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La toma de Samaipata

Por Froilán González y Adys Cupull

Samaipata es un nombre de origen quechua cuyo significado es región alta y buena, lugar de descanso. Fue fundada en 1618. El 6 de julio de este 2017 se cumplirán 50 años de la toma de la ciudad, donde los pobladores dicen que vieron al Che, a Coco e Inti Peredo y a un  Comandante Vietcong, que no era otro que el peruano Juan Pablo Chang-Navarro.

Explicaremos como sucedieron los hechos. Desde Loma Mansa los guerrilleros continuaron el camino y llegaron a la casa de Nicomedes Arteaga, dueño de una ha­cienda grande y un buen naranjal, cuyos frutos se estaban pu­driendo, pero no quería regalarlas. También un hermoso cafetal. Arteaga contrataba a varios peones, pero el trato era malo, los tenía en un rancho apartado, no podían entrar a su casa y de comida solo le daba lagua. (especie de sopa de harina de maíz).

Los cam­pesinos  les vendieron a los guerrilleros naranjas, piñas y cañas. El Che les sacó fotos a varios de ellos, fue un gran acon­tecimiento, se prepararon para la ocasión, se peinaron y se lavaron la cara. El Che el 3 de julio, escribió: “…Saqué unas fotos que me valieron el interés de todos ellos; veremos cómo las revelamos, las ampliamos, y se las hacemos lle­gar: 3 problemas”.

Casi veinte años después conocimos que las fotos fueron compradas en  Bolivia por el cineasta suizo-francés Richard Dindo, quien  nos visitó y obsequió copias de ellas. Gesto que agradecemos.

Los guerrilleros comenzaron a freír un puerco grande y varios campesinos los ayudaron. Mientras estaban en esos menesteres pasó un avión a baja altura y  los campesinos corrieron a protegerse. Se viró el caldero con la manteca caliente y las llamas se volvieron enormes, faltó poco para quemar la casa. El fuego aumentó el miedo  y por la noche se corrió la voz de que iban a bombardear  el lugar y comenzaron a sacar sus perte­nencias.

El día 5 se disponía a partir, los campesinos con sus familiares, querían irse con los guerrilleros.   Sobre este hecho, el Che anotó  que las familias, con sus enseres se movilizaron para escapar a las repre­salias del Ejército, que  caminaron entre bueyes, chanchos (cerdos) y gallinas de los campesinos hasta Lagunillas, nombre de un poblado y un río en la provincia de Florida. Les sirvió de guía un campesino de nombre Ramón.

El día 6 de julio por la mañana los guerrilleros siguieron para Peña Colorada y llegaron a una casa donde estaba una mujer sola, que dijo que su marido se encontraba cerca de la carretera donde vivía una viuda, de quien contó cosas feas y concluyó proponiendo a los guerrilleros que, si le daban una golpiza a su marido, les ayudaría.

Por la noche el Che envió a 6 guerrilleros para tomar  Samaipata, capital de la provincia Florida, a 120 kilómetros de  Santa Cruz de la Sierra, en la principal carretera de Bolivia que la comunica con Cochabamba, Oruro, Sucre y La Paz. Es una de las poblaciones de mayor tránsito, donde se detienen los ómnibus y los viajeros bajan para comer.

En la acción participaron el peruano Juan Pablo Chang-Navarro, junto a los bolivianos Coco Peredo, Mario Gutiérrez Ardaya (Julio) y Aniceto Reynaga y los cubanos René Martínez Tamayo (Ricardo) y Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho), quien narró en su diario que a las 11.23 p.m. salieron en un camión cargado de azúcar, se bajaron en tráfico, (hotel Velocidad) donde él y Chino compraron refrescos.

Relató Pacho que tomaron preso a un soldado y un teniente, con quienes salieron para el cuartel para realizar un ataque comando. El teniente dio las señales a la posta y al abrirse la puerta apresaron a 5 soldados armados con ZV30 y 2 máuseres. Un soldado resultó muerto. A estos 5 se sumarían 5 más que estaban durmiendo.

