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500 años delante de nuestros ojos

Por Carlos Medina Viglielm

Que Dios haya hecho al hombre “a su imagen y semejanza”, nadie lo ha podido probar. En cambio sí se ha demostrado muchas veces en diversas obras, que los hombres han hecho a sus dioses a su imagen y semejanza, con sus ansias de poder, su crueldad en la venganza, sus intrigas, sus traiciones, sus adulterios y sus deseos y prácticas de lujuria.

Estas, ¿cómo decirlo?, “malas costumbres”, se han conservado y cultivado a lo largo de los siglos y también, por supuesto, igualmente han sido penadas por los “guardianes” de la religión. Curiosamente las penalizaciones han recaído casi totalmente sobre las mujeres y no sobre los hombres.  Hay que ver lo que es el manual “Malleus Maleficarum”, ó “El martillo de las Brujas”, tal vez lo máximo en misoginia (1487: monjes alemanes Enrique Kramer y Jakob Sprenger),  con el fin de castigar principalmente la sexualidad de las mujeres bajo la acusación de brujería. Para las mujeres el hecho sexual ha sido considerado como “pecado”, excepto en el caso de María, para quien el Concilio de Nicea (Constantinopla, mayo-junio del 325 DC), decretó que había concebido a su hijo Jesús siendo virgen. El acto sexual en cambio para los hombres, se consideró y se considera una práctica natural y positiva, promovida desde la niñez y cuando más mejor.

En estos días se ha hablado mucho de un caso de violación grupal a una joven en España (Pamplona, San Fermines de 2016), caso famoso por el veredicto de los jueces a favor de los violadores (la manada). Tipificaron el cobarde hecho como un “abuso” y no como una agresión.

“La manada”

Uno de esos “jueces” incluso, Ricardo González y para vergüenza de España, vio en la filmación que los propios criminales dieron a conocer en las redes sociales tras el abyecto hecho, solo “sexo y jolgorio”. En la investigación se encontraron pruebas (en sus móviles), de que se juntaron para llevar a cabo la “cacería” de una víctima y la violación en grupo, lo cual tendría que haberse tipificado como “asociación para delinquir”. Cuatro de los malhechores que participaron en esa violación grupal, contaban con antecedentes por lo mismo y se trata de un caso aún sin dilucidar. A la hora de redactar estos párrafos, se dio a conocer en España (y el mundo), todavía otro caso de violación grupal.

Los hombres nacen con su sexo masculino, pero no nacen violadores y menos violadores grupales. Eso se hace, se aprende y se repite, no solo por haberse tolerado durante centurias sino que se ha ponderado a las risas en mil cafeterías y bares por parte de los “machos”, para escarnio de la que fue vejada. Y la sociedad no lo ha condenado, al menos no suficientemente, porque gran parte de ella está adoctrinada por los representantes de la religión, muchos de los cuales mantienen estas prácticas de discriminación a la mujer desde una superioridad jerárquica y física en particular contra niños: la Iglesia Católica con su extremo más reaccionario, el Opus Dei, es responsable de una serie cuasi infinita de casos de abusos y pederastia.

Las prácticas lujuriosas de la curia vienen de muy atrás y afecta a muchos y a famosos.. El cardenal australiano George Pell, considerado el “número 3” del Vaticano, es desde hace pocos días, el más alto cargo de la Iglesia Católica acusado formalmente de abuso sexual, y deberá responder ante la justicia de su país. ¿Acaso es algo nuevo? ¡No! ¿Acaso algo reciente o aislado? Tampoco. Viene sucediendo desde hace centurias. Muy posiblemente desde los comienzos de la Iglesia Católica como institución o aún antes.

Estuve en la Capilla Sixtina en 1987. La mitad de los frescos de Miguel Ángel, con la imagen de “La creación”, (1508-1512), estaban entonces restaurados. La otra mitad permanecía todavía  oscurecida por el hollín de más de cuatro centurias. No se trata aquí de menospreciar la obra pictórica de un maestro de maestros. Aunque en mi visita ya me hice la lógica pregunta: ¿Porqué habrá pintado Miguel Ángel lo que pintó en representación del episodio más famoso de la Biblia o sea, “la creación de Adan”? La imagen ha estado en los libros de arte desde su realización y ha sido vista por cientos o tal vez miles de millones de personas: Un “Dios” hombre ya bastante mayor que transmite el conocimiento (y sus costumbres) a su creación a través del dedo índice de la mano derecha, mientras que el brazo izquierdo rodea a una joven desnuda 40 ó 50 años menor, de mirada interrogante y toda la escena rodeada de niños desnudos.

¿Cuántas mujeres, cuántas miles de mujeres se habrán reconocido en esta pintura, bajo el brazo supuestamente protector del jefe?

¿Porqué Miguel ángel no pintó alrededor de “Dios” campos de trigo dorado, por ejemplo, un cielo con bandadas de pájaros, cascadas o en todo caso un cortejo de hombres y mujeres como en peregrinación, tras sus pasos?

Es muy posible que el genio tomara como referencia algo que se veía por entonces muy natural y lógico para las jerarquías eclesiásticas. E hizo la denuncia, bajo las mismas narices de los abusadores. La hemos tenido ante los ojos más de 500 años. Habría que proceder.