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La Humanidad decide ante la encrucijada

Por Carlos Medina Viglielm

Cualquier persona normal con un cargo presidencial se vería preocupada al borde del quiebre, por las catastróficas consecuencias que acarrea la pandemia del coronavirus.  No sucede eso con Donald Trump que, al frente de una verdadera banda de criminales, sin dudas la más peligrosa y violenta de la historia, se juega todo a la carta de la guerra, para complacer a los grandes empresarios y esa masa de votantes semi analfabetos integrantes de la Supremacía Blanca, el Ku Klux Klan y la gusanera cubanoamericana de Miami.

Al tiempo que endurece el bloqueo comercial y financiero contra Cuba, Trump amenaza directamente a Venezuela implementando  un bloqueo naval y aéreo, con la excusa del combate a las drogas , mientras éstas salen directa y cómodamente desde Colombia, bajo la supervisión de las 7 bases yanquis ubicadas en ese país y la total sumisión complacencia del presidente Iván Duque.

La guerra es lo peor que puede suceder. El mundo entero tiene frescas las imágenes de Libya, Afganistán, Irak y Siria. Se causará una brutal destrucción de infraestructuras, hospitales, escuelas, carreteras y puentes y morirán miles de civiles, considerados como “perdidas colaterales”, terminando con los Sueños de Paz de Latinoamérica.  Todo para alimentar al monstruo: continuar con la agenda de pagos a los mercaderes de la guerra, los fabricantes de armas y transportes bélicos. Una poderosísima industria diseminada por todo el territorio de los EUA, más los territorios de los aliados que, sin haber dicho nada hasta ahora, ya se frotan las manos pensando en las ganancias que tendrán por las ventas de equipos y armamento.

No es solo Venezuela la que se verá atacada si no la Humanidad. El mundo ya es otro y no el de hace una semana. La crisis del capitalismo, terminal, llevada al extremo por el coronavirus, será la más grande en los últimos cien años. Entonces la que tiene que hacer algo  es la humanidad. Debe ser la humanidad la que detenga al monstruo sobre el que cabalga Trump. A como sea. Quebrarle el espinazo al fascismo, o desaparecer.