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Por Carlos Medina Viglielm

La Senadora Constanza Moreira respondió a la inquietud de los militantes de su agrupación Casa Grande en su sitio de FB, respecto a la situación en Venezuela.  Nos referiremos al primero de los puntos que aborda la Senadora, pensando que es el más importante de todos.

Dice en sus reflexiones Constanza Moreira:

“En primer lugar, creo que a todos nos preocupa la militarización del proceso venezolano, y nos ha preocupado desde el principio el peso y el poder político que las Fuerzas Armadas han adquirido a lo largo de los años. A nadie se le escapa que esta preocupación es por un lado muy “uruguaya” (por la experiencia nefasta que Uruguay vivió con el involucramiento de los militares en política), y por otro lado, muy “casagrandista” (por nuestras posturas sobre las FFAA), aun a despecho de la propia tradición frenteamplista, que supo tener a un militar como líder. Pero a Casa Grande en general y a mí en particular, la militarización de cualquier proceso político de izquierda en América Latina, me llama a una honda preocupación. Y, además, nos alarma sobremanera que se arme a la población civil, tanto desde el Estado como desde la oposición con financiación de otros Estados.”

La preocupación no es solo “muy uruguaya”, sino argentina y de todos los pueblos que han sufrido la represión de sus ejércitos nacionales, actuando como de ejércitos de ocupación. Pero, parece que hay una premisa que no se ha comprendido. ¿Qué es lo que defienden los ejércitos?

Más allá del palabrerío hueco oído por casa, en los discursos que hablan de la “defensa de las fronteras y la integridad territorial” los ejércitos, desde su lejana creación en la historia, han defendido a los dueños del poder económico (que les han pago para ello) y han sido utilizados para, por medio de invasiones y saqueos, acrecentar ese poderío. Eso es lo que hicieron todos los imperios y lo que hace hoy el Imperio norteamericano, y de paso deja sin sentido el discurso político en muchas naciones cuyos ejércitos, como el de Uruguay, jamás estarían en condiciones de cumplir con el supuesto cometido pero principalmente, porque están bajo el mando norteamericano. El gobierno de los Estados Unidos de América se ha ocupado de ello por más de 70 años. Para eso montó la tristemente célebre Escuela de las Américas que funcionó en Panamá, sustituida hoy por las “Misiones de Paz” de las Naciones Unidas.

Salvador Allende ignoró, ingenuamente, esta premisa.

Si no hubiera sido por la enorme ascendencia que tenía Hugo Chávez en el Ejército y el pueblo, tampoco hubiera sobrevivido al golpe de 2002. Ni que hablar que sin la garantía de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional Bolivarianas, ya se habría perdido en beneficio de los servidores de los intereses yanquis, todo lo conseguido con tanto sacrificio; ya Maduro no estaría peleando a brazo partido, tratando de resolver la situación de acoso continuo que sufre desde hace 100 días.

Moreira recuerda “la experiencia nefasta que Uruguay vivió con el involucramiento de los militares en política”. No fue un “involucramiento en la política”, fue administrar la política con la fuerza de las armas para asegurar que el poder económico no solo siguiera perteneciendo a los mismos dueños, sino que se acrecentara con una profundización de la explotación de la clase trabajadora, en beneficio de una ínfima minoría de oligarcas, terratenientes y banqueros. Las fuerzas Armadas de Uruguay en el ’73 cumplieron con la misión para la cual fueron constituidas: ser el brazo armado de la oligarquía. Y lo más terrible es que esas Fuerzas Armadas siguen teniendo el mismo cometido. La prueba de ello es el espionaje que se ha hecho “en democracia”.

Claro que algunos líderes políticos blancos, colorados y connotados líderes “de izquierda”, han “emprolijado” los uniformes manchados con la sangre y los vómitos de los prisioneros indefensos de la dictadura con los laureles de las “Misiones de paz” y la ayuda a la gente en las inundaciones, esa a la cual según el jefe del Ejército Manini Ríos “le importa un comino el golpe de Estado”. Hipocresía. La imagen y la impunidad se cuidan y se protegen porque las Fuerzas Armadas en Uruguay siguen manteniendo su propósito histórico. Es lamentable que las generaciones nuevas de uniformados (rasos) tengan que cargar con una vergonzosa mochila de crímenes sin aclarar. Y además, lo que queda impune, se repite y peor.