En nuestra investigación histórica habíamos pasado por Samaipata, varias veces. En 1985 nos detuvimos para entrevistar a algunas personas que estuvieron la noche en que los guerrilleros entraron al pueblo.

La carretera que la comunica con Santa Cruz de la Sierra estaba casi intransitable, el río Piraí, hacía cuatro días que estaba creci­do, las personas y vehículos esperaban que los vadeadores, nativos que guían a los transportes por las partes más bajas del río, pudie­ran comenzar su trabajo. En cada margen, mujeres, hombres y niños bajaban de sus respectivos transportes para adquirir algunas frutas y alimentos que los pobladores más cercanos llevaban para vender.

Derrumbes en ciertos tramos, que los propios viajeros debían limpiar, puentes destrozados con desvíos peligrosos, piedras gigantescas y árboles a punto de despeñarse hacía la vía. Desde Angostura hasta Samaipata, unos 100 kilómetros aproximadamente, la carretera estaba llena de obstáculos en esos días de lluvias.

En un recodo del camino, un salto de agua, pequeño y fuerte que venía desde el alto monte y caía entre las piedras, para seguir su curso espumoso y como escondida entre arbustos y verdes ramajes, la casa de la viuda, donde muy cerca el Che y los demás guerrilleros esperaron el regreso de los que participaron en la toma de la ciudad…

En Samaipata entrevistamos a Berta Molina, Magdalena Ortiz, propietaria del hotel Velocidad, a Héctor Isturia dueño de la farmacia y a la maestra Elba Mariaca, publicadas en nuestro libro “De Ñacahuasú a La Higuera”.

En la acción militar  Pacho fue confundido con el Che y el Chino peruano (Juan Pablo Chang-Navarro) con un Comandante Vietcong.

Tomar la pequeña e importante ciudad,  constituyó un reto  porque la guarnición la habían reforzado semanas antes. En una rápida incursión, los seis guerrilleros se apoderaron del puesto de mando del ejército, desarmaron a los militares y capturaron varias armas, 10 prisioneros, entre ellos al teniente Juan Vacaflor y hubo un soldado muerto, compraron medicinas, alimentos y ropas, hablaron con los residentes del lugar y con los viajeros, a quienes les explicaron los objetivos de la lucha.

Los entrevistados contaron, que los guerrilleros llegaron por la tarde a la casa del alemán Enrique Stember y que éste fue hasta el poblado Las Cuevas y utilizando un teléfono informó a los militares, quienes trataron de movilizar a la población y se situaron en puntos estraté­gicos.

La maestra Elba Mariaca relató que se han creado muchas leyendas. Todos hablan, todos saben, todos vieron. Hasta los alumnos que no habían nacido, como si hubieran estado presentes, que se creó una atmósfera de nerviosismo primero y después de curiosidad, que nadie creía al Subprefecto Aniceto Justiniano, que con un altoparlante decía: “Ciudadanos de Samaipata, gentes foráneas, gentes extranjeras vienen a invadirnos…”

Dicen que el Che iba disparando de­lante de ellos y que los guerrilleros llevaban chamarras blindadas. Lo que explicó Elba se ratifica con lo que escribió el Che el 20 de julio: “…la acción de Samaipata se conoce con pelos y señales y agregados y es motivo de burla de los campesinos…”

Los servicios secretos norteamericanos valoraron la acción como una gran derrota para el ejército boliviano. Con otra intención, los jefes militares de la VIII División exageraron el número de guerrilleros participantes y que se encontraban entre ellos comandantes Vietcong, para justificar el fracaso militar y poder solicitar mayor ayuda de los Estados Unidos.

Esas informaciones reforzaron los análisis de la prensa norteamericana. En una  edición del 26 de junio, el semanario Us News and World Report, publicó que mientras las guerrillas continuaran operando, el país enfrentaba el peligro real de deslizarse hacia otro golpe militar, una inflación incontrolada e incluso la guerra civil. The New York Times, por su parte, escribió que, por continuar su existencia, las guerrillas estaban ganando militarmente…

El semanario Newsweek señaló que existe una creciente desconfianza por parte del Departamento de Estado norteamericano, respecto a la capacidad de Barrientos para hacer frente a la situación guerrillera. Estos análisis y la toma de Samaipata alarmaron a los norteamericanos, quienes valoraron la posibilidad de una intervención directa con sus tropas. 

