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Entrevista al corresponsal Raúl Rivadeneira

La captura de Regi Debray

Resultado de imagen para fotos de Regi DebrayFoto AFP

Por Froilán González y Adys Cupull.

En la ciudad de La Paz  en 1984 localizamos al periodista Raúl Rivadeneira, corresponsal de guerra del periódico Presencia en la zona gue­rrillera. Lo visitamos en las oficinas del periódico más im­portante de Bolivia, donde aún continuaba trabajando.

Mantuvimos una animada conversación larga y profunda. Rivade­neira guardaba muchos recuerdos, es agudo y capaz, muchas de sus observaciones abrieron nuevas interrogantes. En una parte de su entrevista, contó:

“Estuve en el teatro de operaciones, enviado por el periódico Presencia; el sitio que me asignaron para la cobertura informativa,  fue  Camirí, Lagunillas y el curso del río Ñancahuasú, donde se suponía que operaban los guerrilleros.

Trabajaba en este periódico desde 1963, tenía en esa época cuatro años de experiencia. Soy  periodista y abogado, me gradué en Bolivia y en la República Federal de Alemania.

Cuando llegué a Camirí, traté de averiguar  la  suerte que había corrido Debray, era lo que me interesaba desde el punto de vista noticioso, porque  era un personaje cono­cido en el ámbito mundial, por  su formación filosófica y la posición que había asumido en Francia, aunque en Bolivia, eso hay que reconocerlo, había mucha gente, incluso en el campo intelectual, que escuchaban su nombre por primera vez.

Había sido precisamente un periodista quien le salvó la vida: Hugo Delgadillo, corresponsal de Presencia en Sucre, quien  trabajaba para el periódico desde hacía un año y realizaba prácticas de odontología, en  un servicio social de la Iglesia, para el arzo­bispado de Sucre. Viajaba  constantemente por las poblaciones rurales por cuenta de la Iglesia, llevaba medicinas, extraía muelas, hacía curaciones de emergencias. Hacía las dos cosas, labores de médico y de corres­ponsal de Presencia.

Llegó a Muyupampa en  el mismo momento en que llegaron de­tenidos por el ejército Debray, Bustos y Roth. Logró obtener foto­grafías de ellos y nosotros publicamos inmediatamente las fotos de Debray vivo, lo cual representaba de alguna manera sal­varle la vida. El  ejército no podía decir que murió en combate, como hubiera sido probablemente, lo que hubiera ocurrido.

Una  vez que Debray estuvo preso y se supo de su detención, que­daba por establecer dónde se encontraba, porque desde Muyupamba lo llevaron con destino desconocido, pero suponíamos se encontraba en Camirí o Lagunillas.  Me las ingenié para localizar el lugar de su ubicación.

Se encontraba a 7 kilómetros de la ciudad, en el puesto militar de Choreti, donde existe la pista aérea de la zona. Allí  lo entrevistamos y regresé a La Paz, donde publicamos que se encontraba vivo, que había hecho decla­raciones para el periódico. Supe que estaba sometido a un constante interrogatorio, amenazado más de una decena de veces, con ser arrojado desde un avión en pleno vuelo.

En  Camirí había agentes de la CIA. Almorcé con dos o tres de ellos en el restaurante Marietta, era el único más o menos pasa­ble,  cuyo propietario era un italiano que tenía una hija que se llamaba Marietta. Allí eran habituales los jefes militares, los perio­distas y los agentes de la CIA.

Un día almorcé con un tal doctor González, que tenía acento cuba­no y era agente de la CIA, también estaba Toto Quintanilla, jefe de la policía de investigaciones de Barrientos. González lo  que quería era información, pero nosotros estábamos advertidos de quién era este señor y más bien tratába­mos de obtener información de él.

Así fue como supimos, que los norteamericanos estaban entrenando a gentes en Santa Cruz, en un central azucarero, que era el campo de entrenamiento para las boinas verdes, ese dato lo obtuve del doctor González”

En la ciudad de La Paz, a través de la periodista Silvia Mercedes Ávila y su esposo Guido Oria, conocimos que Hugo Delgadillo Olivares, el periodista que envío las fotos de Debray, Bustos y Roth, en Muyupampa,  había fallecido en la ciudad de Madrid, donde tenía un consultorio médico en la calle Princesa número 13, primer piso.

Relataron que  Hugo entregó los rollos fotográficos, a una señora en Muyupampa, pues los militares requisaban todo y querían quitárselo. Esta señora los llevó ocultos hasta Cochabamba, donde se los dio a un pariente de Hugo, quien finalmente los entregó en el periódico Presencia.

La actitud profesional de Hugo Delgadillo, Raúl Rivadeneira y del resto de los perio­distas del periódico Presencia, así como de gentes anónimas del pueblo, desbarataron un macabro plan cuidadosamente elaborado por la CIA y los servicios de inteligencia bolivianos.

 

 

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