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Por Alberto Grille

No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad”.

José Artigas

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Caras & Caretas – Montevideo – Para ser francos, yo creo que Venezuela ya está fuera del Mercosur. Ya la echaron. Uruguay está haciendo literalmente lo imposible para no quedar también afuera, porque nuestros gobernantes, en particular nuestra cancillería, están convencidos de que la menor rebeldía ocasionará represalias comerciales de Brasil que agravarán nuestra perspectiva económica y tendrá importantes repercusiones políticas de cara a 2019.

Es más, están convencidos de que el ministro de Relaciones Exteriores brasileño, José Serra, y el paraguayo, Eladio Loyzaga, actúan de acuerdo con los intereses de los sectores más reaccionarios de Estados Unidos, y de que quieren alinear a Uruguay en la contraofensiva de derecha que cambió los gobiernos de Paraguay, Brasil y Argentina.

El problema es que la indignidad no tiene límites, y la gallardía tiene un costo altísimo. Desplazándose de rodillas siempre es posible una agachada más. Lo del miércoles debió haber sido el límite. Tabaré había declarado que Venezuela no tenía voto pero tenía voz en el Mercosur. Supongo que sabía lo que decía. No obstante, Venezuela ni siquiera fue invitada a participar en la reunión que el Mercosur realizará en Buenos Aires.

La canciller Venezolana, Delcy Rodríguez, una dama con agallas, se hizo presente, junto con el ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, David Choquehuanca, sorteó algunas vallas que se interpusieron en su camino y no se dejó amedrentar por los patovicas que se habían ubicado a la entrada. Por su parte, los cancilleres de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay se escondieron en una sala alternativa.

Curiosamente, al canciller uruguayo, Rodolfo Nin Novoa, no le parece grave que no se haya permitido a la ministra entrar a una reunión en la que, según lo que dijo Tabaré Vázquez el día anterior, tenía voz pero no voto. El atropello no le parece grave; sí le parece grave que Rodríguez haya pretendido ingresar a una reunión a la que no había sido invitada. Nin nos dice que el tema de la voz y el voto se está resolviendo hoy en el Tribunal de Controversias, en donde –me temo– se concretará la salida de Venezuela del Mercosur.

Me da pena el papel deplorable de Nin, que supongo que será aplaudido por muchos blancos y colorados y unos cuántos frenteamplistas. Me molesta que haya inducido a error a Tabaré, que afirmó una cosa que la realidad desmintió en pocas horas. Me avergüenza el papel de Uruguay al vender a un país amigo en aras de preservan dudosas ventajas comerciales.

No se trata de apoyar a Maduro, ni al gobierno de Venezuela, ni a la Revolución Bolivariana, ni qué ocho cuartos. Se trata de proteger el orgullo, la dignidad y la moral de los pueblos y países hermanos más que a los de uno mismo.

El tiempo dirá quién tiene razón y en qué nos benefició esta conducta asquerosa. Me temo que a Uruguay lo convierte en un títere de intereses espurios, al Frente Amplio le propina un golpe de knock out, a mí me avergüenza y a otros los decepciona.

Es probable que Nin siga tan campante, pero esta vez debería renunciar. Hay unos cuantos a los que semejante actitud no nos representa.

(la editorial completa se encuentra en la edición Nº791 de Caras y Caretas)

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