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El precio de las armas

Más que mil palabras: encuentro Trump – Jinping ago.2019

Por Carlos Medina Viglielm

Circula en las redes, lo que desde principios de enero pensó todo el mundo acerca del “Corona virus”: que fue diseñado y fabricado en los EUA contra China. No es nada surgido de mentes extremistas. La sospecha nace en los numerosos antecedentes y dos premisas que se cumplen de las tres necesarias: son capaces de hacerlo y han tenido la oportunidad. Queda la última ¿Lo quisieron hacer?

¿Cuánto cuestan o valen las armas? Depende del costo de producción y su efectividad o letalidad. Hay armas más o menos potentes, de letalidad individual o colectiva. Según aparece en las revistas de armas o en Wikipedia, tal o cual fusil tiene un “alcance efectivo” de 300 metros. Quiere decir que dicha arma puede derribar a un “blanco enemigo” a 300 metros, solo con los órganos de puntería standard o sea, sin miras ópticas o electrónicas. Agreguemos al pasar, que en las últimas décadas lo más común ha sido que los blancos, no hayan sido blancos.

En las “Ferias de armamento”, que regularmente se organizan por parte de los grandes fabricantes de armas, se exponen las armas personales y las de “destrucción masiva”, como los misiles de mediano y largo alcance, con un poder destructivo descomunal lo que es, justamente el “atractivo” publicitado: “Puede aniquilar todo lo que quede en un radio de…”

Las armas a utilizar, van en correspondencia a las “victorias” (ganancias), que puedan obtenerse con su uso. Si se trata de una zona de pastoreo de cabras es una cosa y si es un área de producción de petróleo una muy otra.

Luego de los daños provocados por las armas “directamente sobre el enemigo” están los “lamentables daños colaterales” que, históricamente han sido considerados como “aceptables o no”. Esto según, claro, quien considere los casos. Para un alcalde en una aldea, las pérdidas civiles quizá sean siempre inaceptables, mientras que para el Gral. que ordene la conquista de dicha aldea de manos del circunstancial enemigo, no serán víctimas civiles sino cifras porcentuales, al igual que el número de bajas entre sus subordinados.

Esa es la manera de pensar que han tenido y tienen los conquistadores, los “señores de la guerra” desde el principio, con el terrible agravante de que hoy esos “señores”, encabezan la potencia militar más peligrosa y agresiva de la historia.

El presidente norteamericano, Gral. retirado y comandante del ejército aliado en el desembarco de Normandía Dwight “Ike” Eisenhower advertía a sus compatriotas,  en su discurso de despedida  (17 de enero de 1961), sobre el peligro latente, constante y real de que tenebrosos poderes al interior del mismo país, provenientes de los sectores oligárquicos y otros clanes financieros ligados al complejo militar-industrial usurparan el poder democrático y constituyeran un gobierno secreto [en los EEUU], manipulando así, como si se tratase de un títere al gobierno de turno elegido por el pueblo.

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Ike

A continuación una parte del texto del histórico discurso.

Eisenhower “Farewell Adress”

«Los responsables del gobierno, tenemos que estar atentos a la adquisición de una influencia ilegítima, que sea o no proyectada por el complejo militar-industrial. El riesgo de poder desarrollar o utilizar un poder usurpado existe y persistirá.
Jamás debemos permitir que el peso de esta amenaza nos impida o nos arrebate nuestras libertades y procesos democráticos.
Nada debe considerarse como absolutamente ganado. Sólo una vigilancia y una consciencia ciudadana pueden garantizar el equilibrio entre la influencia (lobby) de la gigantesca maquinaria industrial y militar de defensa que hemos desarrollado y nuestros métodos y objetivos pacíficos, de tal forma que la seguridad y la libertad puedan desarrollarse harmoniosamente.»

¿Qué habría visto Ike? Exactamente no se sabe pero seguramente, el monstruoso basilisco reptando por los túneles debajo de la Casa Blanca. Eisenhower (que no fue nunca ningún comunista), advirtió a sus compatriotas y también al mundo. Pero la advertencia fue en vano. La “gigantesca maquinaria industrial militar” fue ocupando el poder en los EUA hasta poseerlo completamente (Ronald Reagan, George Bush padre, George Bush hijo, Barak Obama y por último Donald Trump).

El capitalismo, cuya cabeza está justamente en Washington, desde donde extiende sus tentáculos a todo el mundo, siempre se ha renovado con la guerra: se arma, provoca la guerra, vende armas a ambos bandos, destruye infraestructuras y recomienza, ofreciendo gentilmente un “plan de reconstrucción” adjudicado por supuesto a sus empresas. Todo esto hasta ahora se había podido hacer. Pero el capitalismo hoy se ha convertido en un monstruo de autodestrucción que conduce el planeta, nuestra única casa, al abismo.

Hace 60 años los jóvenes podían hacer el amor sin mayores preocupaciones. En los ’80 apareció el SIDA. Todo el mundo desde entonces sospecha que fue creado en los laboratorios yanquis. El híper consumo promovido por el capitalismo en las últimas décadas ha convertido el planeta en un basurero colmado de escombros y plagado de cadáveres.

Con excepción de Donald Trump y sus acólitos, e incluso algunos de ellos, todos están convencidos de que se ha provocado el cambio climático que amenaza a todas las especies y que ya ha acabado con unas cuantas. En el año 2 mil ya se empezaron a ver personas, por aquí, por allá, cubriéndose el rostro con mascarillas de protección. 20 años después, hoy, no ha llegado la tercera o la cuarta (o acaso llegamos a la quinta), pero sin dudas ha llegado otra guerra y otra vez por razones de supremacía en los mercados: EUA contra China. Esta vez se trata de una guerra biológica que se llama Corona Virus. Cuánto habrá costado su creación e introducción en el “territorio enemigo”.

Parece no obstante que, al lado de sus efectos, puede haber costado una minucia. Los daños provocados al gigante asiático son inconmensurables y todavía no se puede comenzar a valorarlos. El virus se sigue expandiendo en ese país. Tiene menos mortalidad que la gripe común pero, las agencias “de información” se han encargado de ello. El uso de las mascarillas se ha extendido por el mundo, en momentos en que en una base en La Antártida, se alcanzaron casi los 21 grados centígrados. En gran parte de España se llegó a los 25 grados en medio del invierno.

Es muy posible que los humanos, en apenas unos 20 años, para sobrevivir a las inclemencias provocadas y en particular a las altas temperaturas y las tormentas de polvo, tengan que volver a las cavernas, para pelearse por ellas con armas baratas, como predijo Einstein: palos y piedras.