Etiquetas

, , , , ,

esteve-bannonSupremacista blanco y antisemita, ha sido oficial de la Marina, banquero en Goldman Sachs, actor secundario en Hollywood, magnate mediático, productor de cine y director de campaña del ganador. Ahora será el jefe de Estrategia en la Casa Blanca.

(ctxt – Público – Madrid)
Nueva York | 19 de Noviembre de 2016

Según el día en que se deja fotografiar, Stephen, ‘Steve’, Bannon tiene pinta de veraneante noruego en Torrevieja, de desaliñado malo de película de serie-B, de amable funcionario de oficina de correos, de amargado defraudador prófugo de la justicia internacional, de astuto ingeniero de la ‘scuderia’ Toro Rosso, de borracho bonachón de pub inglés o de consumidor insaciable de porno casero.

Su capacidad camaleónica no es casual.

Como el ‘pirata cojo’ de la canción de Sabina, Bannon ha sido oficial de la Marina Estadounidense, banquero de Goldman Sachs, productor de documentales, actor secundario en Hollywood, magnate mediático y director de campaña de Donald Trump. Desde el domingo, es el hombre fuerte de la no-nata administración trumpista. El presidente electo ha nombrado a su equipo de asesores directos, paso previo a la elección de su gabinete, y Bannon está en la cúspide de la pirámide. Será jefe de Estrategia del Presidente Trump, lo que le sitúa a la par que el líder del Partido Republicano, Reince Priebus, jefe de Gabinete, pero con mucho más poder real que este. Según Ryan Lizza, corresponsal político de la revista The New Yorker, Bannon es y será el “asesor político más importante” del nuevo presidente.

¿Qué hace alguien como Bannon, sin experiencia política ni partido conocido, en la Casa Blanca? Una cosa está clara: no hubiera llegado a donde está sin Breitbart.

Fundada en 2005 por el joven millonario conservador Andrew Breitbart, la web de noticias del mismo nombre logró abrirse paso en el ecosistema de los new media con una mezcla de sensacionalismo y sesgo ideológico que se ha demostrado rentable en la era del consumo de noticias por algoritmo. Breitbart, telegénico, vacuo e insaciable a partes iguales, había tenido buenos maestros en el arte del titular cautivador y la rapiña del trabajo de otros: recién graduado en la universidad, trabajó en los noventa para Drudge Report, y Arianna Online, precursor conservador del Huffington Post, editado desde la mansión de la entonces archiconservadora Arianna Huffington.

‘Breitbart’ logró abrirse paso en el ecosistema de los nuevos medios con una mezcla de sensacionalismo y sesgo ideológico, rentable en la era de los clics

Como Huffington y Drudge, Breitbart fundó un medio a su imagen y semejanza. El joven empresario mediático se fue abriendo paso como comentarista televisivo al tiempo que Breitbart.com lo hacía como web de culto de la derecha estadounidense. En su origen, la web agregaba noticias de agencias y las empaquetaba con un barniz anti elitista, contestatario, conspiranoico y a menudo faltón. La mayoría de sus clicks provenían de hipervínculos de Drudge Report, donde Breitbart seguía trabajando como documentalista. Todo quedaba en familia.

En 2009, Breitbart lanzó otra web, BigGovernment, dedicada a poner en evidencia las supuestas tropelías de un Estado alineado con intereses izquierdistas y antisionistas, la industria del entretenimiento y el Partido Demócrata. BigGovernment se estrenó con la publicación a bombo y platillo de un supuesto escándalo en el que los líderes de la organización de base progresista ACORN, dedicada a incluir a minorías raciales en el censo electoral, aparecían en unas comprometedoras filmaciones con cámara oculta con prostitutas. Los vídeos resultaron ser un montaje deshonesto por el que Breitbart tuvo que pagar altas indemnizaciones. Pero poco importaba ya: ACORN, con cuarenta años de historia, echó el cierre, incapaz de soportar la mala prensa que rodeó la publicación de los vídeos. Breitbart, por su parte, prosiguió su camino al estrellato, llevándose por delante la ética periodística.

