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Por Carlos Medina Viglilem

El presidente del gobierno español Pedro Sánchez, que trata desesperadamente de que los partidos franquistas del PP, Ciudadanos y Box no lo saquen de La Moncloa, utiliza a Venezuela, una vez más (cobardemente), para ganar tiempo a nivel interno, dando ocho días de plazo para que el presidente Maduro anuncie nuevas elecciones. De lo contrario, España reconocerá al no elegido Juan Guaidó, como presidente.

Este 26 de enero quedará marcado como el día en que el golpe contra el gobierno constitucional de Venezuela delineado desde Washington sumó la fuerza de España y muy posiblemente de la Comunidad Europea a instancias del gobierno español.

Un acto bochornoso de cobardía, una puñalada trapera al pueblo venezolano en el supuesto nombre de la libertad y la democracia. En el 2002 el golpe contra Hugo Chávez fue encabezado por quien pronto se convertiría en Criminal de Guerra al meter a España en la guerra de saqueo a Iraq, el fascista dirigente de la banda del PP, José María Aznar. Hoy la conspiración contra la nación caribeña ha recibido la bendición de alguien que se presenta como líder del Partido Socialista Obrero Español. ¡Ni obrero ni socialista!

Lo impensable ha sucedido: un diputadillo de tercera, que se autoproclamó nada menos que como presidente de Venezuela, siguiendo el libreto escrito por Washington, obtiene el reconocimiento de los que quieren darle un zarpazo a los recursos venezolanos, empujando a esa nación al abismo mortal de una guerra.

Porque es eso lo que quieren provocar: la “solución” capitalista, la destrucción de infraestructuras que han costado tanto sacrificio levantar, la muerte, el saqueo, el castigo, la desaparición de gentes, los desplazamientos masivos escapando de la guerra, la dolorosa ruptura de cientos de miles de familias, heridas todas de muy difícil curación y que millones de latinoamericanos hemos sufrido antes en los años ‘70 y ’80 de siglo pasado, como sufrió Viet Nam y luego sufrieron Lybia, Iraq, Afganistán y Siria, crímenes detrás de los cuales también estuvo el gobierno de los EUA.

Muy lejos de propiciar la democracia en Venezuela, Pedro Sánchez, se reveló como una marioneta de Donald Trump y jamás estará a la altura de las circunstancias. Su hombría ha quedado muy en entredicho. Procedió con una mezquindad increíble. Encabezará una página más en las crónicas de la vergüenza del reino de España, crónicas iniciadas en 1492.