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Por Fernando Moyano

Las elecciones en Haití se han realizado normalmente el pasado domingo 20, sin incidentes, sin violencia. Los resultados demorarán una semana en el mejor de los casos, dado lo precario del sistema. Pero si demoran eso será todo un récord. Ni siquiera hay datos sobre la participación electoral, que generalmente es muy baja, la información es contradictoria. Pero lo que sí sabemos es que no pasó nada.

Incluso los observadores de la OEA encabezados por el uruguayo Juan Raúl Ferreira lo informan así.

Tengamos en cuenta que esos observadores estaban allí esperando todo lo contrario. Durante este último periodo la “comunidad internacional” ha tratado de impedir que el gobierno provisional haitiano convocase a estas elecciones generales rehaciendo la primera vuelta de una nueva elección presidencial, y que en cambio se diese por buena la primera vuelta hecha hace un año que terminó siendo anulada por fraude. Esa “comunidad” quería que el fraude se llevase hasta el final realizando la segunda vuelta presidencial como si nada, aceptando ese presunto resultado que fue cuestionado por un levantamiento popular masivo, hace exactamente un año. Esa vez sí hubo actos de violencia, violencia represiva del entonces gobierno títere de Martelly. Y la validación del fraude hubiese sido la continuidad del régimen duvalierista de Martelly, llegado al gobierno también por fraude con probada participación de Hillary Clinton según revelaron los correos electrónicos que se conocieron en la campaña presidencial de EEUU.

Hillary perdió, el fraude en Haití también.

Debido a que esas elecciones fraudulentas fueron anuladas fue que la Unión Europea retiró muy ofuscada sus “observadores” de Haití. Y EEUU retiró su ayuda financiera a las elecciones, que tan poco provecho habían tenido hasta entonces para los haitianos, y que esta vez hicieron las elecciones con sus propios recursos.

Una carta vergonzosa del secretario de la OEA Almagro al presidente provisional de Haití le da recomendaciones improcedentes sobre como deben los haitianos organizar sus propias elecciones.

Todo esto deberíamos recordar cuando ahora, esos mismos voceros de la injerencia internacional felicitan a los haitianos por estas elecciones, como quien felicita a un niño por un logro que no esperaban que alcanzase.

Las noticias nos hablan ahora de tensiones post-electorales, ya que no se sabe todavía el ganador y varios candidatos se lo atribuyen. Lo que debemos decir es que esas tensiones ocurren por la enorme desconfianza del pueblo haitiano en los mecanismos electorales, y la baja participación también está alimentada por lo mismo, además de dificultades materiales enormes que los haitianos han debido superar. Y la desconfianza es resultado de la historia farsesca de esas instituciones, con participación de la injerencia extranjera en la farsa.

Antes que nada, no creo en la democracia liberal burguesa, toda ella es una farsa Pienso como Marx que  “…en vez de decidir una vez cada tres o cada seis años qué miembros de la clase dominante han de representar y aplastar al pueblo en el parlamento, el sufragio universal debía servir al pueblo, organizado en comunas…” para nuestros propios fines. Pero eso no significa que debamos marginarnos de las luchas políticas reales tal como ocurren.

Y el pueblo haitiano utilizó la farsa realmente existente como debería ser usada. Primero, denunciar la farsa, rechazar el fraude, y exigir elecciones limpias. Después, rechazar la tutela de los profesores en democracia y los observadores extranjeros que arrancan suponiendo que los haitianos son minusválidos en política. Y después, y consecuentemente, para llevar las palabras a los hechos, realizar elecciones que demuestran en los hechos su propia capacidad política independiente, a pesar de todas las dificultades.

Ese es el enorme valor de estas elecciones, más allá de todas sus limitaciones. Haberlas hecho sin que pasase “nada” a pesar de todos los cucos agitados, y pasando así muchísimo.
No ha quedado en pie nada de los argumentos por la injerencia y la tutela. Nada de los argumentos por la intervención militar, o de la ayuda “humanitaria” militarizada, que ha cobrado dos víctimas mortales en las últimas semanas, cuando las tropas que flaqueaban la distribución de alimentos dispararon a mansalva contra la gente desesperada que protestaba contra las demoras. Esa ayuda militarizada es la forma más indecente de intento de control sobre el pueblo.

Nuestra solidaridad con el pueblo haitiano es inseparable del reclamo de retiro inmediato y total de las tropas de ocupación.

El gobierno uruguayo había prometido que las tropas se retirarían a partir de octubre. Una vez más se apronta a incumplir esa promesa, y el PE ya ha enviado al parlamento un proyecto de ley para prolongar hasta abril la participación en la ocupación militar. Los argumentos que se darán en este caso, ya fueron anunciados.

  1. Los haitianos tienen la culpa de la demora, por haber hecho las cosas a su modo sin hacer caso del “consejo” de conformarse con las anteriores elecciones fraudulentas. Ahora los felicitan por haber hecho eso que no querían que hiciesen, pero igual se consideran con el derecho de seguir ocupando Haití.
  2. Uruguay tiene mayores compromisos con la comunidad internacional por ocupar ahora un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU. Nos preguntamos de qué sirve ocupar ese lugar si no se lo usa para defender el derecho internacional, el principio de no intervención, o siquiera reclamar que la ONU se haga responsable de la introducción del cólera en Haití, llevado por tropas de la MINUSTAH. Ni de eso se ha animado a hablar el representante uruguayo que ocupa ese honorable sillón.
  3. Si Uruguay retira sus tropas en forma unilateral, la ONU no le pagaría los costos del retorno. Es un argumento tan indecente que sólo se cabe agregar que además es falso: los costos de mantener las tropas son mucho más altos que los costos de traerlas, que son costos por única vez mientras mantenerlas es un costo permanente. Por cada soldado en misiones “de paz” hay que destinar otro a preparar el relevo, y otro en recuperación luego del retorno; por cada dos dólares en personal hay otro dólar más en armas, equipos, logística, infraestructura, que nos aportan nada a nosotros; y sin contar los gastos derivados incluyendo jubilaciones militares, hospital militar exclusivo, etc. de unas fuerzas armadas que no sirven en materia de defensa de nuestro territorio, sólo están para ocupar territorios de pueblos que no nos han agredido ni representan una amenaza. Por cada tres dólares que aporta la ONU para la participación de Uruguay en tales misiones, Uruguay debe poner siete. Esas son las cifras reales.
  4. Y por último el argumento de la “casita” que se puede hacer un soldado uruguayo que sale en misiones. Indecente también, cuando el déficit de viviendas en Haití es de centenares de miles, mantenido sin solución durante años de “ayuda”.

Ni un día más. Nadie los precisa.

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