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Por Arthur González.

Desde que el 6 de julio de 1981 el gobierno de Estados Unidos creó la Fundación Nacional Cubano Americana, FNCA, como parte de su estrategia esbozada en el Programa Democracia, para eliminar el sistema comunista mundial y trasladar la imagen de que los problemas con la Revolución cubana eran solo entre cubanos, el término cubano-americano se repite por doquier desconociendo muchas personas el error legal que eso constituye.

De acuerdo con la actual Constitución de la República de Cuba, incluso normado por su antecesora de 1940, ningún ciudadano cubano por nacimiento o naturalización, puede ostentar otra ciudadanía posterior, por tanto, no se puede ser cubano y estadounidense a la vez.

Todo cubano nacido en Cuba, aunque resida en otro país, es cubano y para viajar a su país de origen se le exige ingresar al territorio nacional con un pasaporte cubano, hecho que pone de manifiesto el gravísimo error de conceptuar a los emigrados en Estados Unidos como cubanos-americanos, calificativo implantado por el mal llamado exilio cubano que ha adoptado la ciudadanía de ese país.

Por la Constitución de Cuba, en teoría, se pierde la ciudadanía cubana cuando se adquiere otra, según lo recogido en su artículo 32, precepto trasladado del artículo 15 de la Constitución de 1940, pero los legisladores cubanos que redactaron en 1976 la nueva Ley Fundamental de la República, no tomaron en cuenta la necesidad de establecer un procedimiento a seguir para la pérdida de la ciudadanía en los casos en que se obtuviera otra posteriormente.

Resultado, que no se puede ejecutar lo ordenado en la Ley en los múltiples temas de ciudadanía, por carecerse del reglamento necesario, inclusive para confeccionar un pasaporte a los hijos de cubanos nacidos en el exterior, a quienes se le demanda como requisito el avecindamiento en Cuba, tal y como se reflejaba en la Constitución de 1940, algo fuera de contexto pues el término avecindarse actualmente es obtener un carnet de identidad y los residentes permanentes en el exterior no lo necesitan.

Esa omisión legal hace que todos los nacidos en Cuba y residan en otro país, se mantengan con su ciudadanía cubana, de ahí el error de llamarlos cubanos-americanos, cuando lo correcto es denominarlos cubanos residentes en Estados Unidos, o del lugar donde radiquen.

Otro error impuesto por la terminología usada por los yanquis, y repetida en Cuba a todos los niveles, es llamar cubanos-americanos a los estadounidenses de padres o abuelos cubanos, cuando lo correcto es decirle solo estadounidenses, porque esos no son cubanos, como es el caso de algunos políticos de Estados Unidos, entre ellos el senador Marco Rubio.

No hay porque copiar términos que no se adecuan a la situación real cubana, hacerlo es dejar que Miami imponga lo que desea a su conveniencia, incluso cuando de leyes y regulaciones se trata.

A ningún cubano residente en otro lugar se le llama cubano-español, cubano-italiano, o cubano ruso, son simplemente cubanos, ¿por qué entonces permitir que aquellos que crearon la llamada FNCA apliquen esas recetas?

Muy claro y sin ingenuidades hay que andar para enfrentar a los que pretenden cambiar conceptos vitales para Cuba, pues no se pueden olvidar los criterios vertidos hace décadas por quien dirigió la CIA durante 8 años, cuando expresó:

Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo […] Debemos lograr que los agredidos nos reciban con los brazos abiertos, porque estamos hablando de Ciencia, de una Ciencia para ganar en un nuevo escenario, la mente de los hombres.[…] El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de las ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos”.

Valga la aclaración para los que desconocen de términos legales y sus implicaciones.

Exacto fue el apóstol José Martí cuando expresó:

“En inmigración como en medicina, es necesario prever”.

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