“Conviene recalcar lo peligrosa que es una página como Breitbart”, cuenta Helen Benedict, periodista, autora de libros y profesora de la Escuela de Periodismo de Columbia, que señala que Breitbart no es en realidad una web de noticias, por mucho que mezcle el periodismo con “teorías de la conspiración” y mentiras. Benedict, que encarga a sus alumnos leer a Orwell o Kapuscinski, pone como ejemplo los numerosos artículos donde Breitbart hablaba de miles de musulmanes celebrando el 11-S en Nueva Jersey, una mentira repetida hasta la saciedad en campaña por Donald Trump. “Cuando Trump reconoció su error al hablar del origen ‘no estadounidense’ de Obama, Breitbart acompañó la noticia de la foto de un gorila abatido a tiros en el zoo de Cincinnati”.

Mientras Breitbart copiaba y pegaba el modelo de Drudge y Huffington en su negocio, también en Los Ángeles, un banquero de Goldman Sachs llamado Steve Bannon cerraba el suculento contrato de venta de la productora Castle Rock a Ted Turner, el magnate fundador de la CNN. Bannon cobró su comisión en forma de derechos sobre varios proyectos de serie, una de las cuales –Seinfield— terminó convirtiéndole en millonario. Como buen emprendedor, Bannon invirtió parte de sus ganancias en la producción de vídeos de apología de causas conservadoras. Fue así como se cruzó con Andrew Breitbart, con el que empezó a trabajar a mediados de los 2000.

Bannon invirtió parte de sus ganancias, por la venta de una productora, en la elaboración de vídeos de apología de causas conservadoras

Cuando Breitbart murió repentinamente en 2012, Breitbart.com se sumió en una profunda crisis de identidad: sin la figura aglutinadora de su fundador, que le había dado relieve a través de su participación en tertulias televisivas, muchos dudaban de que la publicación pudiera sobrevivir. Tras imponerse en las luchas intestinas por la sucesión, Bannon se hizo cargo de Breitbart.com.

“Desde que tomó el mando, llevó a Breitbart en una dirección mucho más explícitamente supremacista blanca”, explica Jim Naureckas, editor de la web de crítica mediática Fairness and Accuracy in Reporting (FAIR), que lleva estudiando a Breitbart desde su fundación. “Siempre ha sido un medio anti progresista con un componente racista, pero ahora se dedica casi exclusivamente a los temas del argumentario de la derecha racista, que incluyen la eugenesia, el nativismo y la pureza cultural y racial”.

El retrato de Naureckas queda refrendado por los testimonios de quienes estaban dentro de Breitbart en el momento del ascenso de Bannon. Kurt Bardella, antiguo portavoz de Breitbart, declaró en agosto a la cadena de noticias ABC que Bannon, notorio por su despotismo, capitaneaba “las reuniones de redacción como un mitin de supremacistas de la raza blanca”.

Pronto, Bretibart se situó como la web de referencia de la Alt-Right, una constelación de ideas y grupúsculos de extrema derecha que van desde los ‘neoconfederados’ que buscan la vuelta a la segregación racial a quienes abogan por limitar los derechos de los homosexuales, pasando por grupos neonazis.

 Bretibart se situó como la web de referencia de la Alt-Right, una constelación de ideas y grupúsculos de extrema derecha

Nacido en Virginia a principios de los sesenta, Bannon se crió en una familia trabajadora de inmigrantes irlandeses católicos, sindicalistas y demócratas. Ingresó en la Marina en 1976, y ascendió al rango de oficial a bordo del destructor USS Paul F. Foster, en Mississippi, antes de llegar a la Flota del Pacífico y posteriormente al Pentágono. Tras pasar por la escuela de Negocios de Harvard, Bannon se hizo banquero de inversiones, en la sección de fusiones y adquisiciones de Goldman Sachs.

Con los bolsillos llenos, Bannon pareció encontrar un propósito político en torno al ascenso del Tea Party, que le permitía aunar el rechazo a las élites de sus orígenes humildes con la sed de poder que todo buen banquero de Goldman Sachs debe atesorar. En 2008, fascinado por Sarah Palin y las muchedumbres que atraía a sus mítines, Bannon se lanzó a producir una película propagandística sobre la exgobernadora de Alaska y candidata a la vicepresidencia. Bannon, que escribió el guión del film, le puso un título digno de Nostradamus: ‘La imbatida’.