Se conoció que varios oficiales preparaban un  golpe de Estado contra Barrientos, donde, contemplaban su posible muerte. El periodista norteamericano W. Stephens de  Los Ángeles Times, entrevistó  a varios altos oficiales y constató, que la pugna entre los Generales y otros oficiales es “al degüello”. Cada uno sueña con los entorchados presidenciales, y la duda, la sospecha, la intriga, constituyen una densa red que envuelve a altos jefes del aparato civil.

En el plano internacional, nuevos problemas se añadieron. El 4 de julio la opinión pública conoció que el tren 503 con 28 vagones de ferrocarril, cargado de armas, enmascaradas como harina de trigo, procedente de la ciudad argentina de Tucumán, había llegado a la ciudad de la Quiaca en la frontera con Bolivia. La información añadió que era el cuarto tren que llegaba, además, que soldados argentinos, garantizaron la protección hasta esa ciudad fronteriza y, a partir de allí, los reemplazaron soldados bolivianos.

El gobierno de Chile reaccionó violentamente; exigió explicaciones a un gobierno y otro. La ayuda militar norteamericana y argentina, para el rearme boliviano, constituía un peligro, que los militares chilenos no estaban dispuestos a permitir. Las autoridades norteamericanas se encargaron de darles garantías de que las armas no serían utilizadas contra ellos.

Las declaraciones del gobernante paraguayo Alfredo Strossner, de que en caso necesario estaba dispuesto a enviar soldados a Bolivia, porque el auge guerrillero significaba un peligro real para su régimen, ya que Barrientos parecía no poder controlar la situación, alarmó a la opinión pública boliviana, que aún tenía frescas las consecuencias de la Guerra del Chaco.

Los norteamericanos estaban interesados y presionaban, para que los ejércitos de los países vecinos de Bolivia, fueran los que intervinieran directamente; pero las contradicciones, divisiones y susceptibilidades entre las jerarquías militares de los respectivos países, impedían un arreglo en ese sentido.

Una reunión preparada por los norteamericanos, que debía efectuarse en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, no prosperó. Lo máximo que alcanzaron fue el envío de armas y vituallas por parte de Brasil y Argentina, y un entendimiento para proceder al intercambio de informaciones, relacionadas con los movimientos de los simpatizantes de los guerrilleros y la identificación de éstos.

Dentro del ejército boliviano existían sectores opuestos a contraer compromisos con el gobierno de Paraguay. Por eso, las negociaciones se hicieron en secreto, pero con una cláusula, que establecía claramente, que sólo se refería a incrementar la vigilancia en las fronteras comunes; que el ejército paraguayo no podía, bajo ninguna circunstancia, penetrar en territorio boliviano.

Ante tales dificultades y el agravamiento de la situación, los analistas norteamericanos opinaban que la intervención directa de las tropas de su país, se hacía inevitable.

Los militares reconocieron que la toma de Samaipata conmovió a la opinión pública nacional e internacional y  fue un golpe espectacular donde los guerrilleros aparecieron como hombres audaces y valientes.  Con esa acción quedó demostrado que los guerrilleros podían llegar, transitar y tomar algunos puntos de la estratégica ca­rretera Santa Cruz-Cochabamba, sin que el ejército tuviera capacidad de respuesta.

Que podían contar con el apoyo y  simpa­tía de los pobladores; que era posible tomar una capital de provincia, sin que se produjeran bajas de su parte; que podían llegar hasta las zonas del Beni o el Chapare donde tenían previsto desarrollar las bases campesinas para el futuro de la guerrilla, pero el Che decidió retornar y  no dejar abandonada a la Retaguardia guerrillera.

 

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