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El padre de la Revolución cubana Fidel Castro ha muerto el viernes por la noche en La Habana, a sus 90 años. En seguida de conocer la noticia de su muerte, el equipo editorial de Ayibost decidió publicar este texto de Fidel aparecido dos días después del terremoto del 12 de enero 2010. Este texto testimonia de la amistad y el respeto que él siempre expresó hacia Haití.

                            La lección de Haití

 

Hace 2 días, a partir de las seis de la tarde de Cuba, pero ya de noche en Haití debido a su posición geográfica, las cadenas de televisión han comenzado a informar que un violento sismo de categoría 7,3 en la escala de Richter, había golpeado severamente a Puerto Príncipe, el epicentro habiendo sido ubicado en una falla tectónica situada en el mar a solamente 15 km de la capital haitiana donde el 80% de la población vive en casas de barro y paja.

Las noticias han seguido llegando casi sin interrupción durante horas. Faltaban las imágenes pero se decía que numerosos edificios públicos, hospitales, escuelas e instalaciones más sólidas se habían derrumbado. He leído que un terremoto de fuerza 7,3 equivalía a la energía liberada por una explosión de 400.000 toneladas de TNT.

Las descripciones eran trágicas: los heridos en plena calle reclamaban gritando en plena calle atención médica, en medio de las ruinas bajo las cuales las familias estaban sepultadas.

Nadie pudo de todas maneras durante muchas horas, transmitir la menor imagen.

La noticia sorprendió a todo el mundo. Éramos muchos los acostumbrados a escuchar frecuentes informaciones sobre los ciclones y de grandes inundaciones en Haití, pero ignorábamos que nuestro vecino corría riesgos de fuertes temblores de tierra. Fue entonces que supimos que el último gran terremoto que sufrió esta ciudad fue 200 años atrás, cuando ella no contaba más que con algunos miles de habitantes.

A media noche la cifras ce víctimas era todavía aproximativa. Altos funcionarios de las Naciones Unidas y varios jefes de gobierno hablaban de estos acontecimientos conmovedores y anunciaban el envío de socorristas. Como las tropas de las Naciones Unidas de varios países estaban allí desplegadas en el marco de la MINUSTAH, ministros de defensa evocaban la pérdidas eventuales entre su personal.

Es realmente ayer miércoles , que noticias entristecedoras comenzaron a llegar  al respecto de enormes pérdidas de vidas humanas en la población y organizaciones como las Naciones Unidas señalaban que algunos de sus edificios se habían derrumbado, una expresión que no dice nada en sí misma o que puede  al contrario, significar mucho.

Noticias cada vez más estremecedoras sobre la situación en este país hermano continuaron llegando durante horas. Las cifras de las víctimas mortales variaban entre según las fuentes entre treinta y cien mil. Las imágenes son desoladoras. Esta catástrofe ha tenido una amplia divulgación mundial y numerosos gobiernos sinceramente emocionados se esfuerzan por cooperar en la medida de sus medios.

Toda tragedia conmueve de buena fe a un gran número de personas, sobre todo cuando se trata de un fenómeno natural Pero pocos son sin duda los que se preguntan: ¿Porqué Haití es un país tan pobre? ¿Porqué su población depende en un 50% de las remesas enviadas por sus familiares desde el extranjero? ¿Porqué no analizan también las realidades que han conducido a la situación actual en Haití y sus enormes sufrimientos?

Lo más curiosos de esta historia es que nadie recuerda en momento alguno que Haití fue el primer país adonde llegaron 400.000 Africanos víctimas de la trata y de la esclavitud de los Europeos que se sublevaron contra 30.000 Blancos, dueños de las plantaciones de caña de azúcar y de café, desencadenando la primera gran revolución social en nuestro continente. Ellos escribieron páginas de una gloria insuperable. Derrotaron al General Napoleón, el más eminente.

Haití es el puro producto del colonialismo y del imperialismo, de más de un siglo de utilización de sus recursos humanos a los trabajos más duros, intervenciones militares y del pillaje de sus riquezas.

Este olvido histórico no sería tan grave si no fuera por el hecho real de  que Haití constituye  una vergüenza para nuestra época, en un mundo donde la inmensa mayoría de los habitantes del planeta continúa siendo explotado y despojado.

Millares de personas en América Latina, en África y en Asia sufren de carencias similares, más allá de que todos no lo sufren tal vez en proporciones tan elevadas como en Haití.

Situaciones como las de este país no deberían existir en ningún lugar sobre la Tierra, y sin embargo decenas de miles de ciudades y pueblos conocen condiciones semejantes, y aún peores, a causa del orden económico y político internacional injusto que se le ha impuesto al mundo. La población mundial no está solamente amenazada por sus desastres naturales como el de Haití, que es un pálido reflejo de lo que los cambios climáticos pueden provocar. A pesar de que estos riesgos se hayan tomado verdaderamente con hilaridad en Copenhague.

Es justo decir a todos los países y a todas las instituciones que han perdido ciudadanos o personal en el desastre natural de Haití: nosotros no dudamos que ustedes harán los más grandes esfuerzos para salvar vidas y aliviar el dolor de este pueblo sufriente: no podemos volverlos culpables del fenómeno natural que acaba de ocurrir, a pesar de que estemos en desacuerdo con la política que se ha seguido con respecto a Haití.

Pero no me puedo impedir de decirlo: es tiempo de buscar soluciones reales y verdaderas para este país hermano!

En el dominio de la salud y otros, Cuba a pesar de ser un país pobre en enfrentado  un bloqueo, coopera desde hace años con el pueblo de Haití. Alrededor de 400 médicos y especialistas de la salud le prestan servicios gratuitos. Nuestros médicos trabajan todos los días en 227 de las 337 comunas del país. Por otra parte, al menos 400 jóvenes haitianos se han formado como médicos en nuestro país. Ellos trabajarán ahora en los refuerzos que hemos enviado ayer para salvar vidas en esta situación crítica. Se puede entonces movilizar sin esfuerzos especiales hasta un millar de médicos y especialistas de la salud que están casi todos ahora en el lugar y prestos a cooperar con no importa qué Estado que deseara salvar vidas haitianas y cuidar enfermos.

Numerosos  otros jóvenes haitianos hacen actualmente estudios de medicina en Cuba.

Nosotros cooperamos con el pueblo haitiano en otros dominios a nuestro alcance. Ninguna otra forma de cooperación será más digna de llevar ese nombre que el de la batalla en el mundo de las ideas y en la acción política para que se ponga fin a la tragedia sin límites que sufren numerosas naciones como HAITÍ.

La jefa de nuestra brigada médica informó: “ La situación es difícil, pero hemos ya comenzado a salvar vidas”. Tal era el mensaje lacónico que           ella pudo enviar algunas horas después de su llegada ayer a Puerto Príncipe a la cabeza de los refuerzos médicos.

Ella hizo saber tarde en la noche que los médicos cubanos y los Haitianos diplomados en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de la Habana estaban desplegándose en el país.

Ellos habían ya curado en Puerto Príncipe a más de mil heridos , luego de haber  vuelto a poner a funcionar un hospital de urgencia que no se había derrumbado y recurriendo en la ocasión , a carpas. Ellos se preparaban para instalar sin tardanza otros centros de cuidados de urgencia.

Estamos orgullosos a justo título de la cooperación que los médicos cubanos y los jóvenes haitianos formados en Cuba auxilien a sus hermanos de Haití en estos momentos trágicos!

Fidel Castro Ruz

14 de enero 2010

 

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