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Diciembre de 2014. Evo Morales toma juramento a los mandos militares.

por Carlos Medina Viglielm

El 11 de septiembre de 1973, el día del golpe contra Allende en Chile fue un martes. La radio daba cuenta del bombardeo del Palacio de la Moneda y también del discurso de despedida del presidente chileno, llegado al gobierno por elecciones libres y democráticas. Pese a las advertencias, Salvador Allende confió en que las Fuerzas Armadas serían fieles a la Constitución y las leyes y creyó en la promesa que le hiciera personalmente Augusto Pinochet.

Después sabemos lo que pasó. Primero la represión a mansalva, el ametrallamiento de las “callampas” desde camiones del ejército, los asesinatos, las ejecuciones en el Estadio,  la “caravana de la muerte” las desapariciones, los miles de prisioneros, los miles de chilenos que debieron huir al exilio y la imposición de una Constitución hecha a la medida de los poderosos, Constitución todavía vigente.

En Uruguay, donde el gobierno de Facto se había instalado tres meses antes pasó lo mismo, salvando las distancias numéricas. Poco más tarde los golpistas arrasaron Argentina, que inauguraron los tristemente célebres “vuelos de la muerte”.

En todos estos países (y en otros), se profundizaron los grados de explotación a las clases trabajadoras. Todo bajo el cartel de “guerra a la sedición”.

Pasados unos años, las “democracias” fueron volviendo, los civiles retomaron el mando y, algunos de los más implicados en los crímenes cometidos, los chivos expiatorios, fueron juzgados y condenados. En Uruguay por ejemplo, de una lista de más de 400 militares y civiles, implicados en la tortura, la violación y el asesinado de miles de prisioneros políticos y cerca de 200 desapariciones, fueron juzgados y condenados, una docena.

Pero eso no es lo peor. Lo peor ha sido que en Chile, en Argentina, en Uruguay (en Brasil, en Paraguay, en Bolivia), se mantuvo incambiada la formación de los integrantes de las Fuerzas Armadas, así como sus objetivos. La formación de las Fuerzas Armadas en el continente que incluye las técnicas de tortura y asesinato, ha sido dirigida por los “técnicos” de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de América, quienes consideran a Latinoamérica como su propiedad, su “patio trasero”. Parece una estupidez, y lo es.

Varios partidos políticos o coaliciones de izquierda llegaron al gobierno, como llegó Allende, y desconocieron o no se animaron a redirigir los mandos militares y han sido, más tarde o más temprano desplazados por golpes “de nuevo tipo” o del viejo y archiconocido viejo tipo o sea, que los milicos “ponen orden” a sangre y fuego  y a otra cosa.

No existe ninguna posibilidad de que las Fuerzas Armadas vayan a ponerse en defensa de gobiernos que beneficien a las grandes masas trabajadoras. Llegado el momento cumplirán con el cometido para el cual fueron adoctrinadas, entrenadas y equipadas: la defensa de los poderosos y para ello cuentan con la bendición de la Iglesia Católica que hoy, ha manifestado que lo que ha sucedido en Bolivia, “no ha sido un golpe”.

Lo que le ha pasado al Evo Morales y al pueblo boliviano ha sido eso. 46 años después, otra vez. La muerte, el sacrificio de Salvador Allende, parece haber sido en vano.