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“Es costumbre monárquica el robar, pero los Borbones exageran”
Charles Maurice Talleyrand

por Juan Carlos Monedero (Público – Madrid)

Los poderosos no se suelen adaptar al sistema. Es el sistema el que se adapta a los poderosos. Son los dueños del dinero, de la influencia, de la fuerza, de la capacidad de cambiar el curso de las cosas. Y lo saben. La misma farola rota de una pedrada, un crimen y un acta policial para los jóvenes de los barrios pobres, es una simple gamberrada para los cachorros de los barrios altos.

¿Alguien imaginó realmente a la Infanta entre rejas comiendo rancho carcelero? Dicen que mezclarse con los plebeyos, como hizo Urdangarín, mejora la raza. Pero para los aristócratas, que los plebeyos, aunque se mezclen, siguen siendo los que entran en la cárcel.

Hay tres elementos centrales en nuestra Constitución que, al decir del constitucionalista Fernández Royo, son irreformables a menos que reinventemos nuestro país: la monarquía, el bipartidismo y el antifederalismo. En un momento de debilidad de estos tres puntales de nuestro sistema político -perseverantes desde Cánovas y su Restauración, incluso durante el franquismo- quien los cuestione va a enfadar a los poderosos. Es lo que pasa con Podemos, es lo que pasa con el derecho a decidir en Cataluña y es lo que ha pasado con el juicio a la Infanta.

La Infanta Cristina ha recibido trato de favor de Hacienda, de la Fiscalía, del Gobierno, de los bancos. Y, claro, de su padre. Urdangarin ha robado porque es el marido de la Infanta. Y los negocios salían porque ella es hija del Rey Juan Carlos, quien intercedió para que pudieran hacer los ilegales negocios que pusieron al servicio de un modo de vida digno de reyes. Claro. Sin olvidar que intentó buscarle trabajo en Telefónica fuera de España. Quizá no hubiera tenido que abdicar si lo hubiera denunciado en el juzgado. Pero los reyes, ocupados en pegar tiros a la madre de Dumbo, no hacen esas cosas.

España en cualquier caso, ha cambiado. La Infanta se ha sentado en el banquillo y ha sido acusada y juzgada por robar a Hacienda. ¿Que no ha recibido el mismo trato que otros a los que los jueces han exonerado? Cierto, pero las cosas ya no van a ser como antes. Que se lo pregunten a Trillo. Primero cambia la cultura política. Luego, las instituciones. Y para la gente, lo que han hecho estos miembros de la familia real es intolerable.

Eso habla de jueces y fiscales que se han atrevido. Contra Goliath. A la Infanta la ha defendido uno de los “padres” de la Constitución, Miquel Roca. Para marcar territorio. El gobierno, acostumbrado a amenazar a jueces y fiscales (recordemos que el Fiscal General del Estado dimitió por culpa de las presiones de Rajoy), ha dejado claro que pasar las líneas rojas de la monarquía podría costar caro. Pero la ciudadanía ha seguido empujando y apoyando a los jueces honestos. Fue el gobierno quien echó de la acusación particular a Podemos, dejando en solitario a Manos Limpias (el tiempo demostrará las conexiones entre Manos Limpias y miembros del PP). Si hubiera estado presente, algunas cosas hubieran discurrido de manera diferente. ¿Por qué no querían a Podemos en la acusación particular?

Ha sido la opinión pública la que ha dejado claro que no iba a permitir que todos se fueran de rositas. La sanción no es satisfactoria porque trata de manera desigual a unos y otros, pero es un avance. En ningún país de nuestro entorno, se juzga a los poderosos. El sistema lo han hecho ellos y tienen las llaves. Sanciones como las de hoy van marcando el futuro. Y es seguro que el Rey Felipe se va a cuidar muy mucho de seguir los pasos de su padre. Aunque esa sea la esencia de la institución monárquica. Y Cristina aún está en la línea dinástica.

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