Si el pueblo cubano y su gobierno revolucionario no hubieran formado a sus Fuerzas Armadas en la defensa de los derechos populares, habría sido sometido nuevamente, posiblemente ya en 1961, cuando los Estados Unidos armaron y financiaron la invasión a la isla por Playa Girón, o a lo largo de los más de 50 años que dura el infame bloqueo.

La coalición de izquierdas Frente Amplio llegó al gobierno de Uruguay pero nunca cuestionó la esencia del cometido de las Fuerzas Armadas y eso ha resultado en una larga lista de actos de insubordinación por parte de los mandos que, una y otra vez, lanzan su discurso político sin permiso, incluyendo su explícita asunción como continuadores de los mandos golpistas, sin que nadie les llame la atención: las Fuerzas Armadas funcionan de hecho como un poder  paralelo y hasta ahora intocable.

Después de Cuba y Venezuela solo en Bolivia se ha hecho lo correcto y se ha sentado precedente en cuanto a la función de las Fuerzas Armadas, adoctrinando a las mismas como Ejército Antiimperialista. Obviamente eso coloca al Evo Morales en el punto rojo de la mira de los sicarios del continente. Tendrá que cuidarse mucho.

Al gobierno en Uruguay llegaron varios líderes de izquierda en el 2005, entre los que se encontraron algunos ex guerrilleros. Tuvieron la posibilidad, al menos de intentar aclararles la historia a los integrantes de las Fuerzas Armadas. Debieran haberles explicado la verdadera historia, la verdad sobre líderes como Emiliano Zapata, Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador, Fidel Castro, el Che, Haidé Tamara Bunke, Tania la guerrillera, Carlos Prestes, el propio Raúl Sendic Antonaccio y cientos de luchadores y luchadoras que dieron su vida en todo el continente por la causa de los pueblos.

Pero no solo que no lo hicieron olvidándose de los compañeros caídos, sino que dedicaron tiempo y esfuerzos para hacer borrón y cuenta nueva protegiendo a quienes cometieron crímenes en la dictadura y la conducta insubordinada y deshonesta de los mandos posteriores a ella. Gracias a ellos se mantiene la Impunidad. Impunidad que, por otra parte, ha degenerado en una expansión de la impunidad delictiva que, con la ayuda de “los medios” sumerge al país en el miedo. La desestabilización por las drogas, el delito y el miedo, es una de las tácticas que utiliza hoy el Imperio en el sometimiento de los territorios o países que le interesan.

Moreira reconoce tácitamente en su análisis que la oposición (en este caso venezolana), recibe armamento desde el exterior. Nada nuevo. Eso pasó en Cuba, cuando después de la victoria en 1959 los EUA armaron y financiaron a las bandas que operaron en el Escambray y a la invasión mercenaria; Pasó en Nicaragua. El gobierno sandinista se vio inmerso 10 años en una guerra devastadora con la Contra, financiada y armada por el gobierno de Ronald Reagan. El gobierno filibustero de los EUA propició el golpe de Estado en Honduras y ha hecho lo mismo en el Oriente Medio arrasando a Libia y Siria (Iraq y Afganistán). Entonces es totalmente lícito que el gobierno chavista considere armar las Milicias de Defensa. Los pueblos tienen que poder defenderse de sus agresores cuando estos les imponen la violencia. Fidel le sugirió a Allende que armara al pueblo, pero él se negó. Otra hubiera sido la historia.

Debatir es fundamental. De la exposición y discusión de ideas surgen las mejores respuestas. Claro que no hay que confundir. Más de cuatro plantean hoy en Uruguay debate o grandes dudas respecto a si lo que hace o dice Nicolás Maduro es lícito o no, cuando se trata simplemente de justificar u ocultar que son cobardes, inmorales y oportunistas. ¿Qué otro adjetivo se merecen los que atacan al gobierno bolivariano aliándose con el jefe de la banda fascista del PP español Mariano Rajoy, o el criminal de guerra José María Aznar, o el delincuente golpista Michel Temer, o el golpista Horacio Cartes, o el corrupto agente de la CIA Jaime Trobo o Luis Alberto Lacalle, promotor de terrorismo?

Constanza Moreira dijo en una entrevista: “Venezuela es nuestra nueva Cuba”. Cuando sabemos todo lo que sabemos respecto a las intenciones del Imperio respecto no solo a Venezuela sino a todo el continente, el tiempo para debate es inexistente. ¿Dónde nos colocamos? La respuesta es ahora. Nos va la vida.

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