Cartel de la película The Undefeated. IMDB.com

Cuando se estrenó, McCain y Palin ya habían cosechado una estrepitosa derrota en las elecciones presidenciales, y Palin se había visto obligada a dimitir como gobernadora de Alaska. Fue el primero de muchos proyectos cinematográficos de Bannon, que produjo también películas contra el movimiento Occupy Wall Street o sobre el fervor conservador de las mujeres evangélicas, grupo conservador que apoyó masivamente a Trump en las elecciones.

Así pues, cuando tomó las riendas de Breitbart, en 2012, Bannon transformó el medio en el altavoz de un movimiento de derecha racista, la Alt-Right, que seguía falta de líder. Era el tiempo de hacer ideología, y esperar al elemento aglutinador.

“La alt-right no es un fenómeno demasiado bien entendido”, señala Nicole Hemmer, profesora de estudios presidenciales en la Universidad de Virginia, y autora de Mensajeros de la derecha, un estudio de los medios conservadores en EEUU. “Es una comunidad online que mezcla un gran número de prejuicios con la idea de que la principal amenaza para la libertad en EEUU es la corrección política, que lleva a la censura. Con esta lógica, su manera de defenderse consiste en publicar los mensajes más racistas, anti inmigrantes, misóginos o antisemitas que les sea posible”.

Bannon pareció encontrar un propósito político en torno al ascenso del Tea Party, que le permitía aunar el rechazo a las élites de sus orígenes humildes con su sed de poder

Bajo la batuta de Bannon, Breitbart elevó el tono, al tiempo que mantenía la fórmula sensacionalista de su fundador. La combinación dio resultado: Breitbart no dejó de crecer. Para 2015, se había convertido en uno de los medios de derechas más visitados del mundo. Sus 18 millones de usuarios mensuales le permiten ser una de las 200 webs más visitadas de EEUU.

Quienes leyeran la publicación desde la llegada de Bannon a la dirección se encontraron titulares que eran fiel reflejo de las fobias de los nativistas blancos.

Uno, la obsesión por una supuesta oleada de crímenes de negros contra blancos que no reflejan las estadísticas: “TERRORISMO CONTRA LOS BLANCOS: EL ODIO DEL QUE NADIE SE ATREVE A HABLAR”, 4/26/16; “VIDEO: BRUTAL PALIZA DE UN NEGRO A UN BLANCO QUE LLEVABA UNA PEGATINA CON LA BANDERA CONFEDERADA”, 4/11/15; “VEAN ESTO: MIEMBROS DE UNA BANDA CRIMINAL NEGRA ATACAN AL KU KLUX KLAN EN CAROLINA DEL SUR”, 7/18/15);

Dos, el miedo a la demografía: “INFORME: LAS MINORÍAS RACIALES EN EE.UU. SUPERARÁN EN NÚMERO A LOS BLANCOS EN 30 AÑOS”, 18/3/16 ; “CENSO: LAS MINORÍAS TIENEN MÁS HIJOS Y MUEREN MÁS BLANCOS DE LOS QUE NACEN”, 25/6/16 ; “NUEVO SIGLO AMERICANO: LOS CRISTIANOS SON YA MINORÍA”, 23/11/15.

Tres, la amenaza del feminismo rampante: “NO HAY DISCRIMINACIÓN EN EL EMPLEO DE MUJERES EN LAS EMPRESAS TECNOLÓGICAS, ES QUE LA CAGAN EN LAS ENTREVISTAS, 7/1/2016; “LA PÍLDORA DE CONTROL DE NATALIDAD VUELVE A LAS MUJERES FEAS Y LOCAS”, 8/12/2015; “¿PREFERIRÍA QUE SU HIJA TUVIERA FEMINISMO O CÁNCER?”, 19/2/2016.

Y cuatro, la homofobia: “LOS DERECHOS DE LOS GAIS NOS HAN HECHO MÁS TONTOS; HAY QUE VOLVER A METERLOS EN EL ARMARIO”, 17/6/2015.

