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foto de archivo

La Habana, 3 de dic (RHC). El Comandante en Jefe Fidel Castro regresó a Santiago de Cuba, cuna de revoluciones, para acogerse a su descanso eterno en el cementerio de Santa Ifigenia, junto a José Martí.

Lo hizo por el mismo sendero y con igual modestia y convicción que cuando partió hace casi 58 años para asumir la jefatura del gobierno tras su fulminante victoria militar contra la dictadura de Fulgencio Batista, una de las más sanguinarias en la historia del país.

Entonces como ahora, millones de cubanos (hombres, mujeres, ancianos y niños) salieron a su encuentro: en la ida para testimoniar su júbilo por la victoria; en el regreso con lágrimas y dolor por su “partida”;  pero en todos los casos con la convicción de que nunca más el país volvería a ser colonia de ningún imperio.

El liderazgo de Fidel Castro trascendió las estrechas fronteras de Cuba y su figura brilló como uno de los más destacados estadistas de la convulsionada época que le tocó vivir. Así lo atestiguaron más de una docena de jefes de Estado y Gobierno que hablaron en un masivo el acto de despedida en la Plaza de la Revolución el pasado 30 de noviembre.

“Consagró su vida a la solidaridad y encabezó una Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”, afirmó  Raúl Castro, presidente de Cuba y uno de sus más estrechos colaboradores, al agradecer emocionado las extraordinarias muestras de solidaridad de los dignatarios visitantes.

Al igual que durante la “Caravana de la Libertad”, en enero de 1959, millones de cubanos participaron en el homenaje de despedida a lo largo y ancho del país bajo la consigna “Yo soy Fidel”.

Editado por Leanne González
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