#España: En la “democracia” del Rey Felipe

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Personas sin hogar acampan en pleno centro de Madrid para reclamar el derecho a techo

Una treintena de personas reivindican frente al Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social que se cumpla la Constitución y se dé acceso a vivienda digna a las más de 32.000 personas que no tiene un lugar donde vivir.

Uno de los carteles reivindicativos de las personas sin hogar, acampadas en el Paseo del Prado de Madrid. – D.M.Uno de los carteles reivindicativos de las personas sin hogar, acampadas en el Paseo del Prado de Madrid. – D.M.

En medio del tráfico y las prisas del Paseo del Prado de Madrid  puede verse una gran pancarta que dice “¿Todavía no nos veis?”. Cerca de la pancarta están ‘ellos’, esos ‘invisibles’: un colectivo de personas sin hogar que ha levantado una acampada en medio del bulevar, justo enfrente del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, para reivindicar el derecho a techo y, aprovechando que se está en plena campaña electoral, hacerse un hueco en la agenda política.

Su particular campamento consta de nueve tiendas donadas y una lona de plástico que les ha protegido de las lluvias de los últimos días. Llegaron el 16 de abril y desde entonces se ha ido sumando gente hasta alcanzar la treintena de personas acampadas, que se van turnando. Juntos charlan, cocinan, tocan música, se acompañan, se refugian e informan de sus reivindicaciones a todo viandante interesado.

Lo que piden es el cumplimiento del artículo 47 de la Constitución, el que garantiza el derecho a una vivienda digna e insta a los poderes públicos a hacerlo efectivo e impedir la especulación. En los carteles que han colocado por todo el bulevar se leen cifras que retratan la realidad del sinhogarismo en España y quitan el aliento: “32.000 personas sin hogar, 65% con estudios de secundaria, 15,4% jubilados o pensionistas, sólo 3.5% puede trabajar”. Se quejan del desdén de políticos e instituciones y de la insuficiencia de las medidas adoptadas.

Por ejemplo, para Miqui, uno de los portavoces de la concentración, la estrategia nacional contra el sinhogarismo, aprobada en 2015, es insuficiente, ya que aspira sólo a que en cinco años se dé techo al 30% de las personas que no lo tienen. “En cinco años mucha gente va a morir en la calle”, dice. “Esto no se puede admitir en un Estado de derecho ni un día más”. Por ello piden medidas concretas: que los políticos se posicionen respecto al creciente sinhogarismo en España, que expliquen en dónde se aborda este problema en la distribución de los presupuestos del Estado y que se ponga en marcha el Plan de Choque contra el Sinhogarismo y la Exclusión Social presentado por Cifuentes. También, asistencia personalizada médica y psicológica, talleres de reinserción laboral y mejorar los albergues, que están colapsados, tienen plazos de entrada demasiado largos y son “afamiliares”, según enfatiza Javi (nombre falso), uno de los miembros de la acampada: “A mi madre le mandaron a un sitio y a mí a otro. Y si tienes mascotas, por ejemplo, no puedes estar con ellas”.

Los personas acampadas en el Paseo del Prado aseguran que seguirán allí hasta que les hagan caso. – D.M.Las personas acampadas en el Paseo del Prado aseguran que seguirán allí hasta que les hagan caso. – D.M.

Entre los acampados hay personas de todas las edades. Un pensionista desahuciado al que la pensión no le permite acceder a un techo. Una familia que lleva meses en la calle. Una mujer que ha pasado las últimas noches durmiendo en una escalera, y a veces pasa por la Iglesia del Padre Ángel. Un trabajador eventual al que tampoco le alcanza para pagar una habitación. Javi es un chico joven con síndrome de Asperger, estudios superiores de marketing y que habla cinco idiomas. Pero no encuentra empleo. Lleva varios meses viviendo en la calle con su madre y su padre, enfermo cardíaco. Su nueva dirección, de momento, es esta acampada frente al Ministerio.

“Si estás preocupado buscando cómo comer, no tienes tiempo para organizarte para otras cosas”

También hay algunas personas que ya tienen hogar pero que han conocido lo que es vivir en la calle, y siguen reuniéndose y prestando apoyo. Algunos de ellos forman parte de la Asociación sin techo Chupano, para quien ésta no es su primera concentración reivindicativa. La imagen de un colectivo de personas sin hogar autoorganizadas no es la más común en los medios, y Pablo, su vicepresidente, reconoce que no es fácil. “Si estás preocupado buscando cómo comer, no tienes tiempo para organizarte”. Él estuvo en el 15M, en el Hotel Madrid… “Nosotros empezamos el movimiento”, añade Papi, el presidente de la asociación, aludiendo al Patio Maravillas. Ahora se quejan de reciben poco apoyo de otros colectivos: no entienden cómo su acampada no corta la carretera a ambos lados del bulevar. Este lunes convocaron una rueda de prensa a la que sólo asistieron periodistas de El Salto y Cuarto Poder. Hay pocos medios interesados en darles voz.

Parte de su invisibilidad se debe a que el problema no ha penetrado en la agenda mediática y mucho menos política. En cuanto a la gente sin hogar, ni siquiera el número se conoce: el último recuento de personas sin hogar organizado por el Ayuntamiento de Madrid contabilizó en diciembre en torno a 2.772 sin techo en la capital, un 25% más que hace dos años, pero el profesor Albert Sales dice que “en materia de sinhogarismo, los datos sin inexistentes”, lo cual hace que no se sepa “ni cuántos son, ni mucho menos sus necesidades o condiciones de discriminación”.

