Etiquetas

, ,

Hace pocos días el ex presidente de Uruguay José Mujica, encontrándose en España dijo, refiriéndose a Leopoldo López, uno de los políticos encarcelados en Venezuela: “no me gustan” los “presos políticos en ninguna parte de la Tierra”.

Caras & Caretas – Montevideo

Miembro de la aristocracia venezolana, admirador de Bush y de Álvaro Uribe Vélez, golpista e incitador de “La Guarimba”; éste es el perfil de Leopoldo López.

La encarcelación del derechista venezolano Leopoldo López ha despertado la solidaridad de los grandes medios de comunicación internacionales. La mayoría de mensajes tienden a enfatizar la supuesta persecución, impulsada por motivos meramente políticos, que el gobierno bolivariano lleva años implementando contra él. En este sentido, su figura se configura a modo de mártir de las clases altas venezolanas y de los intereses estadounidenses en la zona.

Leopoldo López proviene de la aristocracia venezolana, cursó su educación terciaria en los elitistas centros educativos estadounidenses Kenyon College de Ohio y Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, en Cambridge. Entre los años 2000 y 2008 se desempeñó como alcalde del municipio caraqueño de Chacao, hasta que fue inhabilitado por malversación de fondos públicos.

Fue desde su puesto de alcalde que participó en el golpe de Estado perpetrado por la oligarquía venezolana y la inteligencia estadounidense contra el entonces presidente, Hugo Chávez Frías. Él fue uno de los tantos firmantes del conocido como Decreto Carmona, el cual reconocía como nuevo presidente de transición nada menos que al líder de la patronal venezolana, Pedro Carmona (detalle que muestra el carácter eminentemente clasista de dicho golpe de Estado). Varios videos de noticieros del momento prueban su compromiso golpista. En ellos se le puede ver dirigiendo la detención del entonces ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, y referirse explícitamente ante los medios de comunicación a Pedro Carmona como “Presidente Carmona”.

El 11 de abril encabezó la violenta marcha al Palacio de Miraflores, la cual se cobró varias decenas de víctimas en las calles de Caracas, y cuya cobertura mediática por parte de los grandes medios de comunicación supuso uno de los más claros casos de manipulación y de afrenta a la deontología periodística de las últimas décadas. Algo que quedó demostrado en el conocido documental “Puente Llaguno: claves de una masacre” (2004).

El perfil violentista de López ha generado controversias dentro de la propia oposición venezolana, como reveló un cable de Wikileaks en 2009. Por esto, desde Washington se acordó desplazarlo de la primera línea de la campaña.

Sus vínculos políticos internacionales incluyen el Partido Republicano estadounidense, a cuya sede hizo varios viajes después de 2002, así como funcionarios del gobierno de George W. Bush. En 2011 se reunió con el ex-presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez, impulsor de la sanguinaria campaña de terrorismo de Estado que vivió Colombia durante su mandato, al que dedicó esta declaración: “de Alaska a la Patagonia, Colombia es una referencia absolutamente necesaria e innegable de lo que significa éxito en materia de seguridad”.

Violencia en “La Salida”

En 2014 instigó a la violencia, a través de los medios de comunicación del país, en las manifestaciones enmarcadas en el plan “La Salida”, destinado al derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. Estos actos tuvieron lugar siguiendo la estrategia insurreccional de las “guarimbas”. Este sistema, en palabras de su principal ideólogo en Venezuela, Robert Alonso, pretenden “crear un caos anárquico a nivel nacional” con el fin de provocar “la insubordinación constitucional creando la necesidad de una acción cívico-militar”. Así, se instaba a los manifestantes a cortar las vías principales de sus barrios y sembrar el caos y la violencia en el país.

En palabras de Roberto Alonso “quién sabe si mientras la ciudad está totalmente trancada -fuego por donde quiera, barricadas, etc.- a algunos grupos más extremistas se les ocurra hacer maldades aquí y allá. Si esto ocurriese, no habría movilidad de acción para la represión porque todo estaría trancado […] el Plan Ávila se quedaría corto, muy corto, más bien enano”.

Durante esas jornadas se pudieron ver quemas de transportes de alimentos, de facultades, de centros sociales e instituciones públicas, colocación de alambres cruzando las calles para derribar motoristas, envenenamiento de aguas en algunas localidades, incluso agresiones gratuitas a animales callejeros (baleo y quema de perros), etc. El saldo final fue de varias decenas de muertos, más de la mitad policías.

Cabe contextualizar que este tipo de actividades, tales como la participación probada en un golpe de Estado o la incitación pública y la ejecución de la violencia previa a la tragedia que desencadenó, serían duramente penadas en la mayoría de Estados del mundo (imaginemos cómo castigaría el gobierno estadounidense a los cabecillas de un hipotético golpe fallido contra el presidente Obama).

En este sentido, podemos afirmar que la campaña mediática gestada en torno a este heroico paladín de los aristócratas y poderosos obedece principalmente a los intereses económicos y geoestratégicos que EEUU y sus aliados tienen en Venezuela, más que al embanderamiento filantrópico en pro de los derechos humanos.

Anuncios