Donald Trump habría donado dinero a ‘Breitbart’ a cambio de recibir una cobertura entusiasta del medio durante la campaña, según una investigación de ‘Buzzfeed’

El gran reportero Finley Peter Dunne, quizá el último romántico del oficio, escribía en 1893: “La función del periódico es reconfortar a los afligidos y afligir a los cómodos”. Bannon ha dedicado su carrera periodística a lo contrario.

A la espera de su mesías en EEUU, Breitbart marchaba viento en popa. No le faltaron ayudas externas: antes de morirse, Andrew Breitbart dotó a su medio homónimo con diez millones de dólares de inversión externa, que Bannon heredó para su juguete. Entre los ángeles que apostaron por el periodismo reaccionario de Breitbart estaba el excéntrico multimillonario islamófobo Aubrey Chernick, que vive en una casa digna del protagonista de Ciudadano Kane. Por si diez millones no eran suficientes, Bannon decidió adaptar el modelo de negocio a las necesidades de gestionar un imperio, aunando su faceta de exbanquero con la de exoficial del Pentágono: en 2012, aceptó  una comisión del multimillonario Joe Rickets para producir una serie de anuncios disfrazados de documentales en los que aparecían votantes de Obama desilusionados que iban a votar a Romney en 2012. Según una investigación de Buzzfeed, Donald Trump habría donado dinero a Breitbart a cambio de recibir una cobertura entusiasta del medio durante la campaña.

Necesario o no desde el punto de vista de la fidelidad editorial, el influjo de dinero permitió a Bannon abrir filiales en Texas, Londres e Israel. La Alt-Right, con todo su nacionalismo y ambigüedad ideológica, es un proyecto transnacional.

Entrevistado por la reportera de Mother Jones Sarah Posner durante la Convención Nacional Republicana, en julio, Bannon declaró  orgulloso: “Somos la plataforma de la Alt-Right”.

“No sé qué es la Alt-Right”, dice con decisión desde Jerusalén Aaron Klein, amigo personal de Bannon y director de Breitbart Jerusalem, la filial del medio en Israel, preguntado por las conexiones entre su medio y el movimiento. “Ni siquiera sé a qué te refieres. Nuestro único objetivo es contar la verdad, y no somos partidistas. Lo que sí puedo decirte es que Steve ama a América por encima de todo, es un patriota, y que en Breitbart tenemos grandes planes de expansión internacional, empezando por Europa”. (Madame Le Pen, ça va?)

La apertura de Breitbart en el Reino Unido no pudo ser más oportuna: a escasos 15 meses del referéndum del Brexit, el medio abrazó como ninguno la causa del Leave, que además enfocó como un plebiscito sobre la inmigración. La filial creada por Bannon sirvió de altavoz para el líder xenófobo del UKIP, Nigel Farage. En enero de 2015, Breitbart publicaba: “VEAN ESTE VÍDEO: UNA ‘QUINTA COLUMNA’ SE PROPONE DESTRUIR TODA NUESTRA CIVILIZACIÓN, DICE FARAGE”.

La apertura de Breitbart en el Reino Unido no pudo ser más oportuna: a escasos 15 meses del referéndum del Brexit, el medio abrazó como ninguno la causa del ‘Leave’

Pero el verdadero punto de inflexión en la carrera de agente de poder político de Bannon se produjo en 2013. Fue en ese año cuando el banquero olió la sangre en el Partido Republicano: tras la derrota de Romney y la reelección de Obama, el partido había decidido hacer penitencia y buscar en sus errores la causa de sus dos derrotas consecutivas. No fue difícil encontrarla: en unos Estados Unidos cada vez más diversos y latinos, los republicanos habían abandonado la línea benévola con la inmigración de George W. Bush. Si querían volver al poder, tenían que recuperarla. Incluso FOX News, linterna conservadora en la penumbra liberal, pareció aceptar las conclusiones de la autopsia encargada por Reince Priebus, el líder del aparato del partido. Tocaba abrirse a la inmigración, regularizar la situación de los que ya estaban en EEUU; como Reagan.

Si el Bannon banquero olió la sangre, el Bannon marine vio un hueco por el que colarse y se coló hasta la cocina. ¿Por qué ponerse del lado de los inmigrantes? ¿Por qué no convertirlos en el malo de la película? ¿Por qué no dirigir la ira de la ansiosa clase trabajadora blanca sobre ellos?

