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La Habana al atardecer, desde el Malecón. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Una prueba de que el capitalismo neoliberal es universal en su dominación, está en la especulación inmobiliaria que fundamenta el sueño neoliberal de que la riqueza es fácil en el mundo capitalista.

Lo más común es encontrar un suntuoso edificio construido donde antes hubo muchas viviendas modestas y/o pequeños comercios. Si no hubiera una valla que se lo informe, investigue y generalmente conocerá que la nueva construcción alojará o dará servicio a un reducido número de familias pero en condiciones muy suntuosas.

Este fenómeno propio del capitalismo se llama “gentrificación”. A veces afecta a barrios enteros de población humilde y deja bellos espacios que ciertamente pueden constituir orgullo de amplios sectores de la ciudadanía, incluso sectores populares, aunque hieran la sensibilidad de quienes se preocupan por la peor situación en que quedaron quienes habitaban esas áreas.

Recuerdo que poco después del triunfo de la revolución en Cuba, hace más de medio siglo, oí hablar por vez primera de este fenómeno a un joven soñador nombrado Eusebio Leal, quien -si no me equivoco- por ser aficionado a la historia, comenzó a trabajar como asistente del anciano historiador de la ciudad de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring (1889- 1964). Se entregaba con tanto esmero a su labor que se convirtió, primero, en fiel e imprescindible ayudante de este sabio y, luego de su muerte, en su sustituto.

El proceso de restauración del centro histórico de Ciudad de La Habana ha pasado por varias etapas desde que, en 1938, se fundó con carácter autónomo la Oficina del Historiador por iniciativa del Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, con el propósito de fomentar la cultura habanera y promover la conservación del valioso legado monumental que la capital del país atesora.

Eusebio incorporó a las enseñanzas de su mentor sus propias consideraciones y teorías acerca del curso que debía aplicarse a los proyectos de conservación, reconstrucción y desarrollo de la ciudad capital de todos los cubanos con tal brillantez que bien pronto se hizo evidente que nadie más que él podría asumir la compleja tarea de conducir esos trabajos. Fue designado oficialmente Historiador de la Ciudad cuando ya había demostrado, en la práctica cotidiana, que era la persona idónea para impulsar los ambiciosos proyectos que apenas bullían en su mente pero que ya describía como hechos consumados. Había que convencer a tanta gente de que la necesidad de salvar a La Habana era tan presionante que tendría que ser asumida de manera prioritaria y simultánea con las de educación, salud pública y defensa del país.

Ello implicaba un trabajo de convencimiento y promoción que hizo que Eusebio Leal sobresaliera como tribuno y diplomático tanto como administrador y constructor. Por supuesto, las obras y proyectos de la Oficina del Historiador de La Habana obtuvieron patrocinio entusiasta de la máxima dirección política del Estado cubano, incluyendo el del máximo líder Fidel Castro quien les dio todo su apoyo cuando ello fue necesario.

Con su participación personal en cada detalle promocional, el centro histórico de la capital cubana fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, algo que impulsó un proceso de restauración que ha trascendido los marcos de la conservación patrimonial y se convirtió en ejemplo de desarrollo local sostenible. El proceso restaurador apuntaba a que el centro histórico no sería solamente un acto de alto valor arquitectónico y urbanístico, sino además un sitio de gran potencial cultural, económico y social, con la convicción de que una rehabilitación exitosa debía ser autofinanciable y socialmente participativa.

El proceso de restauración del Centro Histórico de La Habana Vieja basado en un modelo de autogestión con enfoque participativo y comunitario ha sido exitoso en el contexto patrimonial cubano y ha aportado al objetivo de garantizar las conquistas sociales logradas por el pueblo cubano con la revolución socialista.

Un indudable impacto social del proceso de restauración, es que a partir de su propia labor, se ha creado una nueva conciencia sobre los valores de la ciudad, sus potencialidades y la factibilidad de su recuperación.

A partir de la restauración de antiguos hoteles, la creación de hostales y de servicios extrahoteleros de diverso orden, se ha constituido en la cara más visible de la economía del centro histórico, junto con la actividad comercial, y ha conformado un perfil que al igual que la actividad artesanal, califica al centro histórico de la ciudad.

La Habana no será gentrificada. La población que le ha dado fama mundial por su alegría, sus tradiciones, su hospitalidad, su generosidad y su solidaridad seguirá siendo dueña absoluta de la cada vez más bella y acogedora ciudad.

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