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Histórico rebuzno presidencial para la mafia

cubano-americana en Miami

Por Carlos Medina Viglielm

Ante el arrollador ascenso del empresario millonario Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América hubo unos cuantos que advirtieron que de él no se podría esperar nada bueno. “Esperemos lo mejor pero, preparémonos para lo peor”. Lo peor no ha llegado (mientras exista el Imperio  siempre puede pasar algo peor). Pero las relaciones entre los EUA y Cuba, acaban de empeorarse drásticamente.

Contra la opinión casi absoluta del mundo (solo aprueban el bloqueo los EUA e Israel), el presidente norteamericano, anunció para la mafia cubanoamericana de Miami, al estilo de los años ’60 del siglo pasado, el fin de casi todos los acuerdos establecidos entre el gobierno de Cuba y el de Barack Obama.

Barack Obama había llegado a la conclusión (al fin), de que intentar imponer a Cuba el modelo de administración capitalista por intermedio del bloqueo había sido un fracaso en el que se habían visto perjudicados principalmente Cuba, pero también los propios norteamericanos.

El bloqueo seguirá siendo un fracaso para los Estados Unidos y en particular para muchos que vieron la oportunidad de aproximarse al mercado cubano con las ventajas que da su ubicación geográfica.

El bloqueo seguirá castigando en primer lugar al pueblo cubano, condenado por haberse atrevido a administrar los recursos tanto humanos como materiales, de otra forma que no fuera la tradicional capitalista en beneficio de pocos poderosos con “derecho” a todo por un lado y perjuicios para una masa empobrecida y sin derechos por el otro.

Ese es el quid de la cuestión y no otro. A la administración norteamericana no le interesan para nada los derechos humanos sino los derechos (mal habidos) de los empresarios como el propio Trump y toda la estructura jurídica que los respalda. A Trump no le interesa la democracia participativa cubana, pero tampoco le interesa que exista o no en Cuba esa tan pretendida democracia pluripartidista, aunque se anuncie como una de las “condiciones” para terminar con el bloqueo. Los EUA tienen buenas relaciones con varias naciones, empezando por Arabia Saudita, que no tienen democracia para nada y además, todo el mundo sabe que la administración norteamericana ha apoyado a un montón de dictaduras sangrientas pero capitalistas, como la de Batista en Cuba, Leónidas Trujillo en la República Dominicana, Somoza en Nicaragua o el mismo Augusto Pinochet en Chile.

Como dijimos, lo peor aún está por venir. Donal Trump todavía no ha lanzado, como todos sus antecesores, su “guerra particular”: está eligiendo blanco contra el que disparar. Ha puesto a Cuba nuevamente en la mira y ha amenazado con retirarse de la ONU si no se interviene en Venezuela. Pero su “guerra particular” puede llegar a ser directamente contra todo el mundo, si es que en un acceso de arrogancia más, se le ocurre apretar el fatídico botón de disparo de armas nucleares.

Evidentemente Donald Trump no quiere a nadie. Tampoco a los trabajadores norteamericanos a los que dice defender. Él se quiere así mismo como ser supremo, enardecido por el “éxito” alcanzado (gracias a los millones mal habidos) y eso lo hace sumamente peligroso. Muchísimo más peligroso de Adolf Hitler. La existencia misma de la humanidad, pende de un hilo. Seguramente habría un consenso mundial respecto a su condena pero para detenerlo hemos entrado en una carrera contra reloj.

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