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Por Carlos Medina Viglielm

Han pasado pocas horas, puede decirse, de la partida del Comandante en Jefe de la Revolución y a las palabras les cuesta trabajo salir a llenar renglones. Pero hay que entender que la historia sigue: el enemigo no nos puede sorprender con la guardia baja.

Tal vez a alguno le choque, le sorprenda el término “enemigo” pero, ¿por qué no llamar a las cosas por su nombre? Como muy bien dice Silvio en su canción “El necio”, “hay que asumir al enemigo” y hay que asumirlo como tal. No como a un contrincante con el que se pueda discutir razonablemente, sino como a un enemigo que nos quiere liquidar y que hará todo para lograrlo, disimuladamente o no.

El enemigo declarado que tuvo Fidel, el pueblo de Cuba y los pueblos del mundo, desde muy poco después del triunfo de la Revolución fue el grupo de fervientes defensores del capitalismo agrupados tras el gobierno de los Estados Unidos de América o sea, los precursores del más poderoso Imperio de la historia de la humanidad. Y tras ese enemigo declarado, los aliados en el mundo, defensores de las “virtudes” de la economía de mercado, su régimen de administración, la “democracia representativa”, que según se aplica, queda muy lejos de una verdadera democracia y bien puede considerarse apenas como “democracia de mercado”.

Diversos personajes de la actualidad a nivel mundial y unos cuantos medios, señalaron que Fidel “fue admirado por permitir que los pobres accedieran a la salud y a la educación, pero al mismo tiempo creó muchísimos enemigos por su represión a la disidencia”.

Absolutamente en contra de las diplomáticas manifestaciones del presidente saliente de Estados Unidos Barack Obama, quien reconoció lo inútil de 50 años de  bloqueo a Cuba, el recientemente electo Donald Trump fue terminante diciendo que: “Fidel Castro fue un dictador brutal”. Luego aseguró que “hará todo” para que los cubanos comiencen un camino hacia la prosperidad y la libertad”. Para agregar que el legado de Fidel es “el de los pelotones de fusilamiento, (…) y la negativa de derechos humanos fundamentales”. Trump además prometió que “revocaría” las medidas ejecutivas de Obama “a no ser que el régimen de los Castro” restauren “las libertades en la isla”.

En realidad, ¿cuáles fueron los enemigos creados por Fidel? Dejemos de lado a los famosos (gracias el diario El país de España), disidentes en Cuba, comprados por la Oficina de Intereses norteamericanos en La Habana a diez dólares por cabeza, entre delincuentes de poca monta con título de periodistas. Dejemos de lado a la mayor parte de los que  festejaron en Miami demostrando su calaña tras la muerte de Fidel. Ellos no son los enemigos originales sino que lo fueron sus padres o abuelos, que perdieron la libertad de apropiarse indebidamente de los recursos del Cuba, que perdieron la libertad de contar con mano de obra esclava en las plantaciones de caña, que perdieron la libertad de mandar a matar a aquellos que protestaban por el trato abusivo y la explotación extrema y aquellos que, cumpliendo con su función como militares defendiendo aquel régimen brutal, convirtieron los fondos de los cuarteles en cementerios.

Entre aquellos enemigos que se hizo Fidel originalmente al llegar al poder por medio de las armas, también estuvieron los dueños de burdeles que vendían jovencitas menores de edad a los turistas y mafiosos yanquis. Y hubo unos cuantos personajes que se hicieron enemigos de Fidel porque perdieron la libertad de embaucar a la gente con campañas políticas fraudulentas en las que prometían el oro y el moro, como siguen haciendo en gran parte de los países del mundo, para luego aprovecharse de los cargos públicos y enriquecerse junto con parientes y amigos.

¿A qué libertades, a qué “derechos fundamentales” se refiere Trump?

