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Para hacer caer a Maduro

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El pasado miércoles, el Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, dijo que las agencias de inteligencia de su país evalúan “todas las opciones políticas para crear un cambio de condiciones en Venezuela”, donde, “o bien (Nicolás) Maduro decida que no tiene futuro y quiera marcharse por voluntad propia”, o EEUU “pueda hacer que el Gobierno vuelva a su Constitución”.

Las palabras de Tillerson han sido descifradas como toda una declaración de intenciones para impulsar el cambio de Gobierno en Venezuela o, ante el fracaso de la primera opción, imponerlo.

No sería la primera vez que la superpotencia interviene de manera directa o indirecta en un país latinoamericano: Guatemala en 1954, Chile en 1973, El Salvador en 1980, Granada en 1983, Panamá en 1989, Haití en 2004 u Honduras en 2009 forman la larga lista de intervenciones de EEUU para forzar cambios de régimen con el objetivo de que esos países se alineen con sus intereses.

“Estamos muy preocupados sobre lo que estamos viendo allá abajo”, añadió el exCEO de la petrolera Exxon Mobil, que también llamó la atención sobre la detención de los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma. Tillerson dijo, a raíz de estos últimos sucesos, que la situación es “muy alarmante” y que esta “podría llevar al estallido de más violencia en el país”.

Tanto EEUU como la Unión Europea se han pronunciado conjuntamente —en menos de 24 horas— declarando que no reconocen los resultados que dieron luz verde a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Esta fue lanzada a iniciativa del Gobierno de Maduro y criticada por la oposición al considerar que se trataba de un órgano pensado para reformar la Constitución de 1999 y reforzar el poder del oficialismo, en detrimento de las demás fuerzas democráticas.

Las votaciones para este órgano se produjeron el pasado domingo en medio de un fuerte clima de violencia, en el que se enfrentaron manifestantes de la oposición contra la Guardia Nacional Bolivariana. La jornada se saldó con, al menos, una docena de muertos. También dejó impactantes imágenes como las de un explosivo que impactó a un grupo de policías motorizados en la Plaza Altamira de Caracas, bastión opositor.

Algunos testimonios supuestamente neutrales en Altamira hablan de que el grueso de los manifestantes son jóvenes procedentes de los cerros (los barrios deprimidos de la ciudad). Según los testigos, los chicos participan violentamente en las protestas a cambio de prebenda s que luego no se les han dado.

“La mayoría son chavales de los cerros, que llaman, que son como las favelas, que han bajado a la ciudad porque les estaban ofreciendo pasta y ahora se han quedado un poco vendidos. De hecho, ayer muchos se quejaban, preguntaban: dónde está lo que nos prometieron, aquí no hay gente suficiente para nada… Como que se dieron cuenta de toda la maquinaria propagandística de la oposición, que les ha dejado con el culo vendido a ellos, ¿sabes?”, dice un estudiante de Medicina español en un mensaje reproducido de audio de Whatsapp y reproducido en este post de Medium.

Sobre la votación del pasado domingo, el Gobierno dijo que había participado el 41,53% del censo (unos 8 millones de venezolanos).

Por su parte, la oposición se negó a participar en el proceso electoral, al que calificó de fraudulento desde el inicio. Dijeron que la participación había sido de apenas el 12% y que el Gobierno mentía para dar legitimidad a su propuesta de reforma constitucional.

A pesar de las acusaciones de fraude, la rama de la oposición liderada por Henrique Capriles ha insistido en la convocatoria de elecciones presidenciales en diciembre. Mientras, la rama dirigida por Leopoldo López, es contraria a esta opción, con lo que se ha desatado una guerra interna en la Mesa de Unidad Democática (MUD), formación que aúna a los partidos de la oposición.

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