“La solución no es dar más techo, sino luchar por la vivienda”

Después de años de activismo académico y de haber pasado muchas horas en la calle, Sales se incorporó al Ayuntamiento de Barcelona cuando éste quiso poner el tema del sinhogarismo en la agenda pública. “La solución no es dar más techo, sino luchar por la vivienda. La lucha contra el sinhogarismo es una parte importante de la lucha por el derecho a la vivienda”, añade. Y pone el ejemplo de ciudades como Barcelona o Madrid, donde debido a fenómenos como la afluencia del turismo las opciones de encontrar un alojamiento barato para salir de la calle casi desaparecen . Desde la Asociación Chupano se pide que se dé “uso a viviendas vacías y fondos buitre para proyectos como House First”.

Un tema, el de la vivienda, del que, por cierto, apenas se habló en el debate entre los cuatro candidatos a la presidencia que retransmitió RTVE el 22 de abril, ni en el de Atresmedia del día 23. Varios de los acampados, entre los cuales muchos no podrán votar debido a la falta de hogar, llevaron pancartas los dos días a las puertas de los estudios de televisión para intentar captar la atención de los medios; sin embargo, en ambos debates se habló de unidad de España, de corrupción, de paro, de natalidad… pero lo más cercano a hablar del sinhogarismo fue alguna mención al problema del alquiler.

“Apostar por vivienda pública no da votos; da votos generar más plazas de albergues para quitarlos de en medio”

Para José Manuel Caballol, director de RAIS Hogar Sí, “apostar por vivienda pública no da votos; da votos generar más plazas de albergues para quitarlos de en medio”, como declaró durante la presentación del informe “La discriminación de las personas en situación de sinhogarismo como barrera de acceso a recursos” de RAIS Hogar Sí. Para Caballol, “el sinhogarismo no es un fenómeno individual o frutos de malas decisiones, sino estructural”.

¿Hasta cuándo durará la acampada? “¡Hasta que nos dejen!”, contestan. Tienen una copia del permiso que les ha concedido el Ayuntamiento para la acampada a la vista en una de las tiendas, con el rótulo “aviso legal del derecho de reunión”. Sin embargo, eso no les evita algún encontronazo con la Policía: a Javi hace varios días la Policía secreta vino a llamarle la atención y a pedirle el DNI porque estaba informando a la gente por la calle, argumentando que su modo de pedir era demasiado “agresivo”.

“En la calle se pasa miedo, se pasa angustia”

“En la calle se pasa miedo, se pasa angustia”, explica Miqui. “Tu derecho a la integridad física se ve vulnerado”. De hecho, un 47% de las personas que vive en la calle sufre agresiones físicas y la cosa empeora en el caso de las mujeres sin hogar: se ha calculado que sufre abusos sexuales un 59%. “Las personas agredidas lo son porque las deshumanizamos”, opina José Manuel Caballol, quien desde su organización lucha para incluir el término aporofobia, acuñado por Adela Cortina para definir el “odio al pobre”, en la RAE, el Código Penal y los debates. “Los fenómenos que no tienen nombre tienen difícil solución”, explica.

Albert Sales cree que parte de la agresividad hacia el pobre viene de un sistema en crisis e insolidario: “Hemos puesto a competir personas en situación de extrema vulnerabilidad por recursos escasos”, explica. “Entre el desánimo porque no solucionamos el problema y esta competición tenemos el caldo de cultivo perfecto para soluciones demagógicas que intentan echar votos del extremismo y enfrentar a unos contra otros”. Pablo, de la Asociación Chupano, lo expresa a su modo, a través del tebeo autoeditado con el que se saca un dinero en el que cuenta sus vivencias cuando vivió al raso: “En la calle cada día que pasa siempre es el mismo. Te miran con desprecio, con asco… No se paran para preguntarte si comiste, qué tal te va… por qué estás en la calle”.

“El sinhogarismo es un problema de todas las ciudades europeas”

El panorama del sinhogarismo en toda Europa es desolador, según Albert Sales. “Si miráis los informes de FEANTSA –la federación europea de entidades que atienden de las personas sin hogar– veréis que el único país donde se reduce el sinhogarismo es Finlandia; los demás están en auténtica crisis”. Todas las grandes ciudades tienen cifras récord, añade. En Berlín en dos años han pasado de 20.000 personas durmiendo en la calle y refugios temporales a 30.000. En el Reino Unido el incremento en dos años ha sido de un 130/140%. Bruselas ha doblado el número de personas viviendo en la calle. “Es un problema de todas las ciudades europeas”, concluye. “Estamos excluyendo a una parte de los habitantes para siempre. No van a tener oportunidades jamás”.

En la acampada estas personas encuentran, al menos, apoyo entre ellas. Se conocen todos, charlan de la familia, de política. Tienen una caja de donaciones con la que esperan comprar más tiendas de campaña (no pierden la ilusión de juntar a tanta gente que puedan cortar la carretera y, por fin, hacerse ver y oír). Cuando atardece cenan juntos, esperan que llegue más gente a pasar la noche, se preparan para la posible lluvia. Y resisten: “No nos vamos hasta que nos den solución”, dicen. “Después de todo, no tenemos a dónde ir”.