La Revolución encabezada por Fidel, terminó con la libertad de que dispuso un millonario energúmeno como Donald Trump que pudo, gracias a sus millones llegar a postularse a la presidencia de su país, evitando lo que no pudiera haber evitado no ya en Cuba sino en muchos países capitalistas, en los que hubiera sido procesado por lo menos por incitación al odio y la xenofobia. ¿Millonario? Todos sabemos que nadie se hace millonario como maestro, albañil, tornero, o carpintero. Todos creemos eso que dijo una vez el comisario Kurt Wallander, el héroe de las novelas policiales del sueco Henning Mankell: “detrás de toda gran fortuna, hay un crimen oculto”. Cuántas luparas biancas habrá detrás de la fortuna de Trump (y de todos los ricos como él).

En Cuba no existe la libertad de estafar a la gente. La Justicia, que en Cuba procede como todos los pueblos del mundo quisieran, se encarga de cerrar el paso a los estafadores. Nadie tiene en Cuba la libertad de comprar espacios publicitarios en la prensa o la televisión para embaucar a la gente con promesas falsas en campañas electorales fraudulentas, pagadas además con fondos públicos. En Cuba no existe la libertad de hacer una “carrera política” y comprar votos de una u otra manera para ocupar una banca en el Parlamento y cobrar sueldos alevosos.

En Cuba y “Conforme a lo que establece el artículo 82 de la Constitución de la República, la condición de diputado no entraña privilegios personales ni beneficios económicos. Durante el tiempo que empleen en el desempeño efectivo de sus funciones, los diputados perciben el mismo salario o sueldo de su centro (original), de trabajo y mantienen el vínculo con éste a todos los efectos.”

Tampoco se tiene en Cuba la libertad de especular con la tierra. Ella pertenece al Estado y cuando mucho puede ser, según leyes bien establecidas, cedida en concesión por un tiempo determinado y para una utilización que preste servicios a la población cubana. Nada de lo que pasa en otros países, como en Uruguay, que la tierra pasa por cientos de miles de hectáreas a manos incluso extranjeras para un uso particular o simplemente especulativo.

Por supuesto que en Cuba tampoco hay libertad de comerciar con la Salud Pública o la Enseñanza, ambas son aseguradas (incluyendo medicinas, útiles escolares y uniformes), para todos los cubanos por el mismo Estado y ponderadas entre las mejores del mundo por las propias Naciones Unidas. UNICEF ha confirmado que Cuba es el único país de Latinoamérica y el Caribe sin desnutrición infantil.

Y entonces aparecen los enemigos de Fidel por el mundo, los que han disfrutado (y abusado), de esas “libertades” como el ex presidente de Uruguay Luis Alberto Lacalle, leguleyo embaucador profesional (de la misma madera que Trump), manifiesto admirador del Caudillo Franco y amigo de Augusto Pinochet e integrante de grupos conspirativos contra Cuba de ultra derecha (Comité internacional por la Democracia en Cuba fundado por el checo Vaklav Havel). Lacalle dijo a Montevideo portal que Fidel Castro “es sin lugar a duda el personaje más importante en la historia de América en los últimos 50 años”, pero “que es una importancia y una influencia negativa, no solamente para nuestro país sino la influencia que tuvo encendiendo la llama revolucionaria en los países de América y también en el nuestro.” Cuando Lacalle dice “nuestro país” piensa en realidad en su propiedad privada.

Las faltas de libertad para hacer determinadas cosas que existen en Cuba, son las que debieran implementarse en el mundo entero si quisiéramos que la humanidad se administrara con justicia, que le de posibilidades de sobrevivir.

Estemos alerta. No nos olvidemos por un instante que el principal enemigo de Cuba, ya amenazó con que hará todo para que los cubanos comiencen un camino hacia esas “libertades”.

Los enemigos de Fidel son, en realidad, los enemigos de los pueblos.

Gracias Fidel, por encender la llama revolucionaria.

¡Hasta la victoria, Siempre, Comandante!

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