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Por Carlos Medina Viglielm

La política internacional es algo muy complejo y opinar al respecto, obliga tener vastos conocimientos de historia y un acompañamiento diario del acontecer. Aparentemente estaríamos hoy con más posibilidades de emitir un juicio, teniendo en cuenta los enormes avances en la comunicación. Lamentablemente la información se ha convertido en mercancía y enormes cantidades de gentes vacilan hacia un lado u otro de la balanza siguiendo las indicaciones que reciben malintencionadamente directamente en sus móviles.

Las consecuencias pueden ser y son terribles. No se explicaría sino la llegada a la presidencia de la nación capitalista más poderosa del planeta, de un energúmeno de la calaña de Donald Trump. Claro que antes de que Trump llegara a la presidencia de los EUA, estaban las condiciones dadas, las increíbles reglas de juego establecidas en la democracia de mercado.

Consecuentemente con su historia, el gobierno de los EUA pretende una vez más, apropiarse de lo ajeno en beneficio de sus empresarios millonarios. Lo hicieron desde los primeros tiempos con las naciones indígenas, con Cuba, con México, con Panamá y con tantos otros países de Latinoamérica y el mundo. La presa, la codiciada presa hoy es Venezuela, con sus yacimientos de petróleo, oro y coltán. Para el gobierno de los EUA, como tantas veces antes, el fin justifica los medios. Es simplemente eso. Lo demás es cuento.

Los que hemos seguido de cerca el desarrollo de los acontecimientos, lo tenemos muy claro desde hace bastante tiempo. Venezuela pasó a ser la presa codiciada, cuando Hugo Chávez recuperó la soberanía del pueblo venezolano y los EUA ya no pudieron disponer de los recursos de eses país a su antojo.

Entonces el gobierno de los EUA denunció “la pérdida de libertades” en el país caribeño. Hugo Chávez terminó con la libertad que tenía el Imperio de expoliar a voluntad los recursos venezolanos. Entonces comenzó el acoso, las amenazas, la subversión, el golpe de Estado, el terrorismo y muy posiblemente el propio asesinato de Hugo Chávez.

Tras 17 años de intentos fallidos, los EUA aceleran la puesta en práctica del golpe, nombrando (increíblemente), a Juan Guaidó, un diputadillo de la Asamblea Nacional, partícipe de las guarimbas, nada menos que como “Presidente encargado”. Y lo hacen seguidos de sus aliados. Eso es lo que hace que la toma de partido a favor o en contra del presidente Nicolás Maduro sea mucho más fácil.

Suponiendo que no bastara con conocer (o entender), la entidad del bloqueo financiero y material norteamericano a Venezuela. ¿Quiénes son los que apoyan al presidente por encargo?

Comencemos por José María Aznar, Criminal de Guerra español, uno de los principales dirigentes del partido político más corrupto de Europa, dirigente también de una organización fascista como el FAES y uno de los organizadores del Golpe de Estado contra Hugo Chávez en el año 2002; Pablo Casado, actual jefe de la banda del PP, sucesor de Mariano Rajoy, expulsado de la presidencia de España por corrupción; Albert Rivera, dirigente de la nueva falange española denominada Ciudadanos; Santiago Abascal; neonazi español dirigente del partido VOX; bien representada la “madre patria”.

¿Quiénes, entre otros, apoyan al petimetre de Guaidó en Latinoamérica? Mauricio Macri, que dirige con mano firme el empobrecimiento de millones de argentinos, bajo las indicaciones del FMI; Jair Bolsonaro; que además de todas las “virtudes” de que hace alarde, (xenofobia, racismo misoginia, extremismo religioso), ha abierto las puertas a la degradación del Amazonas en beneficio de sus amigos y perjuicio del mundo entero; Ivan Duque, que dedica grandes esfuerzos a liquidar el proceso de Paz en Colombia, soslayando el asesinato a diario de dirigentes sociales.

No hay entonces como equivocarse. Si todos estos tristes y lamentables personajes de la historia apoyan al “presidente por encargo” venezolano, la opción correcta, sin ninguna duda, por la soberanía y la paz en el continente, es apoyar a Nicolás Maduro.