaló de la mano del diputado de la CIA Jaime Trobo en el ámbito parlamentario. Trobo aumentó su presión, llevando el tema a las redes sociales y cuestionando la actuación de la Justicia uruguaya, que, según él, se prestó durante 1.265 días a una persecución política de Bolivia. Además, Trobo no se limitó a su actuación parlamentaria, sino que se comunicó en forma telefónica con varios operadores judiciales que intervinieron en el proceso penal contra Melgar, para pedirles “conversar” sobre el “asunto”, perfeccionando así lo que un juez consideró una presión inaceptable, que implica incidir en la independencia del Poder Judicial.

***

Trobo mete y mete

Jaime Trobo es un mediocampista que corre toda la cancha. Su especialidad son las operaciones internacionales de la mano de la CIA, pero no ha dudado cuando ha tenido que poner pierna fuerte ante la Justicia.

El inspector principal (R) Carlos de Ávila, exdirector de Cárceles, había sido procesado en 2003 por abuso de funciones y desacato en el juzgado de 8º Turno que ocupaba el juez Pablo Eguren. El 17 de julio de ese año, el Tribunal de Apelaciones confirmó el procesamiento e instó a Eguren a seguir investigando ante la existencia de indicios firmes sobre conductas mucho más graves, tales como homicidios y tráfico de drogas.

Como en otras oportunidades Trobo intercedió ante la Justicia mediante una declaración jurada en la que se expresaba sobre la calidad de persona que era De Ávila. Tal declaración acompañó un escrito del abogado de De Ávila por el que se pedía la excarcelación. En su declaración Trobo aseguraba que De Ávila era una persona de bien a quien lo unía no sólo una amistad de años, sino que en su momento fue su referente en materia de seguridad. Afirmaba, además, que De Ávila era una persona honorable y correcta.

Tanto la fiscal Mónica Ferrero como el magistrado competente rechazaron el pedido y confirmaron el procesamiento y la pena de prisión.

Anuncios