 Trump y Bannon comparten el haber progresado dividiendo a los perdedores del sistema, activando una pulsión de descontento social en la dirección del odio contra los débiles

De pronto, las palabras ‘valientes’ de un líder extranjero cobraron importancia en clave interna. Meses después del vídeo que citaba a Farage, Breitbar dejaba clara en otro artículo la alusión xenófoba, por si se le había escapado a alguien: El ‘reportaje’ titulado “POR QUÉ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL HA PERDIDO LA CONFIANZA EN SÍ MISMA” citaba el libro El Suicidio de Occidente, de Richard Koch y Chris Smith, que describe al cristianismo occidental como pilar de la  “confianza” de la civilización “desarrollada”, amenazada por refugiados, inmigrantes y demás demonios.

Había llegado la era Trump. Bannon y la Alt-Right habían encontrado a su mesías.

Ben Shapiro, antiguo editor de noticias de Breitbart, escribió después de renunciar a su puesto: “Todo cambió cuando Bannon decidió apoyar a Trump. Breitbart se ha convertido en la web de cabecera de la Alt-Right … y se dedica a promover el etnonacionalismo como respuesta a la ‘corrección política’, y la sección de comentarios se ha convertido en un pozo para los supremacistas blancos que se dedican a lanzar ahí sus memes”… “Bannon convirtió a Breitbart en el diario oficial de Trump, y lo hizo para su propio beneficio, abrazando abiertamente la Alt-Right supremacista blanca”.

Trump y Bannon, ganadores en un sistema que les ha hecho millonarios, compartían la sed de poder. (Compartían mucho más: acusaciones de violencia machista y abuso sexual por parte de sus exmujeres; la capacidad de soliviantar a las mismas masas que evitan sus limusinas…). Y en su faceta pública, habían progresado dividiendo a los perdedores del sistema, activando una pulsión de descontento social en la dirección del odio contra los débiles, apelando a las bajas pasiones de la clase obrera blanca, y por tanto  protegiendo a su clase, la de los millonarios. Era un matrimonio hecho en el cielo; el cielo blanco.

El tándem funcionó a la perfección. Cuando Trump nombró a Bannon jefe de campaña, después de haber despedido a los dos anteriores, parecía que ya había perdido las elecciones. El día que entró en su nuevo despacho, Bannon colocó un artículo de la web Politico sobre su mesa de trabajo. En él se recogían las declaraciones triunfalistas de miembros de la campaña de Clinton, que daban por cerrada la contienda, y declaraban que su candidata iba a ganar por goleada.

Banon diseñó una estrategia basada en deprimir al electorado perteneciente a las minorías étnicas y lograr una gran movilización de la clase obrera blanca

Bannon hizo un cálculo que hubiera parecido esperpéntico a los lectores de The New York Times o The New Yorker: Clinton no era tan popular como se decía entre los latinos, los negros y los jóvenes. Si consiguiera deprimir a su electorado (¿tan difícil era?) y lograr una gran movilización de la clase obrera blanca, Trump podría imponerse en los estados tradicionalmente demócratas de la América desindustrializada.

Se puso manos a la obra. Al tiempo que Breitbart (del que Bannon sigue siendo editor) arreciaba en su retórica tergiversadora de la xenofobia y el miedo al otro, Trump se volvía más breitbartiano que nunca, abandonando cualquier amago de corrección política y de decoro democrático. Cuando, en el último debate presidencial, Trump se vistió de John Wayne con rosetones y barriga cervecera para decir que había que expulsar a los “bad jombres” (dicho así, en el equivalente a Chiquito de la Calzada hablando en inglés), Bannon debió aplaudir con las orejas desde su mansión.

“Soy un leninista”, le dijo Bannon, entonces director de un medio de la derecha de culto, a un periodista de la web The Daily Beast a principios de 2014 en un ejercicio de cinismo. “Lenin quería destruir el Estado, y ese es mi objetivo también. Quiero arrasar con todo, que se hunda, destruir todo el establishment de hoy en día”. (Hay precedentes: Rupert Murdoch, otro magnate de la prensa conservadora, tenía un busto de Lenin junto al escritorio de su residencia de Oxford cuando era estudiante, antes de haber heredado la fortuna paterna, cuestión que suele curar todo marxismo).

