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Por Carlos Medina Viglielm

“Son los comunistas los que piensan como los cristianos,”

Papa Francisco – 11/11/16

La victoria electoral de Donald Trump en los EUA –dicen-, “ha sorprendido al mundo”, ha provocado caída en las bolsas de valores y algunos reconocimientos “críticos” como el de Angela Merkel en Alemania. Pero no debería haber sorprendido a nadie o al menos, a aquellos que se dicen “informados”.

Las alarmantes similitudes de la llegada al gobierno de los EUA por parte de Trump con el ascenso al poder de Adolf Hitler en enero de 1933, no pueden haber pasado desapercibidas para quienes conocen la historia y a los principales contendientes en la lid que se libra por la posesión del mundo, porque se trata de eso. El poderío militar en manos de Trump por otra parte, con sus nueve flotas patrullando los mares del mundo, deja a Hitler casi como un niño de escuela.

Al igual que pasó con el Fürer hubo también esta vez voces de alerta, como es el caso del cineasta Michael Moore que, en el pasado mes de julio anticipó que Trump ganaría. Aunque tal vez ni siquiera él haya dado una explicación correcta. Eso porque Moore ha expresado que “hubiera querido que ganara Hillary Clinton”.

Pero es que el triunfo de Trump, se debe en gran medida a la acción de la candidata demócrata y de las acciones políticas llevadas adelante por el presidente Obama y de presidentes anteriores. Ellos son líderes en un país que se rige por la violencia, que margina a decenas de millones de ciudadanos y a otros millones los explota como indocumentados; ellos legitimaron las agresiones a nivel internacional como hicieron con Irak, Afganistán, Libia y Siria, todo aceptado, todo bien es, “la principal democracia del mundo”. No hay por otra parte ni superficial ni profundamente grandes diferencias en el accionar de los dos partidos que en los EUA se disputan el mando de la nación, elección tras elección. Ambas organizaciones políticas, responden en esencia a los mismos mandos: los grandes consorcios fabricantes de armas (y guerras), los empresarios petroleros y la gran banca especuladora.

Hay quienes intentaron explicar la victoria del republicano en la madrugada del día después, diciendo que Trump había sido votado por ciertas capas de norteamericanos blancos descontentos con los gobiernos anteriores. Hay quienes han explicado el insuceso como consecuencia del “voto oculto”, que desdijo lo que establecían todas las empresas encuestadoras. Trump ganó con una mayoría holgada (en una votación mayor que en ocasiones anteriores) y no se trata de que quienes lo votaron fueron confundidos por sus discursos electorales. No. Esos que desmintieron a las encuestadoras, votaron a alguien que expresó su misoginia y xenofobia, a alguien que en cualquier país de poco tamaño con un sistema judicial que no se dejara comprar por sus millones, Suecia por ejemplo, habría enviado a Trump a la cárcel por lo menos por acoso sexual o por incitación al odio contra minorías. Algo –esto último-, que no hizo en una oportunidad o en dos, sino cada vez que se subió al estrado.

¿A quién votaron los norteamericanos para que tenga a mano el botón de disparo de los cohetes intercontinentales portando bombas atómicas? Sea como sea, a un energúmeno fascista, al máximo representante hoy de todo lo malo, de toda la injusticia social que genera el sistema capitalista, a alguien que puede llevar al mundo al holocausto final, a lo más parecido al anticristo.

“Voz del pueblo, voz de Dios”

¿Quiénes más son los que apoyan el ascenso de Trump? Sin dudas los sionistas israelíes, que esperan que Trump termine con el “impase” establecido por Obama respecto a Irán. Pero hay unos cuantos “suporters” más repartidos por el mundo. Trump tiene las simpatías, sin ninguna duda, de los neofascistas españoles del Partido Popular. Entre los primeros saludos de felicitación al triunfador, estuvieron los de dos organizaciones: el Frente Nacional, partido de ultraderecha francés que encabeza de Marine Le Pen y el partido neonazi Amanecer Dorado en Grecia. Para muestra…

Luego están aquellos que harán la vista gorda, al igual que muchos gobiernos en su momento hicieron con Hitler, (Los Estados Unidos), tratando de sacar alguna ventaja o recoger algunas migajas, muy posiblemente los gobiernos golpistas de Paraguay y Brasil o el de Argentina entre otros.

En las primeras horas tras saberse el resultado electoral, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez dijo: “Voz del pueblo, voz de Dios”.

Tratándose del presidente de un país laico la frase es absolutamente inapropiada. De acuerdo con su investidura, podría haber dicho que “el pueblo norteamericano es soberano” y quedar bien. Para qué mezclar a Dios en todo esto, sabiendo por un lado que gran parte de los votantes norteamericanos son adherentes a sectas religiosas y que gran parte del propio pueblo uruguayo, por las mismas creencias, lo tomará literalmente.

Mal puede la frase, emitida de manera tan irreflexiva como irresponsable, dar claridad al pueblo al que representa, y menos cuando la agrupación política a la que pertenece, el Frente Amplio, ha soslayado la labor ideológica desde su ascenso al gobierno hace doce años, haciéndole la tarea fácil a los partidos de derecha.

Pero parece que no está todo perdido. Mientras que Vázquez, elegido a presidente siendo miembro de un partido de izquierdas, da valor supremo al voto de los norteamericanos y con ello lo legitima, el Papa Francisco invita a los fieles a rebelarse contra la injusticia social y dice que “son los comunistas los que piensan como los cristianos”. Tal vez haya que volver a las catacumbas.

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