La cuestión es ¿qué hará Bannon ahora que tiene poder real en política? ¿Será un ‘leninista’ reaccionario, yendo contra el Estado y el mismo Partido Republicano, o aplicará la realpolitik de Bismarck para recoser las heridas que él mismo ha abierto? Nadie lo sabe.

Una cosa está clara: el único colectivo satisfecho con el nombramiento de Bannon es la extrema derecha. “A lo mejor Donald va en serio,” declaró a la CNN Rocky Suhayda, líder del American Nazi Party. David Duke, antiguo gran mago [líder supremo] del Ku Klux Klan, celebró el nombramiento como una “excelente” noticia. Por su parte, Richard Spencer, presidente del think tank racista National Policy Institute, predijo que Bannon “empujará a Trump en la dirección adecuada. Será maravilloso”. Para Brad Griffin, bloguero de la web Occidental Dissent, Bannon “se encargará de que Trump cumpla sus promesas de campaña”. (En agosto, poco después de nombrar a Bannon director de campaña, Trump apareció en un mitin con un póster basado en un lema antisemita que había distribuido con anterioridad David Duke).

Donald Trump sacó menos votos que John McCain o Mitt Romney, y perdió el voto popular por casi dos millones de votos. Le votaron menos de un 25% de los censados

El cargo para el que ha sido elegido Bannon es fundamental para trazar las líneas maestras de la estrategia de un nuevo presidente. Sin embargo, los homólogos de Bannon han ocupado un perfil bajo, y apenas han desatado críticas o reacciones negativas. En el caso de Bannon, no ha sido así.

Desde que Trump lo nombró, arrecian las críticas y se suceden las convocatorias de manifestaciones desde casi todas las esquinas del firmamento político-mediático contra su nombramiento. Helen Benedict, la profesora de periodismo de Columbia, escribió una carta a la senadora republicana Susan Margaret Collins, de Maine, en cuanto se enteró de la elección de Bannon. “Es una vergüenza para mi profesión”, escribió Benedict, que pidió a Collins que concentrara a los republicanos moderados para rechazar a Bannon y “proteger a los civiles inocentes” y a los inmigrantes de los crímenes de odio, la deportación y la erosión de los derechos humanos. “No solo es abierta e indisimuladamente racista, antisemita y homófobo”, continuaba Benedict, “sino que además es el máximo responsable de una supuesta página de noticias que se dedica a diseminar información misógina disfrazada de periodismo, mancha el nombre del periodismo honesto, y confunde al público acerca de la diferencia entre la verdad y la propaganda, lo cual mancilla a toda la profesión, que es básica para nuestra democracia”.

Donald Trump sacó menos votos que John McCain o Mitt Romney, y perdió el voto popular por casi dos millones de votos. Le votaron menos de un 25% del voto de los censados. Su decisión de nombrar a Bannon, controvertido incluso entre los republicanos, es un aviso para navegantes. Así se lo han tomado los movimientos sociales, que se han lanzado a las calles para exigir la revocación de su nombramiento. Bernie Sanders, que no tiene carnet del partido demócrata, se ha significado contra Bannon. No así los miembros del partido, que sigue ensimismados en su obsesión por el consenso. Mientras Trump nombraba a Bannon, y reiteraba su intención de revocar los acuerdos contra el cambio climático firmados por EE.UU., de deportar al menos a tres millones de personas, y de crear un registro de los musulmanes que viven en EE.UU., los demócratas permanecían hieráticos. Obama declaró que “confiaba en que Trump sea un buen presidente. Es importante que le dejemos tomar sus propias decisiones”. ¿A qué esperan los demócratas para despertar? ¿Lo harán en algún momento?

Autor

  • Nacido en Pamplona, ha vivido en Barcelona, Londres, Misuri, Carolina del Norte, Macondo, Buenos Aires y, ahora, Nueva York. Escribe sobre política, economía, cultura y movimientos sociales.

Anuncios